El agua, asunto estratégico


 

Por Alberto Vizcarra Osuna

 

Un reducido grupo de priístas, asumió el encargo de propalar en el municipio de Cajeme, el dicho de que la causa relacionada con la defensa de las aguas del Río Yaqui y en contra de la operación ilegal del Acueducto Independencia, es un asunto que ya no será tema de peso en el próximo proceso electoral. La típica gente que se da a la tarea de repetir lo que escucha. Admiten, sin la menor reflexión, que el problema del agua en Sonora puede ser tratado como un tema coyuntural, o lo que es peor, como un tema de moda. Algunos de estos se mueven en  las fronteras del cinismo y la estupidez, cuando llegan a suponer que el problema se inventó solamente para sacarle provecho electoral. No sobra decir que esos disparates también vienen de gente oportunista de otros partidos o incluso de quines ahora se presumen como figuras públicas independientes.

 

Pero la realidad tiene la fuerza para no caminar de acuerdo a los caprichos electorales y la virtud de no escuchar a los necios. Ayer martes, en una sesión del Congreso, se discutía la problemática del agua en el estado y uno de los diputados aportaba los datos proporcionados por CONAGUA, señalando que la disponibilidad de agua por habitante en Sonora, en los últimos seis años, ha sufrido una reducción de 338 metros cúbicos. Una disminución de más del 10 por ciento, en un tiempo relativamente corto. Lo que debe preocupar no es el dato como tal sino su proyección, reconocida incluso por instancias oficiales, quienes aceptan que este problema se verá severamente agudizado en los próximos años. CONAGUA sostiene que en menos de 10 años este déficit en la disponibilidad de agua por habitante se podría incrementar en más del 25 por ciento.

 

Considerar el dato de disponibilidad de agua por habitante, es un referente importante, porque estima los requerimientos de consumo total del recurso, esto es el consumo humano directo y el de todas las actividades económica relacionadas con la producción de bienes y servicios. Es también un referente estadístico que obliga a pensar a Sonora como una unidad económica, cuya tasa de crecimiento en el consumo de agua está directamente relacionado con el crecimiento de la población. Esto permite observar el hecho de la condición deficitaria que padecemos, plantearnos la tarea de resolver esos faltantes en lo inmediato y hacer el trazo de los requerimientos futuros para poder cubrir la demanda de un estado que ha retomado ritmos de crecimiento por encima de la media nacional, lo cual requerirá mucha pero mucha agua.

 

Afortunadamente no todos se moldean al interés del grupo de priístas que se proponen desestimar el grave problema de la falta de agua que sufre Sonora. En la misma sesión del Congreso, y antes, en una sesión especial de los legisladores estatales realizada en el pueblo de Cócorit, el diputado Emeterio Ochoa Bazúa, sostuvo que resolver el problema de la falta de agua en la entidad es un requisito indispensable para que el estado pueda mantener el crecimiento económico iniciado con el presente gobierno e invitó a abandonar la política hídrica que se propuso repartir el recurso que no alcanza. Hizo un llamado a cerrar filas en torno a la iniciativa de decreto de la gobernadora del estado, Claudia Pavlovich, aprobada en este año y en la que se propone la alternativa de la desalación de agua de mar con el proyecto de la desaladora Guaymas-Empalme-Hermosillo. El diputado Ochoa Bazúa recordó en su intervención que el éxito de las generaciones pasadas se medía en términos de la conquista del desierto y la creación de los valles agrícolas que llegaron a darle a Sonora el distintivo de granero de México. Enfatizó entonces que seguir conquistando al desierto y restablecer la grandeza del estado implica necesariamente luchar por más agua.

 

El grupo de priístas que presumen que la discusión sobre el problema del agua no tendrá incidencia en el próximo proceso electoral, tienen una conducta parecida a los caprichos del rey Canuto, monarca que reunía de tiempo en tiempo a la Corte para decretar que se suspendiera el movimiento de las olas del mar. Son en realidad un grupo de perdedores, porque no entienden que gobernar y participar en los procesos de elección popular conlleva la responsabilidad fundamental de discutir con la población la solución a los problemas y más de aquellos que tienen un peso de carácter estratégico como el del agua.

 

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