Ciudad con futuro… y con problemas


(Artículo publicado originalmente en febrero de 2004)

Todo indica que el “mega desarrollo” ubicado en la zona del viejo cauce del Río Sonora, ha entrado en una nueva etapa de dinamismo y crecimiento. Qué bien por lo que toca al aprovechamiento de esos terrenos que durante decenas de años solo sirvieron para acumular basura y como criadero de cachoras, huicos y porohuis, habiéndonos costado el nuevo desarrollo un ojo de la cara y la mitad del otro a todos los sonorenses (no solo a los hermosillenses). Qué mal por lo que toca al enorme caos vial que se ha generado, y que sin duda alguna empeorará en el futuro cercano… a menos de que la actual administración municipal haga algo, pero ya, para resolver el problema, lo cual me parece improbable.

Alejandro Carrillo Marcor -que arribó en medio de una de las grandes crisis políticas de nuestro estado como sustituto de Carlos Armando Biebrich luego de su defenestración por el “infatigable” Luis Echeverría- construyó ahí la Casa de la Cultura, que fue concluida por Samuel Ocaña. Ocaña a su vez ordenó la realización de un gran proyecto para construir ahí el “Parque de Uso del Tiempo Libre de Hermosillo” que finalmente fue desechado ante la posible existencia de fallas geológicas en esa zona. Y nada volvió a ocurrir en esa parte de la ciudad, hasta que llegó el sucesor de Ocaña: Rodolfo Félix Valdés.

Este hombre fue el creador de este proyecto de desarrollo durante el su gobierno (1985-1991), argumentando que Hermosillo se encontraba ‘partido por la cintura’ al llegar a esta zona donde solo había arenales, basura y toda clase de asentamientos irregulares e ilegales. Creo que su diagnóstico fue correcto, desde el punto de vista urbanístico, y lo mismo pensó su sucesor Manlio Fabio Beltrones al asumir la gubernatura, por allá en septiembre de 1991.

Manlio Fabio y su compadre Ricardo Mazón le metieron imaginación -y también jiribilla- a este proyecto que don Rodolfo había dejado a medio concluir, y después de un rediseño financiero que dio lugar a un endeudamiento que nunca se pudo pagar (y que dio al traste con la certeza de que el proyecto era auto financiable, al menos en el plazo que ellos consideraron) la mega obra por fin se terminó y el azaroso desarrollo se puso a la venta.

El arranque de su crecimiento fue lento, a pesar de que el gobierno beltronista quiso darle un “empujón” construyendo ahí el Centro de Gobierno, que no siendo un ancla comercial sí representa un gran imán de gente que acude a realizar cualquier clase de trámite burocrático. Luego vinieron las primeras inversiones serias: El Parque Recreativo “La Sauceda”, el Hospital CIMA, la unidad WalMart-Sam’s Club, el edificio que primero fue Banco del Atlántico y luego HSBC y el Hotel Colonial. Posteriormente se levantaron algunos otros edificios de menor importancia hacia el oriente del desarrollo.

Ley del Río se construyó también muy al principio, aunque un tanto fuera del desarrollo propiamente dicho, porque Juan Manuel Ley no llegó a un acuerdo con los capitostes del Fideicomiso Progreso, y decidió comprar otro terreno por ahí cerca, y a mucho menor precio.

Ese primer gran “jalón” perdió brío y durante varios años nada ocurrió ahí. Luego se instaló el Home Depot y finalmente llega una nueva oleada de inversiones: El Centro Médico del Río y la flamante Torre Médica. En construcción: un hotel de corte ejecutivo, una sucursal bancaria, el centro comercial Soriana y el Pabellón Reforma. Tres gasolinerías y tres agencias de automóviles completan el listado. Se han anunciado recientemente otras fuertes inversiones, de las que aún no existen señales visibles, y que presumiblemente se iniciarán este año 2004.

Este conjunto de inversiones, grandes y medianas, en servicio y por construirse, convierten indudablemente a esta zona de la ciudad en el polo de desarrollo más importante de Hermosillo, en fuerte competencia con la zona localizada del Estadio Héctor Espino hacia el Norte. Hermosillo crece incesantemente a pesar de los pesares, del clima perro, y las graves carencias que lo agobian. Hermosillo es, indudablemente, una ciudad pujante y que puja, pero a causa de dolores urbanos.

Con un panorama así, tan promisorio en beneficios económicos, se visualizan también serios y muy grandes problemas viales en esta gran zona urbana que va desde el bulevar Luis Encinas hasta más allá del eje del Río formado por los Paseos Norte y Sur. Vuelvo a exhortar a Ernesto Gándara y su equipo de expertos a que tomen cartas en el asunto y diseñen cuanto antes las vacunas contra el virus del caos y el desbarajuste vial. Es ahora y no mañana, que deberá acometerse la empresa más complicada y costosa de todas: Rediseñar la red vial de Hermosillo, que ya no aguanta ni un solo día más.

Que no alcanzan recursos, me dirá algún funcionario mediocre o algún lector despistado, y el comentario se entiende, aunque no justifica la postergación de lo impostergable. Los dos problemas más importantes de esta ciudad, en mi lista de prioridades, son el abasto de agua potable las 24 horas, y la solución del problema vial creado por una acumulación de factores adversos que no fueron detectados -y menos aún resueltos- a tiempo.

