Carta a mi amigo lector



Querido amigo lector:

Te escribo esta carta en un momento en que escribir cartas está totalmente fuera de época. Es un anacronismo. Ya no se usa. Está pasado de moda. Antes, en tiempos más felices y menos complicados, era una suerte de arte llamado “epistolar” al que la gente acudía para mantenerse en contacto. Era la forma como dos personas se comunicaban, sea cuando se encontraban separadas por la distancia, o cuando estaban cerca, pero por algún motivo no era posible verse personalmente. Muchos inclusive preferían las cartas al teléfono. Las cartas iban y venían, cruzando ríos, mares, desiertos y montañas. La gente escribía y el arte epistolar florecía.

Hoy, en estos tiempos de asombrosos avances tecnológicos y de comunicación instantánea, escribir cartas como las de antaño resulta ridículo y en la mente de muchos, probablemente absurdo.

Y entonces ¿qué negocio tengo escribiendo una carta para ti, que de vez en cuando me distingues con la atención que prestas a las cosas que escribo? Bueno, la verdad es que te escribo para pedirte un gran favor. Pensarás que es el colmo, esperar que leas mis escritos y, además, encima todavía pedirte un favor. Ni modo, amigo mío, a los amigos hay que acudir cuando estamos en apuros, que es la situación en la que me encuentro, a decir verdad desde hace ya buen rato.

Pues verás que, a pesar de que llevo 34 años, entrados a 35, dedicado a este oficio de escribir -lo cual me obliga a mantenerme razonablemente informado de las cosas que pasan y de las situaciones que atraviesa nuestra ciudad, nuestro estado, nuestro país y, en general, el mundo que nos rodea- hoy me encuentro totalmente confundido. Durante mucho tiempo he creído entenderle más o menos a la Torre de Babel en que se nos ha convertido la vida en todas sus manifestaciones, pero ya no.

Ya no entiendo nada de nada: No sé si vamos, venimos, subimos, bajamos o estamos estacionados, atorados en algún punto indefinido. Y no sé tú, como dijera Armando Manzanero en su hermoso bolero-balada del mismo nombre, pero yo sufro por ello, porque no me agrada nadita estar tan “sacado de onda”. Nada me parece peor que vivir al garete, presa de vendavales causados por sabe Dios quién, oculto en sepa Dios qué lugar y por qué indefinible razón. Es horrible la sensación de ser una hoja al viento, en medio de una terrible tempestad.

Me tiene sumamente inquieto la situación del país, de nuestro país. Converso con otros amigos, con personas que supongo tienen información y lucidez para procesarla, y capto don claridad que están tanto o más confundidos que yo, por lo que no me resultan de ninguna ayuda. Quizá alguien entre los lectores que se tomen la molestia de leer esta carta -en un descuido tú mismo- pueda iluminar el oscuro camino por donde voy, por donde vamos hacia un destino incierto.

Y lo que más me inquieta y desconcierta es que cada día surgen nuevas situaciones, nuevas señales y evidencias de lo mal que van las cosas en este México tuyo y mío, y no veo que nadie haga nada al respecto. Cada día los ricos se hacen más ricos, los pobres más pobres, los ignorantes más ignorantes y los malos más malos. La violencia no parece tener fin y, por el contrario, va en aumento. Como me dijera un buen amigo mientras nos tomábamos un café el otro día: “Cuidado, mi Chapo, porque el crimen organizado está dando señales de que empieza desorganizarse, y eso es terrible”.

Tanto los que aspiran a gobernarnos a partir de este año, como muchos de los gobernantes pasados y aún presentes -no todos, por fortuna, pero sí la mayoría- parecen haber perdido completamente la chaveta, suponiendo que alguna vez la hayan tenido montada en el lugar correcto, y con la más completa desfachatez un día sí y otro también nos salen con cada declaración que francamente… La verdad es que uno no sabe qué pensar, si es que de plano tienen conectada la boca con el esfínter, o es que les vale madre arrojarnos una imbecilidad del tamaño del mundo al rostro veinte veces por día, sin temor a las consecuencias. Como si supieran que pueden decirnos lo que se les antoje porque saben que nos encontramos tirados en la lona, noqueados.

Y nosotros, pueblo de reses que van al matadero sin proferir un mugido, no decimos nada. Peor aún, no hacemos nada… Quejarnos, rezongar, lanzar improperios y más nada… ¿Resignación? ¿Fatalismo? ¿Derrota total? ¿Cobardía? ¿Qué? ¿Lo sabes tú?

Sí, cada vez es más difícil comprender lo que sucede, entender los motivos por los que los gobernantes por su lado hacen sus cosas, y los ciudadanos por otro hacemos las nuestras, es punto menos que imposible. No entiendo, por ejemplo, cómo pudo ser posible que en algún momento, no hace mucho, a un gobierno del Estado de Sonora se le haya ocurrido lanzar un programa que los genios de la comunicación a su servicio llamaron “Tú propones, tú dispones” (¿lo recuerdas?) tratando de vendernos la idea de que éramos nosotros quienes mandábamos y no ellos. Jamás logré entender cómo se les pudo ocurrir la idea de hacernos creer que las propuestas e ideas de los ciudadanos iban a pasar a formar parte del presupuesto y de los programas de gobierno del siguiente año, a sabiendas de que dicho presupuesto ya estaba lavado y planchado, perfectamente listo para ser sometido al Congreso local, y sabiendo que para que las propuestas ciudadanas se pudieran integrar al plan de gobierno era necesario modificar el Plan de Desarrollo estatal. No había ya tiempo para deshacer el presupuesto y armar uno nuevo en el tiempo que resta del 2010. No entiendo… bueno, si lo entiendo, pero prefiero fingir demencia a aceptar que estaban tratando de vernos la cara de pendejos.

Nunca he logrado entender cómo fue posible que el gobernador Guillermo Padrés -que en estos momentos permanece todavía en prisión- en su momento se hubiera atrevido a desafiar abiertamente al Poder Judicial Federal, desacatando una y otra vez las ordenes de los jueces federales que le ordenaron dar reversa y dejar sin efectos la licitación del acueducto El Novillo-Hermosillo, y posteriormente suspender la construcción de la ilegal obra. Y tampoco logré entender cómo pudo ser posible que el entonces alcalde de la ciudad -Javier Gándara Magaña- anunciara con bombo y platillo su “programa de regeneración” del Centro Histórico pasándose por el arco del triunfo el Reglamento de Zona Histórica, a la sazón en vigor.

Flagrantes violaciones ambas que, sumadas a otras muchas que resultaría prolijo enumerar, pero que probablemente permanezcan aún frescas en tu mente y en la de otros ciudadanos, dejaron asentado un peligrosísimo precedente, porque abrieron la puerta de par en par al desorden y la anarquía: Las autoridades, que tienen como obligación prioritaria respetar y hacer respetar las leyes y reglamentos, fueron, son y siguen siendo los primeros en violarlos, como lo demuestran una diversidad de casos muy notables y sonoros. Es tan peligroso como revelador.

Nunca pude entender la mentalidad del gobernante que fue capaz de colocar dentro de las primeras prioridades de inversión la construcción de un nuevo estadio de béisbol en esta ciudad. ¿Y qué pero les pone usted a aquel proyecto del “tren turístico” de Sonora (por fortuna abortado), y toda la serie de demenciales ocurrencias (porque no fueran otra cosa) de los señores que nos des-gobernaron entre 2009 y 2015?

Igualmente nunca he podido asimilar la situación de crisis crónica en que se encuentra el IMSS que, según todos sabemos, se encuentra en bancarrota desde hace años, cuando el otrora presidente Felipe Calderón nos informaba que el dinero para pensiones y jubilaciones no es suficiente y que había que reformar -¡otra vez!- lo relativo a esas dos prestaciones vitales. Ni me fue posible entender cómo los millones de afectados, y los millones de patrones, se quedaron quedado callados y sin ponerse de pié exigiendo explicaciones a los responsables. No, me resulta imposible entender toda esa intrincada maraña de cosas.

Menos aún pude entender cómo se le ocurró al alcalde Gándara Magaña proponer un medio de transporte como el “metrovía” (que nunca supimos si serían camiones, trenes, helicópteros o qué rayos) cuando en primera instancia lo que se necesitaba y se necesita es una reforma total y de fondo al sistema de transporte colectivo de la ciudad, y también una solución integral a la infinidad de deficiencias y problemas que presentaba y sigue presentando el entramado vial citadino… ¿Cómo entenderlo?

En fin, la lista de cosas que no he entendido y que jamás podré entender, es más larga que la esperanza de un pobre. Con ellas yo podría elaborar una larga lista de peticiones a los Reyes Magos para ponerla dentro de los zapatos de alguno de mis nietos, con la esperanza de que me la concedan Melchor, Gaspar y Baltasar el siguiente 6 de enero, porque de los gobernantes (al menos los que tuvimos en Sonora durante el sexenio pasado) nunca fue posible albergar la esperanza de algo distinto a lo que nos dieron a manos llenas y a todo costo: embustes, majaderías, planas de publicidad engañosa, planes irrealizables y obtusos y, en fin, demagogia de la peor clase…. vil atole con el dedo sucio del engaño.

Y lo peor es que el pueblo -o sea tú, y yo y aquel otro señor que va pasando- que nada entendemos y todo lo aceptamos con ovejuna resignación, callamos y nos mantuvimos rumiando nuestras tristezas y carencias de siglos… ¿Qué se puede hacer, si todo indica que nacimos para callar y obedecer?

Bien, querido amigo lector, me despido esperando no haberte contagiado con mi atroz falta de entendimiento. Ojalá tú le entiendas mejor que yo a este galimatías existencial en que vivimos porque lo que es yo, como te habrás dado cuenta, casi estoy a punto de darme por vencido… casi, pero no del todo.

Y finalmente me permito recordarte aquel sabio consejo que se ha convertido en la regla de oro del importamadrismo de ayer, de hoy y de siempre, que dice: “Si tu mal tiene remedio ¿para qué te preocupas? Y si tu mal no tiene remedio ¿para qué te preocupas?”

Hasta pronto.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *