Niños enjaulados

FAMILIAS SEPARADAS. Siete minutos, indignación mundial y gran negocio.

Héctor Rodríguez Espinoza

I.- SIETE MINUTOS

Para Chris Cillizza, editor colaborador de CNN, el sonido de la separación, un audio de 8 minutos, cambió todo el debate sobre inmigración en Estados Unidos:

“El poder de esos niños que lloran es algo que el presidente Donald Trump y su equipo claramente no planearon. El episodio es un recordatorio de que las políticas se pueden desmoronar con cuando se enfrentan con audio o video que habla de las emociones humanas. Nadie puede escuchar el audio de los niños llorando y no recordar que son las verdaderas víctimas aquí.

Los sonidos son inconfundibles: niños sollozando. Es duro. Pidiendo que se les permita ver a sus padres, a su tía, a un familiar. Y luego llorar nuevamente cuando se les dice que no es posible.

Los casi ocho minutos de conversaciones (una captura de audio entre niños separados de sus padres y patrulleros fronterizos, publicada por Pro Publica) son difíciles de escuchar. Es desgarrador. Hace llorar. Y, en el espacio de cinco días, esos niños se convirtieron en la cara, o más bien, la voz, de la crisis de separación fronteriza y el manejo fallido de la administración Trump.

- ¡Papá! ¡Mami!: graban sollozos de niños separados de sus padres en la frontera.

El viernes, el representante demócrata por California, Ted Lieu, reprodujo el audio en la Cámara. La representante Karen Handel, republicana de Georgia que presidía la Cámara, le pidió que se detuviera. No se detuvo.

A principios de la semana, el senador Bob Menéndez de Nueva Jersey hizo lo mismo en el mayor cuerpo deliberativo del mundo. Los manifestantes lo reprodujeron frente a la casa de la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen. La periodista de la revista New York, Olivia Nuzzi, lo puso durante la sesión informativa diaria de la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders.

Se convirtió en la banda sonora de la semana en política, y en la cultura más ampliamente. Los gritos y gemidos aterrorizados de los niños te taladran, hacen  imposible ignorar su difícil situación y la política que los llevó a un estado tan triste.

Los ocho minutos de audio más que cualquier otra cosa, incluso la ahora controvertida foto de una niña llorando, llegaron a definir el rostro humano (o la voz) detrás de este cambio de política por parte de la administración Trump.

Trump, a principios de la semana, insistió en que a) se apegaba a la política de "tolerancia cero" porque era la única manera de endurecer las fronteras y b) le faltaba el poder para cambiar la política. (Esa segunda parte no era cierta, ni entonces ni ahora).

En 48 horas, mientras se reproducía el audio y se reproducía cada hora en la televisión por cable, Trump, el pragmático, se dio cuenta de que estaba librando una batalla que no podía esperar ganar. No importa cuánto le guste a su base su acto de tipo duro en la frontera, los sonidos de niños pequeños llorando por sus padres estaban ganando. Así que invirtió el curso: firmó un decreto que permite que los niños permanezcan detenidos junto con sus padres durante más de 20 días. (Las perspectivas legales del decreto de Trump son inciertas).

Todo el episodio es un recordatorio de cómo la política seca elaborada en algunos grupos de expertos conservadores (o liberales) se desmorona cuando se enfrentan con audio o video que habla de las emociones humanas comunes que todos compartimos.

Lo que el audio nos recuerda es: en el origen, la parte más importante de esta historia fronteriza no son los padres que intentan ingresar ilegalmente al país. (Eso no quiere decir que no importe; lo hace.) Son los niños, sin culpa, quienes se separan de sus padres y, en algunos casos, vuelan a otros estados donde están aún más aislados y solos.

Nadie -ni siquiera el más duro de los intransigentes de la inmigración– puede escuchar el audio y no recordar que son las verdaderas víctimas, y los que realmente necesitan nuestra protección.

II. INDIGNACIÓN MUNDIAL POR TOLERANCIA CERO

Donald Trump vuelve a estar en boca de todo el mundo y no por un buen motivo. La consternación por su política de "tolerancia cero" se escucha en todas partes. Cada día, las patrullas fronterizas separan a 66 niños de sus padres en la frontera de Estados Unidos con México, como resultado de la política migratoria que ha puesto en marcha su Gobierno.

Las imágenes de esas separaciones ponen la piel de gallina, por no hablar de las grabaciones de los llantos de los menores mientras los agentes se burlan de ellos y hablan de "la orquesta" que tienen enfrente. Hasta la primera dama, Melania Trump, contradijo a su marido para expresar su rechazo a esta política que separa a los menores de edad de sus padres, inmigrantes que cruzan ilegalmente la frontera. "Debemos ser un país que cumpla todas las leyes, pero también un país que se gobierne con corazón", manifestó Melania Trump a través de su portavoz.

MICHAEL MOORE

“Para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo”, dice la vox populi, voz de Dios. Aunque hay de palos a palos.

También el heterodoxo director de cine, Michael Moore, carga contra la hipocresía americana y la política de separación de Trump:

"No digáis que Trump está violando 'nuestros valores americanos'. Abusar de niños ES un valor histórico de Estados Unidos. Trump es lo que somos".



Ha sumado su voz a la indignación colectiva, como ya ha hecho en otras ocasiones desde que Trump se instaló en el poder. Pero, en este caso, su mensaje no es sólo crítico con la política migratoria del presidente, sino también con la hipocresía de su país.

En un repaso de las atrocidades que ha cometido Estados Unidos contra los niños a lo largo de su historia —robo de menores, esclavitud, trabajo infantil, campos de concentración, abusos sexuales—, Moore denuncia lo que él considera un valor intrínseco a América. "Dejad de indignaros y sorprenderos de que Trump esté secuestrando a niños hispanos de sus padres, diciendo "¡Esto no es lo que somos!". Sí, sí es lo que somos y lo que SIEMPRE hemos sido", critica.

Al mismo tiempo, el cineasta hace un llamamiento para revertir esta situación "jugándonos el pellejo por estos niños". Si de verdad la gente está indignada, deben ir a las prisiones donde el Gobierno mantiene a los niños y exigir que los devuelvan a sus padres, sostiene. "Id allí, rodead el edificio y negaos a marcharos hasta que reúnan a los niños con sus padres. Si fueran vuestros hijos, eso es EXACTAMENTE lo que haríais. Ellos son vuestros niños", concluye.

 

El post, publicado en su cuenta de Facebook hace pocas 12 horas, ha sido compartido más de 32.000 veces. A continuación puedes leer el texto completo y su traducción al español:

‘Abusar de niños es un valor histórico estadounidense’: Michael Moore.

El cineasta estadounidense denuncia la “mala memoria” de su país con respecto al maltrato de niños.

Hizo un llamado en Facebook a defender a los hijos de inmigrantes separados de sus padres, afirmando que la política de abuso infantil forma parte de la historia de su país.

¡Ah, Estados Unidos! Pasamos de separar a los bebés indígenas de sus padres (y luego exterminarlos), a robar bebés de sus padres esclavos (y luego revenderlos como esclavos), a construir un país basado en el trabajo infantil (trabajando en fábricas desde los ocho años), a encarcelar niños japoneses-americanos en campos de internación, a permitir que sacerdotes abusen sexualmente de niños durante décadas, a forzar baldes de jarabe de maíz alto en fructosa por la garganta de los niños hasta que la mitad de ellos forman parte de una epidemia de obesidad infantil, a convertir nuestras escuelas en campos de exterminio porque amamos nuestras armas más que lo que amamos a nuestros niños.

¿A quién pretendemos engañar? Basta de hacerse los sorprendidos de que Trump está secuestrando niños hispanos, separándolos de sus padres, fingiendo que eso ‘no es lo que somos’. Sí, lo es. Y SIEMPRE lo fue. No digan que Trump está violando ‘nuestros valores estadounidenses’. Abusar de niños es un valor histórico estadounidense. Estén orgullosos, estadounidenses: Trump somos nosotros.

Para acabar con esta locura tenemos que dejar de contarnos cuentos de hadas sobre el pasado y confrontar el presente, poniendo el cuerpo en la línea de fuego, en defensa de estos niños. Averigüen, en la zona donde vivan, dónde están encerrados los niños que la Seguridad Nacional secuestró -18 estados tienen cárceles donde encerraron a estos niños-; en mi área, Grand Rapids (Missouri), están en “Bethany Christian Services”, lugar financiado por Betsy DeVos. Vayan, rodeen el edificio y no se retiren hasta que esos niños se reúnan con sus padres. Si esos fueran sus hijos, es EXACTAMENTE lo que harían. Ellos son sus hijos.

GRAN NEGOCIO DETENER MENORES

Lourdes Cárdenas, en Proceso, 29 junio 2018, desde El Paso, Texas, escribe que nadie arriesga la vida cruzando la frontera entre México y Estados Unidos para después suplicarle a un juez la deportación. O casi nadie. Pero María, inmigrante salvadoreña, se vio obligada a hacerlo.

La mujer de 40 años –cuyo nombre real no es revelado– llegó a principios de junio al puente internacional de El Paso, después de una huida desesperada de su país. Venía con sus tres hijos, de cinco, siete y ocho años, escapando de la violencia doméstica y de las amenazas de la Mara Salvatrucha.

Al cruzar la frontera fue detenida por agentes migratorios y conducida a la cárcel del condado, acusada de “entrada ilegal”. Entonces dejó de ver a sus hijos. No supo a dónde los llevaron o quién se hace cargo de ellos. Se aferraba a su abogado de oficio, Ray Lauser, para obtener respuestas, pero nadie podía dárselas.

“Un agente de la Patrulla Fronteriza le dijo que se los habían llevado a Florida, pero no le dio detalles”, recuerda Lauser.

Cuando finalmente fue enviada al centro de detención de inmigrantes donde debería enfrentar su proceso para conseguir asilo, ella sólo quería pedirle al juez que la deportara “para poder reunirse con sus hijos”, dice Lauser a Proceso.

El abogado ha representado en la corte federal a más de 20 inmigrantes que, como María, cruzaron la frontera sin documentos. En la mitad de esos casos los niños fueron separados de sus padres y trasladados a diferentes albergues o campamentos improvisados en varios lugares de Estados Unidos. Ni los padres de los menores ni sus abogados o las organizaciones civiles que tratan de ayudar a los inmigrantes reciben información sobre el paradero de los menores.

“No te dicen nada, ni a nosotros los abogados ni a los jueces. Cuando los padres te preguntan ¿dónde están mis hijos? es muy duro repetirles: ‘No sé, no sé, no sé’”, afirma Lauser.

El Departamento de Seguridad Nacional estima que entre abril y junio de este año unos 2 mil 300 menores fueron separados de sus padres al entrar ilegalmente en la frontera, pero el número exacto se desconoce. Funcionarios del Departamento de Defensa confirmaron a la prensa que se preparan para albergar en algunas de sus bases militares hasta 20 mil niños migrantes.

“Ahora tendrás a niños detenidos y torturados –psicológicamente– junto con sus padres”, dice a la reportera Fernando García, director ejecutivo de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos en El Paso. “Esta orden mantendrá a los niños en detención indefinidamente, lo cual está mal y va contra nuestros valores fundamentales”.

 

La orden además no especifica cómo será el proceso de reunificación de aquellos niños que han sido separados de sus padres, algo que el director de la Oficina de Inmigración y Aduanas durante la administración de Barack Obama, John Sandweg, considera extremadamente complicado. Primero, dijo, habrá que saber dónde están los padres, si aún están en un centro de detención o si ya fueron deportados.

“Hay que entender que cuando estos niños son puestos en custodia del Estado, entran también en un proceso de deportación, pero a diferencia de los adultos, el caso con los niños avanza muy despacio porque no están en corte migratoria y el proceso puede llevarse entre dos y tres años”, dijo Sandweg en una entrevista con NPR.

“Cuando el niño termina bajo la tutela del Estado entran en juego muchas leyes estatales que complican las cosas. Un niño de tres años no puede hablar por sí mismo, así que un tutor será el encargado de velar por su bienestar. Mientras tanto, tienes a sus padres (deportados) en Honduras… quizá no hablan inglés, no tienen dinero para un abogado y su hijo está cautivo en el sistema de seguridad social de Estados Unidos, donde su tutor quizá decida que por la violencia que se vive en ese país o por la pobreza, no es conveniente que el niño regrese”, señaló Sandweg.

Linda Rivas, directora ejecutiva de Las Américas, un centro de apoyo a inmigrantes en El Paso, ha visto de cerca el caos y la desesperación que ha provocado la política de tolerancia cero.

Dice a Proceso que no existe una base de datos que facilite el proceso de localización. “Uno pensaría que si detienen al padre en El Paso, el niño se quedará en El Paso, pero no es así, se los están llevando a Chicago, Detroit, Florida. Los padres llevan semanas o hasta meses sin saber dónde están sus niños, y si acaso los logran encontrar, sólo les dan permiso de hablar con ellos una vez por semana”.

Un problema adicional, apunta la abogada, es que ahora los niños deben llevar su caso separado de los adultos. “Tienen que pelear su caso solos, sin tener abogado y eso complica mucho las cosas”.

Las cortes migratorias dan prioridad a los casos de personas que están en centros de detención, pero si la persona está en custodia del Estado –como un menor– el caso se puede retrasar años. Según estimaciones del TRAC, una base de datos de la Universidad de Syracuse, las cortes migratorias tienen un atraso de más de 700 mil casos.

Desde finales de mayo el gobierno anunció que habilitará algunas de sus bases militares para albergar a niños migrantes. En Texas, al menos tres podrían ser usadas así: Fort Bliss, en El Paso; Dyess Air Force Base, en Abilene; y Goodfellow Air Force Base, en San Angelo. Las dos últimas están a unos 640 kilómetros de la frontera. Hasta el viernes 22 no era claro si las bases militares albergarán sólo a niños no acompañados o a familias enteras.

Además, el gobierno ha habilitado campamentos para inmigrantes en áreas como Tornillo, a unos 60 kilómetros de El Paso, donde decenas de menores han sido captados en imágenes caminando en fila entre enormes tiendas de campaña. En el verano, las temperaturas en esta región desértica llegan hasta 40 grados centígrados.

Es incierto cuántos menores están recluidos. El congresista federal Beto O’Rourke aseguró que 96 permanecían ahí, pero aclaró que algunos llegaron solos a la frontera y otros fueron separados de sus padres. Otros reportes indican que el campamento tiene capacidad hasta para 360 personas.

El jueves 21, alcaldes de varias ciudades llegaron a las afueras del campamento de Tornillo, pero no se les permitió el acceso. Demandaban la inmediata reunificación de familias y la aprobación de una reforma migratoria. El alcalde de El Paso, Dee Margo, dijo que no tenía información sobre el número de niños detenidos ahí. “No sé de dónde son esos niños, no sé quiénes son sus padres y no sabemos qué está pasando”.

Las ciudades campamento o tent-cities son la respuesta del gobierno a la falta de espacios donde albergar a los menores inmigrantes detenidos. La Oficina de Reubicación de Refugiados tiene bajo su custodia a unos 11 mil 517 menores en una red de aproximadamente 100 albergues en 17 estados. Muchos de esos albergues son privados, contratados por el Estado.

En una nota publicada el jueves 21 The New York Times reveló el negocio multimillonario detrás de los centros o albergues a los que son llevados los menores cuando son separados de sus familias. El diario indicó que sólo en Texas alrededor de una decena de contratistas operan más de 30 albergues para niños en custodia federal, que reciben fondos federales.

“La orden del presidente Trump de mantener a las familias unidas mientras están en detención significará probablemente millones de dólares más en contratos para los albergues privados”, indicó el rotativo.

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