La escasez de recursos se compensa, aunque sea parcialmente, con el uso de la imaginación y de las oportunidades financieras que existen, y que solo requieren ser localizadas y utilizadas. Nada sustituye a una firme voluntad, sin la cual nada o poco se logra… muchas veces aún sobrando el dinero. Me consta que al “Borrego” le han llovido ideas y propuestas, algunas francamente descabelladas y otras muy sensatas y realizables. Falta quizá establecer un equipo de analistas que trabajen paralelamente a su gabinete formal. Un equipo capaz de imaginar la forma de convertir en viable lo que algunos consideran inviable.

En cierta ocasión le dije que no todo era cuestión de dinero, y que para muchas cosas se requiere imaginación. Imaginación y, desde luego, blanquillos, de esos que no se comen pero que son indispensables para poder lograr algo notable en la vida. Desde ahora le digo a Ernesto que quizá no vuelva a tener otra oportunidad tan clara como ésta, para hacer algo trascendente, aún suponiendo que su carrera política siga en ascenso.

¿Por qué lo digo? Por la sencilla razón de que hoy tiene en sus manos el instrumento idóneo para transformar esta ciudad. Mañana Dios dirá pero hoy, aquí y ahora, tiene ante sí el reto más grande de su vida. Y tengo la impresión de que capacidad le sobra, pero también de que necesita perder el miedo a pisar callos e incomodar a ciertos grupos o personas de poder.

Para empezar a resolver los problemas de esta ciudad lo primero es poner orden, porque el desorden es el caldo de cultivo de todos los grandes problemas y conflictos que estamos padeciendo como comunidad. Así que, adelante caminante, es hora de caminar.

(Hasta aquí lo publicado en 2004, hace ya trece años)

Hoy podemos encontrar en esta zona varias agencias de automóviles y otros cuatro hoteles de buena clase, el C-3 del gobierno estatal, la sala cultural Musas, Soriana Plus y su hermano el City Club, varias gasolinerías, Lowe’s, y hacia el oriente varios edificios, las oficinas del PAN estatal y del ISAF, diversas bodegas y plazas comerciales un salón de eventos que permanece cerrado, el Galerías Mall, el de mayor movimiento en la ciudad, con su casino de juegos, y hacia el lado poniente del bulevard Solidaridad una serie larga de fraccionamientos de tipo cerrado, sumando varios miles de casas entre todos, y diferentes negocios y plazas comerciales pequeñas. El crecimiento y el desarrollo no se han detenido, y siguen a ritmo semi-lento, pero constante. Pero nadie, ni el gobierno ni algún empresario, en ningún momento ha manifestado la intención de constuir ahí el o los edificios de estacionamiento que tanto se necesitan. Han pasado 27 largos años desde que lo empezó Félix Valdés, y al desarrollo todavía le falta bastante para llenarse al 100%. Tal vez otros 20 años.

Y los graves defectos originales de proyecto y concepción siguen estando ahí, visibles y sin corregirse. Un proyecto como este, que evidentemente ha cuajado desde el punto de vista comercial -aunque finalmente los beneficios del negocio hayan resultado suculentos para algunos bancos y para los voraces aprovechados que siempre acechan-, y que en su impresionante longitud de casi 10 km. absorbe diariamente miles de ciudadanos y miles de vehículos, solo cuenta con los unos cuantos accesos, todos ellos claramente deficientes y evidentemente insuficientes: El primero se encuentra en el extremo oriente a la altura de La Sauceda; luego está el de la Hacienda de la Flor, frente a Galerías Mall; el siguiente por la calle(juela) Galeana; luego el del Blv. Solidaridad; otro más por la calle Domingo Olivares y el último por el Blv. Quintero Arce, en el extremo poniente.

En el gobierno de Eduardo Bours (2003-2009) al realizarse el gran corredor vial Rosales/Pino Suárez, que dicho sea de paso ha probado ser un gran acierto, se realizó un interesante anteproyecto sobre el eje central Rosales/Vildósola, en su cruce con el desarrollo del llamado “Vado del Río”, que resolvería el problema del acceso en el punto más importante, pero por desgracia jamás llegó a hacerse realidad.

Han pasado ocho años desde entonces y ese y otros graves problemas subsisten en la zona, como tantos otros conflictos y deficiencias que afectan a esta ciudad, y mientras la politiquería, los infortunios financieros y la falta de recursos siguen atorando e impidiendo que proyectos de alta envergadura como estos se realicen y generen resultados benéficos, la problemática urbana en esta zona y en toda la mancha urbana en general se agrava cada día más, como consecuencia del nauseabundo tráfico de influencias de empresarios y desarrolladores urbanos en el crecimiento desorbitado e incontenible de la ciudad.

Tal vez mañana, o pasado mañana, o algún día de estos o de aquellos, llegue a gobernar esta ciudad un alcalde con los calzones bien fajados y con la energía, el ímpetu, la visión y las palancas suficientes para acometer la gran, casi imposible tarea de resolver este y algunos de los otros muchos y muy diversos problemas que impiden que Hermosillo sea calificado realmente como una gran ciudad.

Agradeceré su comentario a continuación, o envíelo a oscar.romo@casadelasideas.com

En Twitter soy @ChapoRomo

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *