¿Nueva Constitución Política?

¿NUEVA CONSTITUCIÓN POLÍTICA EN “LA  4° TRANSFORMACIÓN”? Breve Ensayo

Segunda parte.

Pésame al Lic. Juan Antonio Ruibal Corella y al Lic. Alfonso Molina Ruibal.

Héctor Rodríguez Espinoza

I. Según La Jornada, 4 Marzo 2001, con motivo del “llamado del Presidente Fox a todos los actores políticos y los Poderes públicos” para promulgar una nueva Constitución Política, “las mayorías sociales deberán conformar un contrapoder a la fuerza del capital y su representación política, si desean que dichas reformas propuestas el pasado 5 de febrero les sean favorables”, expresaron en el foro México Después del 2 de Julio, de La Jornada y Casa Lamm.

Coincidieron con adecuar y renovar la Carta Magna. Ha sido "muy manoseado durante 84 años", admitió Octavio Rodríguez Araujo. Horacio Labastida: "Hasta la fecha se le han realizado 441 reformas". Si la sociedad ha cambiado se requiere que las instituciones se transformen, pero no hay que perder de vista que toda Constitución -como decía Lasalle- es resultado de factores reales de poder y que hasta el momento ningún grupo social ha dictado normas en su contra.

Tras la derrota del viejo régimen –se dijo- se presenta la oportunidad de uno nuevo, apuntó Rodríguez Araujo; pero no olvidar que todo gobierno es resultado de una correlación de fuerzas políticas, económicas y culturales, y en esta globalización, ellas no sólo son nacionales, también extranjeras. "Si éstas no tienen un contrapeso al definir enunciados y principios constitucionales, el resultado será a su favor. Se requiere que las mayorías representen en los hechos, no sólo en los discursos, un factor real de poder, como el que intentan los zapatistas al impulsar la iniciativa de la Cocopa sobre derechos y cultura indígenas".

II. Horacio Labastida. La burguesía nacional

Hizo un recuento de las Constituciones desde la Independencia; que México ha vivido múltiples contradicciones, y al tornarse graves, se resolvieron jurídicamente con una nueva legislación. “Hoy, la disputa del capitalismo transnacional con el nacional ha creado otra encrucijada. Pero ¿en qué sentido irían los cambios?, ¿para acabar con la Constitución nacionalista y hacerla más favorable al capital transnacional? De ser así, sería muy grave".

"La Constitución de 1917 fue el instrumento más brillante para desarrollar la burguesía nacional, para que tuviera un mercado interno y se desarrollara industrialmente en función de los intereses del país. No resolvía, más que tangencialmente, el conflicto entre obreros y patrones. El capitalismo nacional tuvo circunstancias muy favorables: la 2° Guerra Mundial le permitió expandirse, se convirtió en exportador de las necesidades de los aliados. Pero que nos permitió capitalizarnos, transformó al capitalismo mundial, que después del 45, y sobre todo de la caída del régimen soviético, generó una novedad: la multiplicación de las empresas transnacionales".

Hasta 1982, continuó, los gobiernos trataron de proteger al capitalismo nacional frente a las presiones internacionales, pero en el régimen de Miguel de la Madrid comenzó su penetración abierta, transformando aquel "en una estructura maquiladora". Creó una nueva contradicción, reconoció, "y esta confrontación no tiene solución en la Constitución de 1917".

El reto, explicó, es cómo defender nuestra identidad, sin olvidar que no están en nuestras manos las gravitaciones del capitalismo metropolitano.

"Tendremos que recobrar primero nuestras propias energías económicas y culturales en el mercado en el que nos ha colocado el capitalismo avanzado y hacer valer, en un diálogo paritario, nuestro derecho de autodeterminación en el entorno internacional. Hablar de una reforma constitucional a fondo exige convocar al país a un debate amplio. Hay que decirlo con claridad: sin el pueblo no puede existir ni una reforma ni una renovación constitucional".

