1988-2018 y el estado de la política

1988-2018 y el estado de la política

Luis Donaldo Colosio Riojas de 33 años, hijo de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la presidencia de la República asesinado en 1994 ha declarado que aceptó la invitación del partido Movimiento Ciudadano para contender por la diputación federal por un distrito del estado de Nuevo León.

 

La decisión de Colosio Riojas –que merece respeto a su libertad de ejercer los derechos como a él mejor le parezca– la han querido convertir en un ataque directo contra el PRI por ser hijo de quien fue. Igual han hecho con sus declaraciones posteriores en torno a críticas contra el partido en el que su padre y su abuelo militaron toda su vida.

 

El próximo marzo se cumplirán 24 años del crimen. En ese tiempo, tanto el equipo cercano que rodeó al ex presidente del CEN del PRI, exsecretario de Estado y candidato presidencial así como su familia, han tomado decisiones políticas y personales únicamente responsabilidad de ellos, sin que dichas decisiones afecten la imagen histórica y moral de Colosio ni golpeen directamente al partido que dirigió.

 

Boquete al PRI cercano a los 6 millones de votos fue aquella decisión de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 cuando fue postulado candidato presidencial por el PARM –primero, y de otros partidos de izquierda después–, para conformar el llamado Frente Democrático Nacional que motivó la salida de muchos militantes del PRI y que diera origen a la formación del PRD en mayo de 1989. Con el tiempo y en las tres ocasiones que fue candidato presidencial Cárdenas fue de más a menos;  31.12% de los votos en 1988, 16.5% en 1994 y 12.02 en el 2000.

 

Andrés Manuel López Obrador que fue dirigente estatal del PRI en Tabasco en 1981 y que se integró después al PRD del que fue dirigente nacional, como candidato presidencial en los procesos del 2006 y 2012 llevó a las izquierdas a obtener 14.9 y 15 millones de votos.

 

Manuel Camacho Solís inconforme con la decisión a favor de Colosio en la interna del PRI de 1994 optó después por formar su propio partido político, el PCD (Partido de Centro Democrático) con el que participó como candidato presidencial en la elección del 2000 obteniendo un .55% de la votación es decir 206,589 votos. Se fue a la izquierda y se llevó liderazgos y estructuras políticas del PRI en la Ciudad de México que por años manejaron tanto él, como Marcelo Ebrard.

 

Otros políticos que han defeccionado del PRI y que siguieron vigentes: Layda Sansores hija de Carlos Sansores Pérez dirigente nacional del PRI (1979) ahora en Morena, Manuel Bartlett gobernador de Puebla y senador por el PRI ahora senador por las izquierdas y simpatizante de López Obrador. Rafael Moreno Valle diputado local y federal por el PRI y después gobernador de Puebla por el PAN. Pablo Salazar, senador por el PRI y después gobernador de Chiapas por el PRD y Arturo Núñez que lo fue casi todo, en la jerarquía del CEN del PRI fue después senador y gobernador de Tabasco por el PRD entre otros. No han sido los únicos y el PRI ha resistido. No desapareció como algunos lo anunciaron.

 

En 1952, la candidatura de Miguel Henríquez Guzmán, postulado por la Federación de Partidos del Pueblo (FPP) y el Partido Constitucionalista Mexicano (PCM) contra el candidato del PRI Adolfo Ruiz Cortines, también significó la salida del PRI de destacados fundadores de sus principales organizaciones como la CNC y representativos de la corriente del expresidente Lázaro Cárdenas, que reclamaron al presidente Miguel Alemán el haberse desviado de la ruta de la Revolución trazada por sus antecesores. En esa elección Henríquez Guzmán obtuvo el 15.87 % de la votación (579,745 votos), quedando por arriba de los candidatos del PAN (Efraín González Luna) y del Partido Popular (Vicente Lombardo Toledano) En 1946, Ezequiel Padilla, secretario de Relaciones Exteriores del presidente Ávila Camacho, fue postulado candidato presidencial por el PDM y algunos disidentes del PRM contra el candidato del PRI Miguel Alemán, logrando al final 443,357 votos.

 

En 1940, otro disidente del PRM, Juan Andrew Almazán, que participara como candidato del Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN) contra Manuel Ávila Camacho del PRM, logró obtener 151,101 votos; pero también significó una escisión importante en el partido que apenas llevaba 12 años de fundado, puesto que la directiva del PRUN estuvo integrada por personalidades como Gilberto Valenzuela, Marcelo Caraveo, Antonio Díaz Soto y Gama, Juan C. Cabral, Pablo González, Jacinto B. Treviño y Roque González Garza, entre otros.

 

Escisiones y fracturas en los partidos siempre ha habido en México y hasta el momento no existe un partido político que no las haya experimentado. Han existido —y van a seguir existiendo—. No solo en el PRI. Las tuvo –y las tiene– el PAN. Las ha tenido, y fuertes el PRD.

 

Algunos partidos como el PPS, PFCRN, PAS, PSN y el PARM, entre otros, desaparecieron del escenario nacional por sus conflictos.

 

Los problemas seguirán existiendo mientras los partidos políticos no realicen autocrítica sobre sus principales crisis, ni transparenten los más controvertidos de sus procedimientos internos: Los de la selección de sus candidatos y la elección de sus dirigentes, que a más de uno les está provocando infinidad de desprendimientos y dolores de cabeza.

 

Para entender lo actual no hay paralelismo, sino continuidad.

 

El 2018 no tiene nada que ver ni con 1940,1946, 1952, 1968,1988 y 1994, pero hay quienes quisieran emparejar los tiempos para que en México se pudiera presentar algo parecido a aquellos años; aires de confusión y agotamiento, de confrontaciones y divisiones, de crisis y desviaciones.

 

México ha avanzado en su desarrollo político más de lo que algunos críticos señalan, y sus circunstancias para procesar los asuntos políticos han ido cambiando radicalmente; ya no es como antes. Y en materia política ya no se puede, "regresar la tortilla de huevo al cascarón", como lo señalara en su momento Jesús Reyes Heroles.

 

Se ha ampliado la representación política en todas las instancias, se ha eliminado casi por completo el conflicto post electoral, ha habido alternancia en la Presidencia de la República, en 27 de las 32 entidades federativas, en el 80 % de los 2,300 ayuntamientos y en la totalidad de los Congresos locales. Se reformó la Suprema Corte de Justicia.

 

El Instituto Nacional Electoral (antes IFE) asumió gradualmente el control de las elecciones y eliminó un motivo histórico de controversia de cuando las elecciones dependían del gobierno. Y con eso ha generado una mayor confianza en el desarrollo de los procesos.

 

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación—como última instancia— ha anulado una gran cantidad de elecciones municipales y distritales y de gobernador; dos veces en Colima y una vez en Tabasco.

 

Desde 1997 no hay un partido que tenga mayoría en las Cámaras del Congreso de la Unión. El gobierno de la Ciudad de México desde 1997 está en manos de las izquierdas. Impensable en aquellos tiempos también, que algún gobernador de Estado pisara la cárcel. Entre 1999 y el 2018 son más de veinte los que están siendo juzgados y diez de ellos los que  han sido encarcelados.

 

Tanto las Constitución federal como las locales, así como las leyes secundarias se han reformado para impulsar la modernización de México, casi siempre en un pacto negociado con los partidos políticos y los principales actores de la sociedad mexicana.

 

Impensable por muchos años que las candidaturas Independientes a la Presidencia de la República fueran una realidad, por la facultad exclusiva –que parecía inamovible– de los partidos políticos para postular candidatos. Ahora son una realidad para todos los cargos de elección popular, tanto en lo local como en lo federal.

 

Limitados por muchos años los derechos políticos de las mujeres, ahora reformadas las leyes ya alcanzan el 50 % de las candidaturas en el Congreso de la Unión y en algunos estados en los ayuntamientos.

 

La paridad vertical y horizontal de género en materia política es ya una realidad en la mayoría de los estados. También la "elección consecutiva" de legisladores locales, federales y en los ayuntamientos –eliminada en 1933– vuelve a ser una realidad, tanto para fomentar una mayor profesionalización de la política como asegurar continuidad en los programas de gobierno.

 

Cambios reales que tal vez no garanticen la solución de los principales problemas de México, pero cuando menos aseguran estabilidad y una amplia participación de las mayorías en la discusión, el debate y el diseño de las alternativas para abordarlos. También se recobra la movilidad política con alternativas de participaciones libres o encuadradas en partidos.

 

Por eso la necesidad de debates más amplios que hagan comprender a los candidatos y a la gente, la verdadera dimensión de los enormes retos que México enfrenta en las primeras décadas del siglo XXI. Para  eso se necesitan campañas más creativas, que salgan del marasmo, el aburrimiento y el lugar común, así como de los estrechos y peligrosos estilos de la  confrontación y el ataque artero.

 

Faltan 153 días para las elecciones de julio. Las campañas empiezan el 27 de marzo. ¿O ya empezaron?

 

bulmarop@gmail.com

 

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