¿Era mejor el malo conocido que el bueno por conocer?

¿Era mejor el malo conocido que el bueno por conocer?

HISTORIAS DEL LADO SUCIO

 


 

Dice un especialista que “Más vale malo conocido que bueno por conocer” es un refrán que llama a la cautela, pues afirma que no conviene arriesgar aquello que se tiene o se conoce, por algo que es supuestamente mejor pero que aún no hemos visto.

 

Y es que, subraya, los cambios siempre generan incertidumbre porque conllevan riesgos: una decisión que altere el rumbo de las cosas trae siempre recelos, reticencias, pues podría tener consecuencias negativas. O no. Aunque no se sabe.

 

En este sentido, “Más vale malo conocido que bueno por conocer” es un refrán del cual también se infiere la idea del conformismo, de resignarnos siempre con aquello que ya tenemos o conocemos, aunque nos esté matando, y de evitar los cambios que siempre nos obligan a transitar territorios desconocidos.

 

Según esta sentencia, lo nuevo no necesariamente será mejor o más conveniente que lo anterior, y, por lo tanto, no vale la pena cambiar sino acomodarse a aquello que ya tenemos y conocemos. Y más resignación a ello no se puede encontrar. Es casi casi una experiencia religiosa, dicho en términos apegados a la realidad.

 

Así, el proverbio de marras es una frase muy usada para manifestar la renuencia ante un cambio, especialmente cuando nos genera dudas e inquietudes, porque en el fondo sentimos que podríamos estar equivocados.

 

La expresión es típica de quienes no quieren abandonar su zona de confort y tienen miedo al cambio. O también de quienes viven (vivimos, para decirlo con propiedad) atemorizados porque se puede perder lo poco ganado. Y ese poco ganado bien podría ser nada, o mejor dicho: la muerte segura, que es lo único que tenemos a fin de cuentas, aunque esa seguridad hace ya varias décadas que la hemos perdido, por cierto.

 

Me explico: a estas alturas, podría decirse que en México ni siquiera tenemos asegurada una muerte con certidumbre, una que sea incontrovertible. Y de ejemplo están todas esas personas que viven cada día con la esperanza de encontrar a su familiar desaparecido por las autoridades o por la delincuencia organizada, que bien pudieran resultar un pleonasmo.

 

Cada día surge la voz de alguien que pide que aparezca con vida su padre, su hijo, su hermano, su tío, su sobrino… desparecido hace una semana, un mes, un año, una década o toda una vida… y el silencio es sólo la respuesta de un gobierno que ha perdido el piso en su soberbia.

 

Yo no estoy muy seguro de que el refrán “Más vale malo conocido que bueno por conocer” sea algo sano, y en consecuencia creo que no debemos seguirlo al pie de la letra. Creo más bien que en ciertas circunstancias pudiera ser válido, pero no en todos los casos. Y no lo fue el pasado 1 de julio en Sonora.

 

Y es que al ver los nombres de los candidatos derrotados, sobre todo del PRI y del PAN, se encuentra uno con nombres de personajes ampliamente conocidos, identificados con los círculos del poder durante mucho tiempo, que intentaron obtener algún cargo de elección popular o repetir en el que ya han estado durante casi tres años, y simplemente no pudieron hacer bueno el refrán porque, tal vez, la ciudadanía ya cambió su manera de ver las cosas.

 

En cambio, los nombres de los ganadores dicen muy poco a la enorme mayoría de los electores. ¿Serán buenos por conocer? No lo sabemos. Pero la esperanza muere al último, dicen.

 

Así que a la pregunta de si era mejor el malo por conocido que el bueno por conocer, los electores contestaron con un rotundo no. Y creo que la respuesta se basó en que, por desgracia, aquí el “malo” (es ésta una locución mayestática, no atribuible a una persona en particular) ya se volvió peor, incluso hasta perverso. Y eso nunca será mejor.

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *