Mi herencia



Preámbulo.

Buena parte de este artículo que tiene usted ante sus ojos está apoyado en un artículo escrito por el licenciado Gilberto Suárez Arvizu, que fuera publicado el día 11 de agosto de 1977 en las páginas del periódico “Información” propiedad de Abelardo Casanova, que fuera un peridista fuera de serie y gran amigo, primero de mi padre y posteriormente mío.
Lo he redondeado intercalando algunos comentarios personales en los sitios que me ha parecido pertinente, con la intención de clarificar o abundar en detalles relevantes. Miguel Francisco Romo Escalante fue mi abuelo, y aunque nunca le conocí, por mis venas corre su sangre ardiente y rebelde. Aquí le presento a los lectores una breve semblanza de su azarosa vida.

MIGUEL F. ROMO

El revolucionario Miguel F. Romo Escalante -miembro por derecho propio de la “casta cívica superior” que fue el maderismo- nació en Guadalupe de Ures, el 2 de abril de 1868, hijo de Jesús Romo y Francisca Escalante.

“Sonora y sus Constituciones” de Manuel Corbalá Acuña, fue el primer libro que tuvimos a la vista en el que se consigna el nombre de Miguel F. Romo en la lista de diputados de la XXIII Legislatura que comprendió los años de 1911 a 1913, y que estuvo integrada por auténticos representantes electos por el pueblo como resultado del despertar cívico ejemplar que provocó el maderismo en 1910; y le tocó enfrentarse a la traición del chacal Victoriano Huerta, en la forma históricamente conocida. Antonio G. Rivera, en su libro titulado “La Revolución en Sonora” también menciona a nuestro hoy biografiado; y la cita coincide en todas sus partes con la del libro de Manuel Corbalá.

Como ya dijimos, el sonorense a quien dedicamos estas líneas como modesto homenaje, nació en Guadalupe de Ures. Estudió y se graduó bajo la dirección del gran maestro José Lafontaine, en la carrera que entonces se conocía como ‘teneduría de libros’, antecedente de la actual carrera de Contador Público. En el ejercicio de su profesión desempeñó su primer puesto en la empresa “El Boleo” de Santa Rosalía, B.C. En esta población contrajo matrimonio con María Luisa Kraft, de origen alemán, y originaria de La Paz, B.C.

En la última década del siglo XIX volvió a Sonora y prestó sus servicios a la Compañía Minera de La Colorada, cuando estuvo en auge. De La Colorada se trasladó a Mazatlán, Sin. Ahí por breve tiempo fue tenedor de libros en la sucursal que en ese puerto tenía el Banco Nacional de México. En 1906 se radicó en Hermosillo y se hizo cargo de la gerencia de la fábrica de galletas “La Sonorense”, ubicada en el conocido barrio de “El Mariachi”. En esa época empieza la actividad cívica y política de Miguel F. Romo, quien junto con otros amigos preocupados por la situación del país, participó en la fundación del periódico “La Libertad”, en el cual se criticaba duramente tanto al régimen federal como a los gobernantes sonorenses.

Estuvo en contacto con los Flores Magón, quienes con la intervención de Lázaro Gutiérrez de Lara, Manuel M. Diéguez, Esteban Baca Calderón y Adelaido Ríos, secundados por los mineros mexicanos organizaron y consumaron el histórico movimiento conocido como “La Huelga de Cananea”, antecedente del alzamiento de 1910. Fue de los primeros sonorenses en adherirse al maderismo. Por sus antecedentes era tachado oficialmente como “conspirador” y varias veces estuvo a punto de ser tomado preso después de que fueron detenidos los antireeleccionistas del Sur Salvador Alvarado, Benjamín Hill y otros.

La persecución en su contra al fin logró su objeto y fue privado de la libertad junto con otros maderistas, entre ellos Francisco Arvizu (tío de Gilberto Suárez Arvizu, autor del artículo original) que había sido traído preso del pueblo de Rayón. Romo sufrió tormentos en Las Planchas-Los Hoyos, pues nunca se le perdonaron sus valientes artículos publicados en el periódico “La Libertad”. Fue conducido al puerto de Guaymas para de ahí ser trasladado a la prisión de San Juan de Ulúa, pero su esposa Ma. Luisa Kraft, acompañada de sus hijas e hijos, logró entrevistarse con el vicegobernador Cubillas, quien ordenó la expatriación de Miguel F. Romo a los Estados Unidos.

Después de malbaratar sus pertenencias se trasladó a la ciudad de Nogales, Arizona, en compañía de su esposa e hijos. Un correligionario, el maestro Espinoza de los Monteros, le prestó una casa de lámina situada en las faldas de un cerro en Nogales en la que, junto con el resto de su familia, sufrió las inclemencias de un invierno de los más crudos.

Junto con las fuerzas maderistas regresó victorioso a Sonora y fue electo diputado por el Distrito de Ures en la XXIII Legislatura que mencionan Corbalá y Rivera en sus libros. En ese cargo lo sorprende el asesinato de Madero y la traición de Victoriano Huerta en 1913.

Se distinguió por su intensa actividad encaminada a que sus compañeros de Cámara desconocieran al usurpador, en los momentos en que el gobernador Maytorena titubeaba. Concedida licencia al Ejecutivo fue designado gobernador el Gral. Ignacio L. Pesqueira, quien mandó publicar el Decreto 120 de fecha 5 de abril de 1913 aprobado por el Congreso en el que se desconoce la personalidad de Victoriano Huerta como Presidente Interino de la República. Firmaron este decreto los diputados Alberto B. Piña como Presidente, y Rodolfo Garduño y Miguel F. Romo como Secretarios.

Miguel F. Romo participó en la organización de los contingentes que combatieron y vencieron al usurpador en los campos de batalla. Estuvo al lado de Carranza cuando Villa pretendió por la fuerza usurpar el mando al primer jefe del Ejército Constitucionalista. Acompañó a Obregón y a Calles en el movimiento de Agua Prieta de 1920; fue amigo de esos dos sonorenses, así como de Adolfo de la Huerta y de todos los generales y civiles que surgieron en Sonora durante la Revolución. Al primero que conoció fue a Calles cuando trabajó como maestro en Ures, y de quien fue ayudante o monitor. Ocupó puestos importantes en Ferrocarriles, fue administrador de las aduanas de Tampico, Veracruz, Manzanillo, Nogales, Agua Prieta, Ciudad Juárez y Mazatlán. Murió durante el desempeño de este último puesto a la edad de 59 años, el 1° de agosto de 1926. Había sido durante 20 años funcionario aduanal de elevada categoría, inclusive Director General.

Le sobrevivieron su esposa María Luisa Kraft y sus siete hijos que radicaban en Los Angeles, California: Amparo, María Luisa, Miguel, Isabel, Olga, Oscar -a quien en Hermosillo cariñosamente se le conoció como “El Chapo” Romo- y Consuelo, la menor de todos ellos.

Nota: En la actualidad ya no queda ningún miembro de la familia Romo Kraft con vida, y los descendientes que conservan el apellido pertenecen a la rama Romo Salazar, resultado del matrimonio de Oscar Romo Kraft con Evangelina “Lily” Salazar Dávila. Ellos son: Oscar, Leticia (finada), Gloria (finada), Yolanda, Miguel Alfonso, Marco Antonio, Irma y Luis Carlos.

El rasgo sobresaliente de la vida de Miguel F. Romo fue su honradez acrisolada. En los diversos puestos públicos que desempeñó siempre rindió cuentas exactas del dinero que pasó por sus manos, y que ascendió a millones en aquellos lejanos tiempos.

Al morir, su familia radicaba en Los Angeles, ciudad en la que establecieron su residencia cuando don Miguel fue expulsado del País en las condiciones y por los motivos ya comentados. La familia no regresó a México en primera instancia debido a que todos los hijos estudiaban en escuelas norteamericanas, y posteriormente se fueron casando y conservando su residencia en Los Angeles.

Mensualmente recibían lo necesario para subsistir y, al fallecer don Miguel, Oscar, Olga y Consuelo se vieron obligados a suspender sus estudios para trabajar y contribuir a los gastos familiares. Olga solicitó y obtuvo empleo en el Consulado Mexicano en Los Angeles donde hizo carrera como Cónsul en aquella ciudad, escribiendo después un libro muy conocido titulado “México está en venta”.

Oscar tuvo diversos trabajos eventuales, uno de ellos en una carpintería, hasta que logró un puesto permanente en el periódico “Times” de Los Angeles. Un día del año de 1935 regresó a su natal Hermosillo para visitar a su hermano Miguel y su esposa Anita, quienes radicaban en esta ciudad y habían fundado la inolvidable Dulcería Romo, de grata memoria entre los hermosillenses de aquella época.

