Los vientos del cambio




“La confianza y la credibilidad son como una pareja de pájaros asustadizos que levantan el vuelo a la menor señal de peligro… o de incompetencia oficial”

 

Sé perfectamente que a estas alturas del sexenio en curso persiste el escepticismo y la incredulidad en una buena parte de la comunidad sonorense, y que el tristemente popular “no pasa nada” sigue clavado como un rejón de fuego en la mente de muchos, dejando amplios espacios de sombra en su capacidad de percepción. Sé que ganar la confianza de un pueblo tan lastimado como el nuestro representa una tarea formidable, y que aún más lo es el mantenerla en niveles satisfactorios. Y también sé muy bien que perderla es cosa de un instante, de una torpeza, de cualquier error que se cometa o mal paso que se dé por parte de la autoridad de cualquier nivel, para que las frágiles paredes de la confianza y la credibilidad de agrieten, poniendo en peligro la amplia estructura de las instituciones que nos hemos dado, para vivir y funcionar en un ambiente más o menos ordenado.

Pero al margen de lo anterior, que sin duda es una realidad que no se puede soslayar, y mucho menos minimizar, es un hecho que desde hace un par de años empezaron a soplar en Sonora los vientos del cambio. Tal vez una leve brisa, en un principio, pero que hoy empieza a convertirse en un vendaval.

El 13 de septiembre de 2015, si la memoria no me es infiel, destelló un relámpago en los oscuros cielos sonorenses. El discurso que en su toma de protesta pronunció en el CUM la recién electa gobernadora del Estado, fue un toque de clarín, una llamada a volver a ponernos de pie y a emprender la enorme tarea de reconstruir lo destruido, y a reparar lo que había quedado en estado lamentable. Muchos asumimos ese llamado como algo ineludible e imprescindible, algo que ningún sonorense “bien nacido” (¿recuerdan esa frasesita que todavía a muchos nos eriza la piel?) podía rechazar y mucho menos desatender. Pero también hubo muchos otros, tal vez los más, que fruncieron el ceño y se dijeron “esto es más de lo mismo de siempre”. Pensar así era y sigue siendo su prerrogativa, desde luego.

Y el gobierno recién inaugurado empezó a recorrer la empinada senda que le impuso la responsabilidad contraída, de cara a un pueblo incrédulo, escéptico, traicionado, desilusionado, enfermo de rabia y rencor por haber sido violentado, de una y mil formas, por una turba de facinerosos que llegó con el exclusivo propósito de “hacerse de mulas Pedro”, como dicen las gentes de los pueblos de Sonora. De nuevo, unos nos alineamos en las brigadas de ciudadanos que aceptamos el llamado y asumimos el reto, y otros prefirieron hacerse a un lado para ver los toros desde relativa seguridad de la barrera, lo cual genera un efecto un tanto cuanto incierto, porque si bien es cierto que mucho ayuda el que no estorba, también lo es que en la inmensa tarea por cumplir han hecho y hacen falta todos y cada uno de los brazos, todas y cada una de las manos de los hijos e hijas de Sonora.

La realidad nos dice que muchos de los ciudadanos que se subieron a las gradas para observar cómodamente el espectáculo, no solo se han limitado a ser espectadores y a lanzar pullas y cuchufletas a los funcionarios y ciudadanos que emprendieron la gran tarea. Muchos de ellos -identificados o no con los pillos que nos dejaron la carne viva luego de seis años de arrancarnos el pellejo a tiras- se dieron a la tarea de reorganizarse y de volver a activar los mecanismos agresores que se habían construido durante el sexenio de la ignominia. No olvidemos que para ello, y para muchas otras marranadas, tienen a su disposición centenares de millones de pesos, escondidos en cuentas secretas dentro y fuera del pais. A unos les sigue la pista la justicia, pero son muchos los peces chicos que no han sido indiciados, y que están en absoluta libertad para cumplir los mandatos de sus amos, y llevar a cabo las turbias estrategias diseñadas para reventar la paz y el orden social en Sonora. Son peces chicos, tal vez, pero son también sicarios sumamente peligrosos y dañinos.

Han recargado las baterías, han dado servicio de mantenimiento a las maquinarias, han reforzado las líneas de ataque, han replanteado sus estrategias perversas y están demostrando estar listos para romper, para desestabilizar, para obstaculizar y para poner patas arriba a la ya de por sí aturullada comunidad sonorense, incapaz de separar el grano de trigo de la paja, y de discernir entre lo que es verdad y lo que es mentira. Lo cual resulta particularmente peligroso, porque la ignorancia y la ingenuidad, y desde luego la imperdonable estupidez, son campos fértiles para el florecimiento de una inaudita siembra de perversidad, maquillada y disfrazada con los ropajes teatrales de pseudo reclamos sociales, vilmente adulterados y profundamente bastardos.

Una de las armas más efectivas que utilizan los rompedores del orden y la concordia es la desinformación. La mentira es la materia prima del pan que venden en la plaza pública de la política prostituida. Han estudiado a la perfección a los sonorenses, conocen nuestro perfil como sociedad, y saben qué somos, cómo somos, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades, y a qué influencias somos susceptibles de reaccionar. De acuerdo con ese profundo conocimiento desarrollan las estrategias en las que se han convertido en expertos, superando por mucho la capacidad de detección y contención que pueda tener el gobierno, con todo y su poder y los recursos que tiene a su disposición. Y en realidad la cosa no es tan complicada: Mientras que los promotores del desorden tienen la ventaja de decidir qué, cómo, cuándo y donde golpear, las autoridades solo atinan cuando mucho a reaccionar, y casi siempre esa reacción deja mucho que desear. Siempre es sorprendido con los calzones bajados hasta los tobillos. Lo hemos visto infinidad de veces, y recientemente tuvimos el caso del desalojo de la carretera a Bahía Kino, un modelo de perversidad por parte de los instigadores, y un ejemplo de incapacidad en el manejo de contingencias, por parte de la autoridad responsable.

Pero no todos los ases de la baraja política están manos de los malosos y los perversos. A las embestidas desestabilizadoras se debe oponer un trabajo fino de inteligencia, y también hay que contar con estrategias sólidas de contención y luego de corrección. Contra la desinformación, el suministro de información correcta, y desde luego exacta y oportuna. Los grupos desestabilizadores tienen la importante ventaja de la iniciativa, pero hay formas de nivelar la balanza, y eso es algo que hasta el momento no hemos visto, sobre todo en los últimos tiempos en que los grupúsculos de la politiquería sediciosa han empezado a mostrar los colmillos y las uñas.

Mientas que por el lado de la oposición se intensifican las campañas de desinformación, las medias mentiras y las falsedades totales, se endurecen las provocaciones, y aumenta la creación de conflictos a partir de pretextos baladíes, del otro lado se responde haciendo lo que se debe hacer: en vez de caer en el juego abierto de las perversidades, se fortalecen y defienden las instituciones existentes, e inclusive se crean las nuevas instancias que vengan a mejorar el funcionamiento del gobierno, que ha pasado y sigue pasando por momentos sumamente difíciles y por situaciones erráticas que han tenido costos muy altos. Ejemplo claro de lo anterior es la Fiscalía Especial Anticorrupción, cuyo trabajo ha sido de tan grande importancia que se ha convertido en blanco de ataques sumamente virulentos, parte central de las campañas de desinformación abonadas por un núcleo sucio de conocidos comunicadores, y señalados medios de comunicación que medran dentro de la prostitución periodística.

Otro ejemplo que confirma lo dicho es la reciente creación de la Fiscalía General del Estado de Sonora [FGES], cuya titularidad ha quedado en manos de Rodolfo Montes de Oca Mena, ex de la Procuradoría General de Justicia [PGJE] que en el sexenio pasado estuvo en manos de un auténtico pájaro de cuenta, que sorprende no haya sido incluido en el paquete de facinerosos sometidos a proceso, varios de los cuales andan a salto de mata, pero cayendo uno a uno y poco a poco en manos de una justicia que tarda, pero no afloja… aunque los profesionales de la incredulidad sigan repitiendo como el perico: “no pasa nada… no pasa nada…”.

Con la creación de esta Fiscalía, cuyo titular a partir de esta fecha permanecerá durante 9 años al frente de ella, de acuerdo con la ley que le dio origen, se da un paso gigantesco en el mejoramiento de la impartición y la procuración de la justicia en Sonora. Siendo de tan reciente creación es difícil precisar sus bondades y los alcances de sus acciones benéficas, pero sirva como antecedente el desempeño que durante los dos últimos años tuvo su titular, Rodolfo Momntes de Oca, al frente de la hoy extinta Procuraduría General de Justicia. Ahí está su trabajo y ahí están las pruebas palpables de que soplan en Sonora nuevos vientos en el ámbito de la aplicación de la ley y la procuración de justicia.

No es propaganda ni es zalamería, es reconocer un trabajo que a pesar de los obstáculos y las evidentes dificultades se ha hecho bien, con profesionalismo, con decencia y sin perder el sentido humano que debe tener siempre la justicia, en cumplimiento de la palabra empeñada desde el arranque de su gobierno por Claudia Pavlovich, quien por cierto ya está empezando a sentir el rigor del fuego enemigo, y también del llamado “fuego amigo” con un macabro sentido del humor.

Hechos son amores, se dice por ahí, y hechos son los que esperamos, abundantes, irrefutables y que confirmen, más allá de cualquier duda o escepticismo, que vamos por el camino correcto en lo que toca a la recuperación del Estado de Derecho, que desde 2009 hasta 2015 fue pisoteado por quienes ahora pretenden vernos la cara, ostentándose como los adalides de la decencia y la honorabilidad… ¡Hágeme usted el fabrón cavor!

 

Agradeceré su comentario a continuación, o envíelo a oscar.romo@casadelasideas.com

En Twitter soy @ChapoRomo

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *