Entre jaulas, enjaulados y camisas de fuerza



Poco a poco se va disipando la nube negra de molestia, incredulidad y “muina” que generó la noticia dada a conocer hace un par de días, de que un juez federal había dictado una orden de liberación a favor de Guillermo Padrés Elías, que se autodenominó como “El No. 1”, aunque sin advertirnos previamente que, en efecto, sería el número uno, pero no en cuanto a excelencia de gobierno y en honorabilidad, sino en raterías, atrocidades, ilegalidades, desacatos y demolición del estado de derecho que regula y mantiene el orden dentro de nuestra convulsiva sociedad. Por un momento pareció inminente que estallaría la inconformidad, pero no tardó en retornar la calma. Una calma relativa, pero calma al fin.

Y mientras esa nube negra que presagiaba tormenta se disipaba y se alejaba, se empezaba a dejar sentir otra reacción, no menos iracunda y violenta, en contra de la medida atroz tomada por el presidente Donald Trump de separar a los niños de sus padres, por el hecho de ser inmigrantes indocumentados, y por ende, sujetos a las represalias inhumanas establecidas en forma unilateral por el mandatario norteamericano, como forma de combatir lo que él considera una agresión en contra de los Estados Unidos.

La diferencia entre una nube negra y la otra, estriba en que la segunda de ellas, la que se generó a partir de la absurda y criminal medida de separar a los niños de sus padres y meterlos en jaulas como si fueran criaturas peligrosas, generó en nuestro México una repulsa fue secundada por un número cada vez más grande de países que han estado manifestándose en contra esa política discriminatoria e inhumana en formas diversas, unas más airadas que otras, pero todas en el mismo sentido. El rechazo casi unánime y el efecto negativo que está teniendo le impacta no solo al gobierno de Trump, sino a todo el país en su conjunto, aunque, dicho sea en honor a la verdad, la mayoría de los ciudadanos norteamericanos son ajenos a la bestial determinación de su presidente.

Se ha informado que la presión ejercida por el rechazo y la crítica internacional ha tenido efectos positivos, y que Trump estaría por dictar de un momento a otro una orden de cancelación de la irracional medida, con lo cual cambiaría la situación, si bien no radicalmente. El impacto inicial queda ahí, duro e inconmovible, como un testimonio fiel de lo que es capaz de hacer un individuo irracional que ha dado pruebas abundantes e irrefutables de su acendrada fobia a todo lo que huela a inmigración -especialmente de los países latinoamericanos- lo que ha desatado el uso y el abuso del enorme poder que le fue conferido por un pueblo que poco a poco está abriendo los ojos a la estremecedora realidad, aunque por desgracia con demasiada lentitud.

México ha levantado la voz en señal de protesta, a través del Secretario de Relaciones Exteriores Luis Videgaray, quien lo ha hecho en términos moderados, pero firmes, lo cual no ha sido del agrado de los extremistas que pugnan siempre por las actitudes oficiales más radicales y agresivas, sin dejar espacio alguno para la diplomacia como conducta razonable entre países que se encuentran inmersos en una crisis múltiple, que va desde lo comercial hasta lo político, y que aún está en desarrollo y nadie sabe hasta dónde pudiera llegar.

Así pues, nos encontramos en una situación tan enmarañada como lacerante, entre políticos profundamente inmorales que se encuentran enjaulados y sometidos a proceso penal, niños inocentes y desvalidos que han sido separados de sus padres y criminalmente enjaulados como bestezuelas, y un hombre que, debiendo utilizar una de esas camisas de fuerza que les ponen a los enfermos mentales considerados peligrosos, por el contrario ostenta y ejerce el poder en la nación más poderosa del planeta, y por ello cultiva la peregrina idea de que puede hacer lo que le venga en gana, sin que nadie ni nada se lo pueda impedir.

El concierto de las naciones civilizadas no parece dispuesto a permitírselo, y ya veremos qué dice en su momento el pueblo que lo eligió. Esperemos que los norteamericanos no tarden mucho en darse cuenta del daño tan grande que este hombre le está haciendo a una nación que llegó a ser líder de la democracia y los derechos humanos entre las naciones y los pueblos del mundo. La enorme distancia entre el ayer y el hoy, y la horripilante reaparición de conductas demoníacas que creímos erradicadas para siempre de nuestro planeta.

Ayer, a eso de las 9:00 a.m. dejé en Twitter un testimonio de la repugnancia y coraje que me causa lo que está haciendo el gobierno de Estados Unidos con las familias inmigrantes: “El pueblo alemán calló, mientras florecían como plantas del mal Auswitch, Birkenau, Bergen-Belsen, Dachau, Flossenbürg, Buchenwald. Treblinka, Sobibor, Sachenhausen, y los demás campos de exterminio nazis.

El pueblo norteamericano calla ante las bárbaras acciones de Donald Trump”.

Es obvio que ambas situaciones difieren en ciertos aspectos, pero no hay duda de que en lo fundamental hay similitudes que resultan claves, en particular en lo que toca a la mentalidad del Führer Adolfo Hitler y del Neoführer Donald Trump.

 

Se aproxima el fin del suplicio

Tengo entendido que el próximo domingo 24 es el último día en que, de acuerdo con la ley electoral vigente, está permitido publicar encuestas sobre las elecciones que ya tocan a su fin. Más que un mandato de ley, es una necesaria medida terapéutica de sanidad mental para un pueblo que ha sido bombardeado por la friolera de 60 millones de spots durante los seis meses de campañas federales, que arrancaron el 13 de diciembre del año pasado, cuando daban principio las posadas navideñas y se anticipaba ya el final del año 2017.

Si el efecto de ese diluvio de spots ha sido devastador, no menos devastador ha sido el chubasco de encuestas y sondeos de opinión con que hemos sido bombardeados sin misericordia, a lo largo de esos seis meses. Los spots, las encuestas y su difusión sobre todo a través de las redes sociales, han sido determinantes en el clima de alteración social que actualmente prevalece, y que amenaza con volverse más enconado todavía, a medida que se aproxime el día 1º de julio, en que todo se decidirá mediante el voto de los ciudadanos.

Las encuestas y sondeos han sido tan abundantes, y tan descaradamente manipuladas en beneficio de uno u otro candidato, que prácticamente han perdido todo su valor comparativo a los ojos de los ciudadanos pensantes, que hemos terminado por descartarlos como herramienta de información útil. Las únicas encuestas que realmente tienen valor, son las que han sido ordenadas para consumo interno de los equipos de campaña de los candidatos, y que son los que manejan la información verdadera que, desde luego, nunca ha llegado ni llegará a conocimiento de la ciudadanía en general. Obvio es decir que la encuesta grande, la encuesta definitiva y final, es la que se dará en las urnas, cuando se cuenten los votos, y se dé a conocer el resultado. Y en el período post electoral, según sea ese resultado, arderá México o no, pero ese será otro capítulo de la historia que está por escribirse en el cual, para bien o para mal, se habrá de definir el futuro de nuestro país, y el de todos y cada uno de los mexicanos.

Así pues, tres días faltan solamente para esta primera veda de encuestas, y siete días más para que llegue la veda electoral o “toque de queda” en las campañas, un período de silencio y de aparente quietud -porque la actividad subterránea no se suspende- que comprende los días 28, 29 y 30 de este mes. Y el domingo 1º de julio, colorín colorado y este cuento, que parece sacado de esos libros de horror escritos por Stephen King, se habrá acabado.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

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