Cajeme no es la excepción


Por Alberto Vizcarra Osuna

 

 

         Es costumbre de quienes pretenden ocupar un puesto de elección popular, más cuando se trata de alcaldías, procurar la reivindicación de posturas denostando al gobernante en turno y extrapolando la gravedad de los problemas que se viven en el municipio. Algunas de las críticas, en ocasiones, están fundadas, pero la mayoría de las veces se hacen sin la debida responsabilidad y sin  pensarse en la situación del gobernante aún sin estar gobernando. Esa es la actitud de la mayoría de quines se promueven como candidatos a la presidencia municipal de Cajeme.

 

         Quien pretenda gobernar debe de asumirse como gobernante. El oportunismo electorero es el principal ingrediente para las críticas sin responsabilidad, estas se presentan en todos los frentes de la vida pública, pero donde los aspirantes a la alcaldía de Cajeme exhiben la mayor indolencia es en el serio problema de seguridad que padece el municipio. No les importa usar el problema como instrumento de desprestigio de la autoridad en turno y soltar dos que tres frases alegres de corte organizacional con las que pretenden explicar la solución de algo que en principio no tiene un origen municipal y cuyo tamaño adquiere dimensión nacional e internacional.

 

         Por ejemplo, según reportes del 2017 del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), el municipio que ocupa el primer lugar en homicidios dolosos, la mayoría de ellos vinculados a enfrentamientos entre cárteles de la droga, es Tijuana, que en lo que va del año lleva 950 homicidios, seguido por la ciudad de Acapulco que a la fecha está registrando 611 muertes. Los altos registros de muertes en estos municipios, no obedecen propiamente a factores locales. El caso de Acapulco podría ser el más ejemplar, la ciudad más importante de uno de los estados que en los últimos quince años pasó a ocupar el primer lugar en la proveeduría de heroína al mercado de consumo de los Estados Unidos. Guerrero reúne las condiciones geográficas y climáticas que la hizo la entidad elegida por el narcotráfico internacional para remplazar la producción de heroína que tradicionalmente se enviaba desde la región asiática.

 

         Las autoridades norteamericanas reconocen que actualmente Guerrero produce el ochenta por ciento de la heroína que se consume en las calles de los Estados Unidos. Los volúmenes traficados representan una movilidad de quince mil millones de dólares anuales, cifra que compite con los ingresos que México obtiene con la venta de su petróleo. Es evidente que detrás de estas cifras de miles de millones de dólares está una estructura  supranacional vinculada al sistema financiero que hace del narcotráfico una extensión de su política colonial y de sometimiento de naciones y  gobiernos. Por lo mismo el narcotráfico alcanzó en los últimos años la denominación de narcoterrorismo, precisamente por la forma en que estos poderes siembran el terror para imponer sus condiciones, en muchos casos, de orden político y económico. La sangre que hoy corre por nuestras calles es responsabilidad de estos poderes.

 

Según el mismo SNSP, Cajme ocupa el décimo lugar de las ciudades con mayor índice de homicidios dolosos. En mucho la situación de Cajeme se explica por factores exógenos como los de Acapulco. No porque estemos situados en una zona propicia para el cultivo, pero sí como un punto logístico de cercanía geográfica y de colindancia con el estados donde se asienta uno de los principales cárteles de la droga en el país: Sinaloa. Estos factores determinantes y de mayor peso. Enfrentarlos demanda acciones que rebasan en mucho las capacidades del municipio y exigen medidas de calado nacional e internacional.

 

Lo que en Cajeme se ha venido haciendo en materia policíaca, esto es la coordinación de la policía municipal, estatal y federal, es lo pertinente. Pero los municipios podrían empezar a ejercer su peso institucional para proponer la instrumentación de acciones en aquellos frentes donde los intereses vinculados al narcotráfico gozan de mucha holgura. Se requiere escalar en la regulación de las operaciones relacionadas con el lavado del dinero proveniente del comercio de las drogas, lo cual implica una mayor intervención del gobierno en el sistema bancario que desgraciadamente funge como el principal pilar de este comercio ilícito.

 

El otro frente es el combate a los centros de producción de drogas, como se llegó a hacer a finales de los años setenta, con el uso del paraquat y otros herbicidas de alta efectividad que llegaron a lesionar estructuralmente la producción de enervantes. Nunca acabarás con los efectos letales de un nido de ametralladoras, tratando de detener sus balas. Tienes que destruir el origen del fuego si quieres ser exitoso. Los retenes en las carreteras y otros sitios de trasiego, son importantes, pero serán siempre ineficaces si no se destruyen los centros de producción y las estructuran bancarias que lavan el dinero.

 

Si los que pretenden gobernar Cajeme, están verdaderamente preocupados por el problema de la seguridad del municipio, no deberían de rehuir abordar la discusión en este nivel. Eso los haría ver como gente seria y responsable y les evitaría hacer el ridículo.

 

Ciudad Obregón, Sonora, 6 de noviembre de 2017

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