III. José Antonio Rojas Nieto. El "núcleo duro" de la Carta Magna

No se trata de parar la apertura al mundo, coincidió Rojas Nieto, pero sin olvidar la defensa del "núcleo duro" de la Carta Magna: el artículo 27, que consagra los recursos naturales como propiedad de la nación. "No hay que prescindir de lo esencial, que es el petróleo y el gas, que lo que genera esa propiedad siga siendo propiedad nacional. La electricidad es, ha sido y debe ser un servicio público, lo mismo que el agua, hay una responsabilidad fundacional en la Constitución del 17 respecto a que el Estado es el responsable de darle servicios públicos a sus nacionales". 

IV. Protagonistas de la Doctrina. Dr. Carlos Arellano García

Cito la cátedra de mi querido e inolvidable Maestro de Introducción al Derecho, de Derecho Internacional y de Amparo:

“Vamos a esclarecer puntos básicos mencionando, primero, qué es la Constitución: Es el ordenamiento supremo jerárquicamente hablando que tiene dos grandes partes: La Orgánica, que estructura al País, al Estado y a los Órganos del Estado; la Dogmática, regula las relaciones entre el Estado y los gobernados, el elemento humano nacional, de esencia del Estado y establece los derechos subjetivos públicos que el gobernado puede hacer valer en contra de sus órganos. Tiene un valor jerárquico superior en sus normas, a las Normas Jurídicas internas Federales o Locales cuando el Estado está organizado como el nuestro, en una Federación.

La Constitución es obra humana, el ser humano es falible por naturaleza y la obra humana es perfectible. No es divina, y siempre estará en condiciones de ser mejorada y nosotros podríamos sugerir la reforma a algunos preceptos. Ejemplo, en la dogmática mencionaría la garantía de legalidad, del primer párrafo del artículo 16, ´que nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones sino en virtud de mandamiento escrito de autoridad competente que funde y motive la causa legal del procedimiento´; parece una recitación o letanía, pero es muy importante, se encuentran 8 sub garantías clarísimas en cuanto la legalidad de los actos de autoridad estatal, porque eso equivale al régimen de derecho, al de respeto a la Ley, al Estado de derecho, al régimen de leyes y no de reyes y sería muy importante modificarlos. Hemos escrito sobre ese tópico.

En la orgánica, requeriría reformarse la postura del artículo 133 hacia las normas jurídicas internacionales, que aparentemente se inspiró en el artículo VI de la Constitución Norteamericana y con la presunta fijación de un criterio Monista Nacionalista; pero ni siquiera El Federalista, que compila publicaciones del Correo de Nueva York y que equivale a su exposición de motivos (cuando EUA tampoco fue Monista Nacionalista). Jay, en relación a aquel artículo VI, establece que éste determina que los tratados internacionales están bajo la autoridad de la Constitución Norteamericana; no significa que realmente los tratados están por debajo del Derecho Norteamericano, sino que el Presidente y el Senado, el primero celebrando tratados y el segundo que los aprueba, deben cumplir con la Constitución y no violarla. Si los Senadores aprueban un tratado internacional en contra de la Constitución, que sepan que los obliga a ellos y a sus familias, que existen normas que establecen responsabilidad a los funcionarios, y en ellos recaería el deshonor, esa presunta supremacía de la Constitución, significa que debe cumplirse al celebrar tratados.

El TLC -lo advertimos a tiempo-, viola 16 preceptos de nuestra Constitución, y no es momento de decir cuáles. El artículo 133 ha sido también mal interpretado, pero además las cosas han cambiado para México, que podía haber sostenido que su Constitución está por encima de los tratados, pero el 17 de Enero de 1980 entró en vigor la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados y sus artículos 26, 27 y 46 establecen la supremacía de la norma internacional por encima de las internas, y la Constitución es una norma interna.

El que la Constitución tenga centenares de reformas no justifica una nueva, si éstas han tendido al perfeccionamiento de disposiciones constitucionales y a su adecuación a una realidad en transformación; se trata de una Constitución probada y mejorada; conduce a los objetivos del país,  las autoridades constituidas, desde el más modesto funcionario hasta el Presidente, deben preocuparse por cumplirla; no puede haber una convocatoria a cien millones de habitantes para que participen en la formación de una nueva Constitución o de reformas, deben ser especializados en la temática jurídica, y aún dentro de ésta, deben ser especialistas en el Derecho Constitucional; se requiere talento, experiencia, meditación jurídica abocada a esa tarea.

¿Están justificadas las reformas a la Constitución? ¿Vamos a incluir, dentro de la expresión ´reformas´ a sus modificaciones, a sus adiciones, a las derogaciones parciales, a las aclaraciones, a la mejora a su redacción? Los actos de autoridad deben estar fundados y motivados. Decía Godofredo, desde el antiguo Derecho Romano, que si la ley carece de motivo, no debe subsistir. Si esto sucede con respecto a las leyes, tratándose de reformas constitucionales éstas deben ser mesuradas y reflexionadas.

Acerca de si convendría realizar reformas, la respuesta es totalmente afirmativa y vamos a fundarla. En el Derecho Romano se establecía una vinculación entre el hecho social y la norma jurídica, entre los hechos y el derecho y decía un Principio jurídico: ´dime cuáles son los hechos y yo te daré el derecho´. Las normas jurídicas no pueden ser desconocedoras de la realidad, y ésta está sujeta a ley; como el Derecho es dinámico, por naturaleza, debe transformarse; la ley universal establece que todo se transforma, los estados lo hacen para progresar, o para decaer, o para atrasarse mediante su estructura jurídica básica que es la Constitución, por lo cual deben tener razón de ser.

En el Derecho Alemán el Sociólogo del Derecho, George Gurvitch determina la existencia de una cadena con eslabones alternos, hecho social-norma jurídica, y así sucesivamente, porque el Derecho es dinámico por naturaleza; se produce un hecho social y requiere transformar la norma jurídica; la transformación en la norma jurídica incide en la facticidad del hecho social y requiere que sea transformado el hecho social; y a veces el hecho social transformado requiere una nueva norma jurídica y así sucesivamente. El Derecho es dinámico, está en constante transformación y está prevista la posibilidad de que la Constitución se reforme.

Sin embargo, en cuanto a la reforma de la Constitución -y a eso se refirió Fox- existen lo que tanto Carl Schmith como Fritz Schreier le establecieron límites; que se reforme lo que sea en una Constitución, siempre y cuando no se afecten las decisiones políticas fundamentales.

Se habló de los derechos sociales; la clase obrera se ha defendido mucho de posibles reformas al artículo 123 constitucional, la tutela de los económicamente débiles en el Derecho del trabajo, Derecho social.

Con respecto a una nueva Constitución, me pronuncio expresa y claramente en contra. La razón la fundo doctrinalmente en el precepto que proporciona Hans Kelsen de sistema jurídico. Un sistema jurídico es una pluralidad de normas que tienen en común que todas derivan su validez de una norma fundamental. En México hay una pluralidad enorme de carácter estatal o local y de carácter federal y todas sus normas jurídicas derivan su validez de nuestra Constitución política. Si derrumbamos la base, derrumbamos todo el sistema jurídico mexicano; y debe revisarse todo éste, porque la nueva Constitución determinaría, a posteriori, qué preceptos locales o federales no estuvieran de acuerdo con la nueva Carta Magna y de que sería una tarea de romanos. Existe la posibilidad de que quienes hagan la nueva Constitución se equivoquen, …”

(Continuará: Opinión de Elisur Arteaga Nava, Juan Antonio Ruibal Corella, Diego Valades y otros.) 

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