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+ A AMLO, el pueblo lo cuida, dice Durazo; Incita Alemán, en medio de la crispación; la CTM irreconocible: que el salario aumente en tres dígitos


Agustín Rodríguez L.


GUAYMAS, Son.- Alfonso Durazo razonó tres, cuatro segundos antes de responder mi pregunta sobre el posible temor por la seguridad física de Andrés Manuel López Obrador.

Conozco a Alfonso, conozco a AMLO, por eso he podido acercarme y charlar con ellos. Bueno, con el segundo se ha complicado. En Empalme, hace tres años, un guarura casi me hizo morder el piso cuando le exigí dejar de empujar a la gente que intentaba acercarse, como siempre –hasta la gira previa a esa que le menciono—al tabasqueño.

“Son la gente que nos manda el Estado a cuidarlo”, se excusó el dirigente perredista Carlos Navarro López conmigo, el periodista, pero nunca ofreció disculpas a los adultos mayores, tres, que se sobaban las rodillas.

El guarura desapareció cuando “la raza” me preguntó qué pasaba y preferí responderles prudente, ante la posibilidad de que “lo surtieran”. Ya ve que la chavalada empalmense son celosos “tuareg” en la defensa de sus invitados. La última vez, mi cercanía al tabasqueño fue a tres metros y medio.

En el momento que escribo este artículo, veo una vieja fotografía donde estoy con Alfonso, en la Secretaría de Gobernación, cuando él era vocero. Por cierto, allí conocí a su entonces muy chavo secretario particular, Antonio Astiazarán, a quien le pedí prepararse muy bien, pues Guaymas necesitaba gente capaz para que lo dirigieran, ante el desorden prevaleciente –y sigue—iniciado con el choque por el poder en 1991 entre las familias de la realeza porteña.

Durazo expuso que “a donde vamos, siempre lo hacemos confiados, hacemos nuestros eventos y solo tenemos la seguridad normal que proporcionan las autoridades”. Resalta el orden de esos eventos y subraya que “ni basura dejamos”.

Y sobre un posible atentado físico: “A Andrés Manuel lo cuida el pueblo”. Así es como confían en la seguridad que los rodea.

La pregunta se la hice una tarde de la semana anterior, en la sede de Morena Guaymas. Aún no se daba el “affaire” de Ricardo Alemán, el analista que cayó en la red de los troles, se enojó y el resultado no le pudo ser más catastrófico: lo despidió Televisa y más tarde Canal 11, luego Milenio y puede enfrentar demandas penales.

Cometió el error de retuitear una arenga a seguidores de AMLO, preguntando por un fan, cuando una lista previa señalaba que fans, precisamente, mataron a figuras como John Lennon, Giani Versace o Selena Quintanilla. El corolario era “A ver a que hora chairos” (SIC).

“Ahí les hablan”, respondió Alemán y el mundo se le vino encima al periodista mexiquense. Nunca dimensionó el efecto de su expresión en el contexto actual del país.

Sin embargo, para López Obrador, “No pasa nada”. Así lo dijo en una de sus giras al saber de este escándalo y apeló a la misma circunstancia descrita por Durazo”: “A mí me cuida el pueblo”.


OTTO, A DEFENDERSE

Este 16 de mayo, Otto Claussen Iberri debe acudir a defenderse de su sucesor en la alcaldía, Lorenzo de Cima; con él, el ex oficial mayor Gerardo Maas Salmón, y un exfuncionario de la Administración Portuaria Integral.

El boletín oficial del Estado publica –No. 30, del 12 de Abril pasado--, que Otto, Maas y Alfonso Martín Flores Vázquez, ex director administrativo de la APIGUAY, deben contestar imputaciones en su contra y ofrezcan las pruebas que estimen, a las 10 y 11 horas del día 17.

Ya se sabe de todo lo que han acusado a Otto y al carísimo oficial Mayor que le metieron a fuerza desde Ciudad Obregón, en temas de relacionados con la Ley de Responsabilídades de Servidores Públicos, derivado de las observaciones hechas por el Instituto Superior de Auditoria y Fiscalización de la cuenta pública del año 2014.

Pero le quita espectacularidad, que deben comparecer en Contraloría Municipal, oficina donde producen acusaciones de corto alcance como volantes de ofertas, por eso nadie los toma en serio. Dicha autoridad no las hace valer. Si fueran de verdad, habrían pisado prisión exalcaldes como César Lizárraga o Mónica Marín y sus tesoreros, que siguen pitorreándose de la gente cuando les reclama su falta de probidad.


CTM, POR FIN HACE SU PAPEL

Salario mínimo de 200 pesos diarios o más e incremento salarial anual arriba de 3 puntos, requiere México para brindar condiciones de vida digna al trabajador, sostuvo Vicente Solís Granados.

El secretario de Educación de la CTM en Sonora nos ilustra de algo feo: junto con Nicaragua, México tiene los salarios mínimos más bajos de América. Hablar del convulsionado país centroamericano ni al caso.

Solís dice que “los bajos salarios es el verdadero malestar que hay en nuestro país; los trabajadores viven la angustia de que no les alcanza el dinero, por ello es necesario un cambio profundo en la política salarial”.

Pero también enfrentan impuestos altos, sobreendeudamiento, pobreza, estrés, adicciones, y comienza el otro grave efecto: inseguridad y violencia que afectan principalmente a mujeres y jóvenes en edad productiva, por eso pide cambios en el modelo económico, “que permitan (a México) dejar de ser una economía maquiladora que compite con bajos salarios, para convertirse en una economía industrial y de servicio”.

Buen papel de la CTM en Sonora, empujada por el entrón diputado Javier Villarreal, enfocarse a esa mejora para los trabajadores e impulsar educación y capacitación. Y aquí sí, se impone la expresión “alemanista” a los empresarios: “A´i te hablan”.


ROSSY, GESTORA Y DIPUTADA

Rossy González, formada en la radiodifusión y muy participativa en política, anteponiendo siempre cuestiones sociales, cruzó por mi camino y fue un placer saludarla.

Se encontraría a personas que recibirán el beneficio de sus gestiones, hoy fortalecidas por su posición de representante por el 04 Distrito de Sonora en el Congreso de la Unión, donde terminará el trabajo comenzado por la legisladora con licencia Susana Corella Platt, quien buscó siempre soluciones de fondo, con visión de futuro, no aquellas “despenseras” tan lesivas a la conducta humana que los políticos populistas han adoptado para ganar puestos públicos.

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