Nota: La visita se prolongó al ponerse de novio con Evangelina ‘Lily’ Salazar, hija de don Arturo Salazar y doña Dolores Dávila. Posteriormente contrajeron matrimonio e inicio su carrera como manejador de boxeadores y promotor de box, una carrera que duró más de 50 años y que dejó para la posteridad páginas de oro en el boxeo sonorense. La fama de Oscar “Chapo” Romo, a quien por su astucia y combatividad se le llamó también “El Zorro del Norte”, se extendió por toda la República y trascendió inclusive sus fronteras.

Para dedicar este modesto homenaje a Miguel F. Romo bastaría considerar el hecho de haber sido maderista. Esa casta cívica de hombres ejemplares que indebidamente ha sido relegada al olvido, nos obliga a pensar que aún existen reservas morales suficientes en México para salvarlo de la podredumbre en que se encuentra. Estamos obligados a pensar que se puede repetir la hazaña de 1910. El Régimen, hasta ahora, ha impedido y tiene mucho cuidado en evitar que surja un dirigente, un líder que arrastre al pueblo; pero el vaso de la resistencia popular puede derramarse en cualquier momento.

Otro de los motivos que nos impulsó a dedicarle este tributo, fue la circunstancia de que su hijo Oscar (mi padre) en el mes de Julio de 1977 publicó una carta abierta notable en el periódico “Información”, solicitando que se iniciara un juicio de responsabilidades contra los funcionarios deshonestos y arbitrarios de aquellos momentos y que, al igual que en el presente, abundaban.

Esa conducta recuerda la de su padre, Don Miguel F. Romo, quien afrontó con entereza los peligros que en 1910 implicaba el emitir juicios contra la dictadura porfirista. De ahí que los conocedores de la historia hayan dicho “De tal palo, tal astilla…” refiriéndose, claro está, a Miguel F. Romo y su hijo Oscar. Algunos de los párrafos de la carta a la que hacemos referencia, interpretan el sentir del pueblo ante tanto fraude, tanto abuso e inmoralidad. A saber:

“Pero que no duerman tranquilos los vampiros que le han chupado la sangre a nuestra Patria en toda su extensión. Caerá la gota de agua que derramará el vaso y entonces, los ‘tupamaros’, los ‘montoneros’ y demás grupos terroristas de Sudamérica, serán juegos de niños comparados con lo que acontecerá en este México nuestro.

La gente, la clase media, se verá obligada a agruparse ante tanta podredumbre y falta de justicia, como lo hicieron los “Vigilantes” en el Oeste de los Estados Unidos hace ya cien años, para protegerse contra los bandidos ya que no había ley. Repito: se verán obligados a agruparse para empezar a limpiar México, a colgar funcionarios bandidos después de un juicio rápido en el monte.

Pero habrá un inconveniente: No alcanzarán los miles y miles de arbotantes y postes que nuestra flamante Comisión Federal de Electricidad ha instalado por todos los confines del territorio nacional, repito: No alcanzarán para colgar a tanto ratero. Habrá que colgarlos entonces en racimos, sí señor, en racimos como los plátanos…”

Los fundamentales conceptos transcritos representan la indignación de un hijo de un maderista, de un revolucionario limpio cuyo ejemplo y sacrificio, como muchos otros, parecen hasta ahora haber resultado estériles, y nos recuerdan la desesperación del Mártir de la Democracia que en su libro ”La Sucesión Presidencial de 1910” expuso refiriéndose a situación similar:

“En las actuales condiciones, un esfuerzo en el terreno de la Democracia podrá salvarnos todavía. Más tarde, sólo las armas podrían devolvernos nuestra libertad, y por dolorosa experiencia sabemos cuán peligroso es tal remedio”.

Sirvan estas líneas como homenaje al maderista Miguel Francisco Romo Escalante, quien sufrió destierro, persecuciones, torturas y atropellos, junto con su familia, luchando por una causa justa; y sirva como testimonio de admiración y reconocimiento a su hijo Óscar “El Chapo” Romo, por haber tenido el valor de escribir en letras de molde lo que en voz baja expresa la gruesa mayoría de un pueblo que ayer, como hoy, está a punto de explotar.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Twitter soy @ChapoRomo

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *