Hermosillo y sus viejos lugares

Hermosillo y sus viejos lugares



Hoy le platicaré a usted un poco acerca del viejo Hermosillo. De algunos de sus lugares, la mayoría inexistentes en la actualidad pero que viven aún en la memoria de los viejos hermosillenses, como quien esto escribe.

Voy a meter la mano hasta el codo en el insondable cofre de la nostalgia, de los añosos recuerdos que amenazan con deshacerse al más leve toque de la memoria. Voy a deleitarme volviendo los ojos al pasado, a ese pasado que se escapa cada día un poco más, y que debemos retenerlo, siquiera a fuerza de invocarlo. No podemos, no debemos permitir que se nos vaya del todo porque ¿quién podrá traerlo de nuevo? ¿Quién podrá ser el mago que saque de su chistera apolillada los sitios, eventos y actores que en su día a día pretérito dieron color, sabor y calor a esta bien amada ciudad?

En este recorrido no pretendo ser excluyente porque aparte de los lugares que mencionaré hubo, por supuesto, muchos otros. Tantos que resulta imposible comprimirlos para que quepan en el breve espacio de este escrito que le ofrezco a usted, los lunes de cada semana.

En forma deliberadamente desordenada, para mantener el sabor de ésta micro crónica, empezaré por mencionar algunos restaurantes y cafeterías que fueron especiales, ya sea por la comida que ofrecían, o por ser sitios predilectos de reunión. Entre ellos está el Pradas que se ubicaba en la acera Sur de la calle Serdán, entre Matamoros y Guerrero. Luego El “Colores” del jefe Miguel Colores, que se ubicó en la esquina de Matamoros y bulevar Luis Encinas, donde luego estuvo Multibanco Comermex. El viejo “Chino Abelardo” ubicado en el mismo sitio que el actual, solo que mucho más rústico y familiar. El “Jardín Corona” de Roberto Campillo, que se ubicaba donde hoy está el fraccionamiento Peñasco y parte de Ley del Río.

El “Kiki” del matrimonio Lucero-Aja, que primero estuvo enseguida de la gasolinería Pesqueira (Matamoros y Sonora), luego en la planta baja del Edificio Combate  y finalmente a un lado de lo que luego fue la agencia Autos Kino y antes Sonora Motor. Junto al viejo Cine Lírico, estaba la nevería “Chita” que en verano vendía nieve de garrafa y en invierno chocolate con deliciosos churros. “El Limoncito” del señor Angulo, sobre el viejo Jardín Juárez. El “Nogales” sobre la acera Oeste de la calle Matamoros, entre Dr. Noriega y Morelia. “La Pérgola” del Parque Madero, frente a los frontones.

Otra nevería, “El Oso Blanco” sobre la calle Serdán, frente a lo que fue el Banco Ganadero y Agrícola, luego Banco del Atlántico y actualmente HSBC. Al costado oriente de esta nevería estuvieron los billares XXX del señor Ramos, donde se hicieran maestros del billar amigos como René “El Gordo” Liera, José Rolando “El Hampa” Salido, Jorge “Malabaro” Castro y un millón de vagos más… jajaja.

Salas de cine: En primerísimo lugar el inolvidable cine-teatro Noriega, esquina de Obregón y Garmendia, con su elegante decoración, sus plateas, luneta, galería y gallinero. Los cines al aire libre  “Nacional”, “Lírico” y “Reforma” y el cine más elegante que ha tenido Hermosillo en toda su historia, el Cine Sonora, una sala que aún en nuestros días sería digna de cualquier urbe del País.

Vayamos a los centros de baile y empecemos por el Club Atenas, que estuvo en la esquina de Jesús García y Serdán. Luego el Country Club (parte baja) donde se bailaba con sinfonola todas las noches y donde (dicen) se le apareció el Diablo a una distinguida damita de la localidad cuyo nombre y apellido me reservo. En la parte de arriba el gran salón de baile donde se celebraron tantos bailes universitarios inolvidables. El primer Casino de Hermosillo que estuvo en la última planta del Edificio Sonora, luego en la esquina de Dr. Pesqueira y Comonfort y finalmente fue trasladado a su actual ubicación.

Otros salones de baile: El Casino Aliancista de la Alianza Hispano Americana, ubicado donde hoy se encuentra el Archivo Histórico, frente a la plazuela Hidalgo. La Sociedad de Artesanos Hidalgo, edificio rescatado y convertido supuestamente en espacio cultural, pero que durante muchos años fue salón de baile. Mencionaré también el Cuahutémoc para no dejar sentidos a los “bailarines” que hicieron y deshicieron en ese lugar, sembrando el terror entre las chicas que se atrevían a salir a bailar con ellos… ¿bailarines?… hummm… si pues. Hubo otros sitios donde también se bailaba, pero esos los dejaré herméticamente guardados en el arcón de los recuerdos, en parte para no despertar fantasmas, y en parte porque no eran bien vistos entre la “gente fina”… aunque los “señores finos” (y los que no lo eran tanto) fueran asiduos concurrentes.

El primer Hospital General que yo recuerdo estaba en lo que hoy es el “Parque del Mundito”. El Hospital Nava estuvo donde hoy está Sanborn’s y el Hospital Del Valle donde hoy está el Ho Wah, frente a la Secundaria 24 sobre la Avenida Rosales. Estos últimos dos centros más que hospitales fueron centros para tratamiento y reclusión de pacientes con problemas siquiátricas.

Hoteles de ayer: El Arcadia, que se incendió y que estuvo en donde hoy se localiza el Hotel San Alberto. El Hotel Ramos, que también se incendió y que se localizaba por ahí en Londres y Dr. Paliza. El Hotel Moderno de la familia León (Carmela, María, Fortino y Felipe) que se localizaba en la esquina de Morelia y Manuel González; el Hotel Kino que con gran éxito aún subsiste gracias al genio y la creatividad de Armando Benard Noriega, patriarca de esa familia, y de sus hijos Armando y Chavita. El Hotel de Anza (después Niza) de la familia Duarte, y no podría faltar el Hotel Laval de los señores Laborín y Valenzuela.

Los clubes de servicio, que llenaron toda una época y derramaron grandes beneficios: “Rotario”, “Leones”, “20-30”, “Cámara Junior”, “Kiwanis”. Los clubes sociales integrados por jóvenes no pueden quedar fuera de estas memorias. Los primeros que me vienen a la memoria, aunque solo por referencias de mi difunta madre, fueron el “Club Marino”, formado exclusivamente por muchachos, y los clubes “Ondinas” y “De la Costura” formados solamente por muchachas. Años después existió el “Club Tribilín”, y después se dejaron venir como cascada los clubes “Blue Moon”, “Glú-Glú”, “Jaeac”, “Jacaranda”, Skokiaan”, “Aqua”, “Imperial”, y varios más que de momento no recuerdo.

Se agota el espacio y no puedo dejar de mencionar algunas de las boticas más conocidas de aquellos tiempos. Empezaré por la “Cruz Roja” de Matías Cázarez, que ocupaba la mitad del espacio junto con la Dulcería Romo en plena calle Serdán, junto al Mercado Alemán (luego Morales Hermanos). Luego la “Reval” (Reyes-Valenzuela) sobre la misma Serdán por fuera del Centro Médico que hubo y hoy es propiedad del Issste, si no estoy equivocado. Las farmacias “Regis” (de Filomeno Suárez) y “Moderna”, ubicadas una frente a la otra, también en la calle Serdán. Y las boticas “Del Pueblo”, en la esquina de Serdán y Guerrero y “Nueva” de los Carreón, en la esquina de Serdán y Matamoros.

Zapaterías, boutiques y tiendas de ropa. Refaccionarias, joyerías y librerías. Instituciones bancarias, consultorios médicos, comercios de todo tipo e importancia… la Calle Serdán fue durante muchos años el nervio principal de aquel Hermosillo, tranquilo, amigable y hospitalario que despertaba de su modorra ancestral, para convertirse, poco a poco y sin cesar, en la gran y complicada ciudad que hoy es. Nunca esperé verlo, y desde luego jamás lo imagine, pero ahora mi vieja y amada ciudad, de callecitas de tierra regadas al atardecer con pipas del Ayuntamiento, y de noches tibias y calladas que invitaban al romance, ya llega al millón de habitantes, y su pujanza y peligrosidad no pueden ser negadas ni desdeñadas.

El Hermosillo de hoy se fue creando en gran parte a partir del desarrollo de sus organizaciones sociales. Organizaciones en las que, además de sana diversión, se aprendía a convivir y a crear relaciones inter personales y amistades que -muchas de ellas- el tiempo y la distancia no han podido borrar y que permanecen vivas y vigentes hasta la fecha. Muchos de los sitios que he mencionado ya no existen y han sido sustituidos por otros, tal vez más glamorosos y modernos, pero que carecen del sabor que tuvieron aquellos entrañables lugares.

Espero que haya hecho conmigo este recorrido nostálgico por los viejos lugares y las viejas calles de nuestra ciudad. Tal vez mañana, o pasado, lo invite a acompañarme en otro. Ya veremos, mientras tanto… que la vida le sea leve.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

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