Estas líneas…

+ Maquiladoras, contra legisladores ciegos; impulsar, no acabar con el "shelter"; esta industria es una historia de éxito en la región


Agustín Rodríguez L.


GUAYMAS, Son.- Susana Corella comparte a todo mundo un artículo del analista mexicano Sergio Sarmiento y, cierto, hay en el contenido cosas que preocupan sin tener que esperar –como dice el leído periodista en dicho espacio—un representante populista.

Lo titula “Contra el shelter”. Es directo. Impacta.

Menciona el freno que ha sido Enrique Peña Nieto al tomar medidas que parecen “interesadas solamente en obstaculizar la inversión y en intervenir de manera indebida en las decisiones de las empresas” --presiona, pues, pero ¿Para qué?--, y recuerda una poco conocida parte de la Reforma Fiscal de 2014, “la más deficiente de las reformas estructurales”.

Es extracto del artículo 183 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta: “Los residentes en el extranjero que realicen actividades de maquila, a través de la empresa de maquila bajo la modalidad de albergue, únicamente podrán aplicar lo dispuesto en este artículo, por un periodo de 4 años consecutivos”.

Y describe el albergue, conocido como plan “shelter”, sistema donde el inversionista no construye edificios ni contrata personal. Prefiere a profesionales que ofertan desde inmuebles hasta mano de obra específica para cada tarea. Eso les reduce riesgos al proyectar uso de infraestructura, administración y obligaciones fiscales. Sí, pagan impuestos y rentas.

Es buena nueva que Hacienda da reversa al alargar plazo de 4 a 8 años de vida a este tipo de servicio. Pero si bien eso es respiro para las empresas de la modalidad, prevalece la incertidumbre jurídica, lo cual, sabe la misma dependencia, daña la inversión.

Cuando los legisladores aprobaron desaparecer la modalidad que tanta inversión atrae a México, sobre todo en la frontera, su pensamiento debió estar en algo fuera del tema. Más personal. En 2012, recordemos, Guaymas-Empalme se manifestaron con una marcha de empresarios y trabajadores por igual; la lesiva medida los unió; el país vio varias réplicas y a regañadientes, Hacienda dio pasos hacia atrás.

El repudio reflejado en los promotores de inversión logra algo de tranquilidad para el sector; pero insisten, deben eliminarse obstáculos al “shelter” porque es un plan de éxito. Guaymas-Empalme, me decía el ejecutivo Enrique Hudson hace unos días, lo ejemplifican. Hay más de 40 firmas de presencia mundial operando con numerosas naves industriales, donde labora una cifra récord para esta región de 15 mil 800 trabajadores, cuya opción es adentrarse en especialidades y en breve tiempo, son capaces de manejar tecnología de punta. Eso, en síntesis, es más dinero en sus bolsillos y un mejor nivel de vida para sus familias.

A propósito, este fin de semana hubo feria del empleo a fin de reclutar más personal. Autoridades de los vecinos municipios rurales de Bácum y San Ignacio apoyaron a su gente para facilitarles tener un empleo cuando no estén en cosecha. En esos lapsos pueden laborar en la industria, donde podrían quedarse ante la posibilidad de desarrollo a niveles inimaginables para muchos.

Volviendo con los legisladores, fue un acierto para la maquila que llegara al Congreso federal la guaymense Susana Corella, vinculada al sector, y logró la suma de otros legisladores como Sylvana Beltrones, quien sin dudarlo retomó la bandera, lo cual cuenta mucho.

Susana ha trabajado con denuedo por defender el plan de albergue, donde se refleja desde hace décadas el éxito de empresas promotoras como el grupo Off Shore y su subsidiaria Maquilas Teta Kawi, por su importante derrama en sueldos, prestaciones, proveeduría y mil cosas más, para enviar producción al mundo por miles de millones de dólares. Y aparte atrae nuevas tecnologías que aprende el trabajador y los vuelve especialistas, obreros caros.

Al mencionar a esas empresas, es obligado el reconocimiento a promotores de inversión como han sido Félix Tonella y Luis Felipe Seldner, quienes no requieren presentación.

Se sabe lo que producen y sus volúmenes. Pero el típico ejemplo es lo aeroespacial: Si usted ve un avión trasatlántico surcar el cielo y la blanca huella de sus turbinas, seguramente partes de esa pieza sofisticada que impulsa a la nave, fueron armadas aquí.

En la bella y culta Praga, capital de la República Checa, en este momento hay una treintena de operadores de máquinas herramienta produciendo partes para cumplir contratos, y dejarán escuela en aquel país que mira maestros en nuestros obreros.

Me encanta la romántica narrativa del empresario español que instaló turbinas en la planta eléctrica, en Empalme: Partes de ellas se hicieron frente a la bahía, en el parque maquilero de Bella Vista. De allí viajaron a España, donde se armaron e iniciaron su retorno; se embarcan para cruzar el Atlántico y parte del Pacífico hasta llegar a la terminal marítima portuaria de altura en Guaymas.

Ya aquí, la capaz gente del administrador portuario Edmundo Chávez Méndez, maniobró para su trasiego a barcas especializadas para, con la habilidad debida, llevarlas por un cacho de mar a allí cerca, unos cientos de metros, donde los expertos se encargaron de instalarlas como parte principal del gran complejo generador de la Comisión Federal de Electricidad… a unos metros de donde nacieron las partes básicas de la impresionante pieza.

Puedo seguir. Hay docenas, cientos de historias de éxito. Pero el tema es otro. Los miles de empleos y derrama que para nosotros significa el Plan Shelter. El que Hacienda todavía intenta extinguir.

Termino con la misma expresión que el leído columnista Sarmiento plantea: “Hacienda debe prestar atención y apoyar el cambio de una ley que parece hecha para destruir inversión, en un gobierno que dice que se opone a los populismos”.

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