Miedo en los huesos



Los días de este mes de enero de 2017 empiezan a transcurrir a alta velocidad, como ha venido sucediendo a lo largo de estos tiempos rápidos y furiosos que vivimos (o padecemos, según se vea). El aceleramiento se agudiza por la virulencia de los eventos que muchos de nosotros contemplamos con azoro, y no sin un dejo de temor. No sé a usted, pero a mí me da un miedo cerval ver lo que estoy viendo, aquí en nuestro entorno, y en todos los rincones de este país dolorido y sufriente que no merece lo que los descastados promotores de la anarquía le están haciendo. Tengo un miedo atroz que me penetra hasta la médula de mis envejecidos huesos, como nunca antes lo había sentido en ningún otro momento de mi ya larga vida.

Pretenden doblar al gobierno federal en turno, y en el proceso, al que en un momento dado pueden quebrar en forma irreparable y para siempre es a México que -jamás me cansaré de repetirlo- no es su gobierno. México/país somos su gente, sus habitantes, hombres, mujeres o gays, prietos, gueros, pelirrojos y albinos, pobres y ricos, niños, jóvenes, personas de edad madura y ancianos, educados o ignorantes, indígenas o meztizos. México somos todos, desde las riberas del Suchiate hasta el extremo norte de Baja California, y desde las costas del Pacífico hasta las del Golfo de México. Ese es el México que está en grave riesgo de dejar de ser un país viable, en caso de tener éxito las pretensiones de las masas de inconscientes.

Comparto -tal cual me llegó- uno de los muchos mensajes criminalmente destructivos que apareció en Facebook el jueves de la semana pasada: “De nada sirve bloquear negocios particulares o quemarlos. Vámonos a bloquear en forma permanente Palacio Nacional. Secretaria de Hacienda. Los Pinos. La Cámara de Diputados y Senadores. Paso libre en las casetas. Los Bancos. Vías de trenes, etc. les juro que no aguantan 5 días el gobierno. Con marchas etc. se ríen de nosotros el gob. démosle donde les duele. No seamos pendejos. Los mítines no funcionan. Ánimo amigos. Organizémonos (sic) bien y mejor. Ya basta! Pinches periodistas (sic) chayoteros qué calladitos están. Qué Vergüenza. Sabemos quienes son. Claro que si sabemos. Corruptos”. El texto se explica por sí solo, me parece.

Por supuesto que este tipo de arengas de esquina barriobajera proviene de gente que sabe perfectamente bien lo que hace y por qué lo hace. Y le aseguro a usted que la intención real no es mejorar al país. Eso les vale madre, aparte de que, por supuesto, no tienen ni la más remota idea de qué hacer y cómo hacerlo. No encuentro por ninguna parte una propuesta sensata y constructiva, o una idea plausible que tenga sentido. La consigna es simplemente bloquear sitios emblemáticos, obstaculizar el funcionamiento de las instituciones, y finalmente someter al país a una paralización que sería la antesala de una guerra civil o de un golpe de estado, líbrenos Dios.

Catastrofista como pueda sonar lo anterior, me baso en mis experiencias personales que se remontan al año 1968, cuando el sistema estuvo a punto de dar un giro de campana, y el régimen de Gustavo Díaz Ordaz se salvó por un pelo. Y más tarde, años después, vinieron otros momentos de alta turbulencia, que finalmente pasaron, dejando huellas y secuelas que hoy en día muy pocos recuerdan. Y con todo, México siguió de pie.

En la paulatina recuperación del ritmo normal de la vida ciudadana, percibo que la mayoría de las personas está decidiendo prestar oídos sordos a las convocatorias, ya sea a unirse a marchas y manifestaciones callejeras, o a difundir los mensajes que, como una catarata de porquería, inundan los espacios de comunicación en forma de exhortaciones perentorias a dejar de cumplir con las obligaciones que tenemos para que las instituciones sigan funcionando. La gente, que no es tonta, y que dentro de su enojo y preocupación conserva la lucidez de pensamiento, a pesar del dolor que le ha causado la liberación del precio de las gasolinas, entiende que nuestro país, nuestro estado y la ciudad donde vivimos tienen que seguir funcionando, a pesar de las tribulaciones y las nubes de tormenta que ensombrecen el firmamento nacional.

¿En qué refuerza al rechazo del “gasolinazo” la excitativa a no pagar el impuesto predial, el consumo de agua, la revalidación de las placas y las otras obligaciones fiscales? ¿Cómo podría el colapso del país que se pretende, remediar la difícil situación financiera en que nos encontramos? ¿Hay alguna posibilidad, por microscópica que sea, de que poniendo de rodillas a los tres niveles de gobierno las cosas vayan a mejorar como por ensalmo? Ante la embestida brutal de las turbas irracionales ¿dónde están las propuestas de los ciudadanos sensatos? ¿Por qué en medio de la barahúnda solo se escuchan los rabiosos alaridos que profieren las minorías estruendosas? ¿Por qué la ausencia de cerebro y el exceso de víscera? Las mayorías silenciosas han vuelto a arriar banderas y a arrinconarse, cediendo la voz y la iniciativa a los irracionales, como ha sucedido tantas veces en tantos otros momentos igualmente difíciles que hemos vivido como país. Y los resultados, se lo garantizo a usted, volverán a ser los mismos hoy que lo que fueron ayer.

Encuentro con satisfacción que muchos mexicanos y mexicanas están optando primero por la reflexión serena ante la escandalera, y luego la búsqueda de soluciones de pequeño nivel, pero de indudable impacto para contrarrestar los efectos colaterales de una medida indudablemente lesiva, e indudablemente dolorosa. Es más, muchos están cerrando los oídos a los programas noticiosos y a las informaciones cargadas de tendencias que se trasmiten a través de la radio y la televisión, que se están convirtiendo en los drenajes por donde circula toda la porquería rebelde, y toda la insidia ponzoñosa de los promotores del caos.

Como siempre, como en todas las demás crisis, el gobierno no nos ofrecerá una solución que nos complazca. Lo más seguro es que se cierren los canales de comunicación y no lleguen a concretarse las medidas compensatorias que podrían lograrse mediante el diálogo y la concertación, con lo cual estaríamos recibiendo el golpe final y definitivo. A golpes ni los burros más burros entienden, y los insultos y majaderías no abonan a la concordia y el entendimiento que en estos momentos nos son tan preciosos e imprescindibles como el aire que respiramos.

Con un descaro inaudito y un cinismo increíble, la banda de ladrones que durante el sexenio 2009-2015 saqueó a Sonora y lo dejó en ruinas, pretende asumir el liderazgo del movimiento anti-gasolinazo. Personajes de ambos sexos, repentinamente enriquecidos a nuestras costillas y hoy encuevados en las grutas más oscuras de la corrupción panista, han decidido asomar sus sucias caras, envalentonados por el ruido que escuchan en las calles, y que equivocadamente consideran que pueden aprovechar a su favor para agitar las aguas de una legítima inconformidad ciudadana. Pero el hedor que despiden es intolerable, y a pesar de que el odio y el rechazo se encuentran a flor de piel en los ciudadanos, sus intentos de participación se están estrellando contra el muro del repudio ciudadano, que para ellos resultará impenetrable de por vida. Hay ofensas que son imperdonables, y lo que ellos nos hicieron encaja perfectamente en esa clasificación.

La izquierda mexicana, por su parte, estelarizada por las huestes lideradas por Andrés Manuel López Obrador y sus comandantes regionales, y secundada por lo que queda del agonizante PRD, participan aunque en forma bastante discreta hasta el momento. Uno esperaría que fueran ellos los líderes en el movimiento de rechazo al gasolinazo, como corresponde a sus actitudes contestatarias tradicionales, pero hasta el momento solo han aparecido en forma un tanto marginal, como dando la impresión de que están reservando sus fuerzas y le están midiendo el agua a los camotes, antes de entrar de lleno en la gresca. En esta ocasión me parece que los actos de vandalismo perpetrados en contra de tiendas y comercios en diversas partes del país no parecen tener su origen en la izquierda beligerante. Cuando menos aquí en Sonora hay indicios que apuntan hacia la derecha más reaccionaria enquistada en Acción Nacional.

Tengo la certeza de que el gobierno federal no dará reversa en lo que concierne al gasolinazo. Aunque lluevan sobre mi cabeza los fuegos de la furia de quienes leen lo que escribo, debo mantener mi postura de que la medida es correcta, aunque haya sido provocada por la infinidad de omisiones, corruptelas, errores y malas decisiones cometidas en el pasado por quienes han gobernado este país. No se trata de una medida aislada, sino de una suma de situaciones desfavorables en el entorno interno y externo, que han generado esta crisis de enormes proporciones que las fuerzas reaccionarias están aprovechando para dinamitar los fundamentos de nuestra nación.

Contra pereza diligencia, contra gula templanza, y contra la sedición y la anarquía, serenidad y cabeza fría. Pasará el vendaval que nos azota, porque no hay tormenta que dure eternamente. Lo que inquieta al ciudadano reflexivo es imaginar lo que pueda quedar en pie cuando  regrese la calma. Somos algo así como 115 millones de mexicanos: debemos impedir a toda costa que unos pocos acaben con la casa de todos.

Agradeceré su comentario a continuación, o envíelo a oscar.romo@casadelasideas.com

En Twitter soy @ChapoRomo

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