El abismo de la tenebra

Este día todas las columnas y todos los comentarios en radio y televisión, versarán sobre la conclusión de las campañas federales y locales, quiénes llegan como líderes y quiénes se han quedado rezagados, de acuerdo a los sondeos de opinión que en general, y por motivos que son ampliamente conocidos y aceptados, han perdido su credibilidad y confiabilidad casi por completo. No incluyo la utilidad, porque es evidente que han sido de gran utilidad dentro de las estrategias de las tres insólitas coaliciones que han competido, sus candidatos y sus respectivos equipos de campaña, sin excepción. Me parece que sin las encuestas y sin las redes sociales, el resultado de este proceso electoral, en cuanto a ambiente social y clima político, sería completamente diferente.

Al margen de lo que suceda el próximo domingo, y de los resultados que arroje la votación, considero también de gran importancia e interés comentar otro tipo de situaciones y sucesos, ligados así mismo a las estrategias de las campañas electorales desarrolladas por determinados candidatos, y cuyos efectos han impactado en la mente, en el ánimo y en las percepciones de un numeroso grupo de ciudadanos que, a lo largo y ancho de la geografía nacional, han sido víctimas de una nueva clase de influencias, electorales sí, pero completamente alejadas de lo que es válido y aceptable dentro de las luchas políticas que se han convertido en auténticas carnicerías, masacres anímicas que han deteriorado profundamente la psique de los ciudadanos.

Me estoy refiriendo, por si usted no lo ha imaginado aún, a los actos de violencia y vandalismo urbano, a los sorprendentes y desconcertantes sucesos que se han venido presentando en forma encadenada, y que parecen haber sido minuciosamente planeados por mentes expertas, y ejecutados milimétricamente por profesionales en este novedoso e infame tipo de estrategias cuyo fondo -de acuerdo con la opinión de algunos analistas entre los cuales me incluyo- despiden una penetrante pestilencia a juego político, cuyo objetivo a todas luces es desestabilizar y alterar el orden social, dentro de las comunidades sonorenses, señaladamente las más numerosas y heterogéneas.

Este fenómeno ha sido particularmente devastador aquí en nuestra región, y muy en especial en Hermosillo, que representa aproximadamente el 40% de la población de Sonora, y casi el 30% del padrón electoral estatal. No se trata de un fenómeno repentino, producto de circunstancias imprevisibles, si no de eventos orquestados y ejecutados magistralmente con un objetivo específico: trastocar el orden público, alterar el ánimo de la gente, y crear percepciones negativas respecto a la actuación de las autoridades en turno. Ante este tipo de estrategias, es poco o nada lo que pueden hacer las autoridades responsables de cuidar la seguridad dentro de las comunidades.

Haciendo un poco de memoria, desde que Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia, dio principio una campaña de demolición de su imagen. Entiéndase bien: No estoy diciendo que Peña Nieto no haya cometido numerosos errores, y que sea inocente de algunas de las acusaciones de corrupción de que ha sido objeto. Lo que estoy diciendo, y sostengo firmemente, es que el principal impacto negativo sobre su imagen proviene de una estrategia específicamente diseñada para demoler su imagen, y con ello alfombrar el camino para los que pregonan el cambio, y ofrecen erradicar para siempre la corrupción y la inseguridad. Banderas sumamente atractivas ante un pueblo que se ha arropado en ellas sin reflexionar a profundidad sobre las manos que las ondean en medio de una danza nacional infernal.

En Sonora se ha desarrollado una estrategia similar, aunque con tintes diferentes. El gobierno de Claudia Pavlovich ha caminado sorteando una infinidad de minas terrestres, en un gobierno que muestra muchas más luces que sombras. Sin embargo poco a poco han hecho su aparición los rumores y señalamientos de supuestos actos de corrupción, sin llegar a configurar acusaciones abiertas. La semilla de la duda, plantada en el terreno fértil de la creciente desconfianza de los ciudadanos hacia todo lo que huela a autoridad, tiende a florecer, de cara al final del sexenio estatal 2015-2021.

Lo que sucedió con Manuel Ignacio “Maloro” Acosta es otro ejemplo claro de este tipo de estrategias de demolición de imagen. “El Maloro” fue un buen alcalde, a secas. Su trabajo está a la vista y lo avala, la ciudad presenta una notable mejoría en sus principales problemas y deficiencias. Hermosillo está muy lejos de ser el mismo que teníamos cuando se fue Alejandro López Caballero, y lo podemos constatar realizando un  recorrido por los barrios y las colonias. Que no todo está hecho, y que falta mucho por hacer, eso es innegable, pero de que estamos mejor, mucho mejor, que hace tres y que hace seis años es innegable. Y sin embargo, “El Maloro” carga con una pesada carga negativa, creada por el incesante machacar de los opositores que promueven el desorden urbano y la crítica sin sentido.

Recientemente se han presentado situaciones que son inéditas en nuestra ciudad: Un asalto realizado por un grupo de delincuentes a una conocida tienda departamental, la noticia falsa de un asalto a una gran bodega de artículos y materiales que fue dada a conocer irresponsablemente por un periódico, robos a casa habitación, de vehículos y partes de ellos, pandillerismo, drogadicción… la diversidad de formas que adopta la delincuencia en una ciudad que crece en forma incesante e incontenible. El ardiente caldo de cultivo que se ofrece a través de las redes sociales que se han convertido en las salas de jurados de las comunidades, en Sonora y en todas partes.

Y todo en el seno de una sociedad desprevenida, ignorante, ingenua y absolutamente incapaz de manejar la lava incandescente que arroja el volcán en erupción de la comunicación moderna. La gente está aceptando a ciegas, sin procesar en lo más mínimo, todo lo que le llega a través de las redes y de los celulares, dando equivocadamente por hecho que toda la información es correcta y, sobre todo, que tiene fines nobles y positivos. La gente se convierte así en replicadora de basura, de perversidades y de toda clase de insidias. La gente que no piensa y que no aplica su capacidad de discernimiento, está siendo utilizada como instrumento por los enemigos del orden en contra de los gobiernos legalmente constituidos y, finalmente, contra la propia sociedad.

Sobre este sorpresivo y alarmante fenómeno que nos ha tomado desprevenidos, en reciente conferencia de prensa el secretario de Gobierno, Miguel Pompa Corella, hizo un llamado a no caer en las campañas de miedo originadas por quienes pretenden generar un ambiente de inestabilidad, en el contexto del proceso electoral. Es inaceptable, dijo, que la tranquilidad que poco a poco se ha ido logrando en la entidad, se pretenda vulnerar con grupos de delincuentes foráneos que intentan sembrar miedo en la población. Pompa Corella subrayó que los hechos delictivos registrados recientemente en la capital del Estado, obedecen a intereses particulares ligados al proceso electoral, cuyo único propósito es crear un clima de desestabilidad. Declaró que ante la cercanía del proceso electoral, hay personas que buscan la empatía de los ciudadanos a costa de sembrar el miedo. Invitó a los partidos políticos, a los candidatos, y a sus colaboradores, a apostarle a la unidad y al trabajo en favor de los sonorenses, y exhortó a todos los sonorenses a no caer en esta campaña de miedo, y a confiar en las instituciones de seguridad y procuración de justicia que están haciendo su trabajo.

Quienes en una forma o en otra, en un medio o en otro, nos desenvolvemos dentro del mundo de la comunicación en Sonora, y al margen de nuestras ideologías, preferencias y simpatías políticas, debemos de formar un frente opositor común para combatir este pernicioso fenómeno que tiende a crecer y proliferar en nuestra comunidad estatal.

Propongo al Gobierno del Estado y a los compañeros comunicadores independientes o integrados a los diferentes grupos de periodistas diseñar, establecer y poner en práctica un plan estratégico para controlar el impacto que están teniendo sobre los ciudadanos las noticias falsas y la información sesgada, y dejar de difundir los videos fake, los rumores, los chismes mal intencionados, y toda la variedad de instrumentos que en manos de los profesionales de la desestabilización y la anarquía, se han convertido en verdaderas armas de destrucción social masiva.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *