Halloween



Pierda cuidado, estimable lector(a), que no voy a relatar en este escrito los horrores que tuvieron lugar el martes pasado en el espacio endiablado que es actualmente el Congreso del Estado, convertido en casa de los espantos, guarida de los degolladores con sierra eléctrica, reducto de los asesinos de proyectos, y nido de los despanzurradores de alianzas políticas. Tampoco describiré las escenas macabras que representaron en la sala de plenos los diputados y diputadas que integran la LXII Legislatura, y que demuestran que no solo las novelas y las películas de terror son capaces de infundir un terror extremo, sino que ciertos eventos que suceden en la política pueden ser todavía más horríficos.

Qué Drácula, qué Hombre Lobo, qué Jack el Destripador, qué Texas Saw-Killer, qué Llorona, ni qué ocho cuartos… para criaturas espeluznantes y siniestras, los actuales legisladores de Sonora. Sí señor.

ooOoo

Soy un empedernido lector de lo que escribe Stephen King. No diré fanático porque no llego a tanto, pero sí diré que he leído casi todas las novelas que ha escrito este maestro del horror y de lo truculento, cuya mente retorcida pero fascinante llega a donde nunca antes nadie llegó, ni siquiera el terrorífico Edgar Allan Poe… A lo mejor y por su influencia es que me la vivo satanizando a los políticos bribones, a los funcionarios corruptos, y a los hombres de negocios sin escrúpulos…

Soy fan de Stephen King desde hace unos 30 o 35 años en que leí su primera novela que cayó en mis manos, “Salem’s Lot” (La Hora del Vampiro, en español) una aterradora novela que hizo que materialmente se me erizaran los pelos de la nuca, especialmente el terrorífico pasaje donde dos pequeños hermanos cruzan un bosque en plena noche para cortar el camino a su casa, y King va narrando paso a paso, entre descripciones que sólo él sabe hacer, la bruma, los crujidos de las ramas y el susurro del viento entre las hojas de los árboles, la escena donde el monstruo sediento de sangre los acecha, hasta que el más pequeño de los dos desaparece, y el terror indescriptible del otro niño al descubrir que su hermanito ya no está… y él sabe quién y por qué se lo ha llevado. Aún ahora, al escribir para usted estas palabras, siendo cómo se me enchina la piel.

Después de aquella espantosa pero fascinante primera novela, he leído casi todas las otras que Stephen King ha escrito. Si acaso me habré perdido dos o tres a lo sumo. Hay entre ellas algunas que son auténticas obras maestras del horror, otras son excelentes y todas sin excepción son aterradoras. Algunos de sus cuentos cortos son de verdad terroríficos, de esos que no se pueden leer en las noches oscuras y tempestuosas, cuando las casas crujen y hay ruidos que semejan voces de seres del más allá.

“Regreso a Salem’s Lot”, “El Resplandor”, “La Niebla”, “Carrie”, “Christine”, “Cementerio de Mascotas”, “La Zona Muerta”, “La Danza de la Muerte”, “Pesadillas y Alucinaciones”, “La Casa Negra”, “Duma Key”, “Ojos de Fuego”, “Eso”, “Cell”, “La Torre Oscura”, “La Niebla”… Decenas de novelas y miles de páginas llenas de escenas pavorosas descritas con una maestría inigualable… Stephen King es a la novela de horror lo que en los años ‘50s fue Alfred Hitchcock al cine de suspenso.

Ningún otro novelista ha escrito tantos libros que han sido llevados a la pantalla como Stephen King. La mayoría de sus novelas se han convertido en películas que ya son clásicas del género del horror, quizá la más famosa de todas es “El Resplandor” (The Shining) con el extraordinario actor Jack Nicholson en el papel estelar.

Uno de los últimos libros de Stephen King que he leído es “Duma Key”, una novela que empieza como otras que King ha escrito y que no son propiamente de horror, sino más bien de suspenso, como “El Talismán”, “La Carretera Maldita”, “Celular”, “Desesperación”, “Miseria”, “Verano de Corrupción”, “Cujo” y muchas otras.

“Duma Key” se trata de un hombre que era contratista y que había logrado crear una empresa importante en el ramo de la construcción. Un día sufre un terrible accidente al chocar su carro contra una máquina enorme y casi muere: pierde un brazo, una pierna le queda semi paralizada y sufre un golpe terrible en la cabeza. A raíz de ese terrible accidente cambia su temperamento, al grado de que su matrimonio se deshace y termina divorciándose. Tiene dos hijas. Se va a refugiar a un lugar que se llama “Duma Key”, una isla de Florida a orillas del Golfo de México.

Este hombre es rico y no necesita trabajar, así que renta una casa en Duma Key, que es una isla propiedad de una anciana millonaria que tiene principios de Alzheimer, a la que atiende un ex abogado de nombre Wireman. Hay en la isla unas cuantas casas que solo se ocupan en época de vacaciones, así que este hombre vive solo y paulatinamente empieza a hacer amistad con la anciana y su cuidador. Hasta aquí todo normal. Pero poco a poco las cosas empiezan a cambiar.

De pronto el manco empieza a sentir una febril necesidad de pintar cuadros. Su brazo inexistente le pica y molesta horriblemente y sólo se le quita el dolor hasta que termina de pintar cada cuadro. Una galería de arte descubre sus cuadros y lo convence de realizar una exposición que resulta un éxito clamoroso, y el hombre de la noche a la mañana se convierte en una celebridad… pero paralelamente empiezan a suceder cosas en Duma Key… cosas horribles que van empeorando… pero no le narraré a usted todo el libro por si acaso se lo encuentra en alguna librería y se le antoja comprarlo.

Stephen King -por cierto un furibundo anti-Trump- vive en el estado de Maine, U.S.A. una región donde abundan las leyendas de brujas, posesiones satánicas, e historias macabras. Vive rodeado de belleza, porque Maine es un estado muy hermoso, y seguramente vive rodeado de comodidades, porque King ha ganado millones de dólares con sus novelas y las películas que de ellas se han hecho. Quizá viviendo en ese ambiente en que se combina lo bello y lo horrendo, es que su mente construye los entes horrorosos y las situaciones espantosas que luego transfiere a sus libros. No hay nadie como él, y seguramente cuando muera dejará vacío el espacio que ha ocupado durante varias décadas dentro del género de la literatura de horror.

Máquinas poseídas por un espíritu maligno que se convierten en insaciables devoradoras de hombres… gusanos asquerosos que brotan de las entrañas de las alcantarillas… perros y gatos que resucitan al ser enterrados en terreno sagrado y se convierten en seres malvados… niños que son poseídos por fuerzas malignas y se convierten en máquinas asesinas… hombres que por alguna causa tienen la mitad de su mente normal y con la otra son capaces de crear las pesadillas más terribles… automóviles asesinos que se destruyen y se regeneran solos… Stephen King como nadie es capaz de llevarlo a usted por las sendas oscuras del horror en una noche de luna llena color sangre, cuando salen de los agujeros pestilentes las criaturas más horrendas para invadir los sueños de los hombres y apoderarse de ellos…

Dentro de algunos días llegará la noche de Halloween, la noche de las brujas y los espantos, de las criaturas del más allá y de toda suerte de espíritus que vuelven para llenar de terror a las almas buenas. Es una costumbre importada de otras culturas y de otras razas, que en México poco a poco y a pesar de la resistencia de muchos, se ha ido adoptando y generalizando. Es negocio, desde luego, pero también hay gente que gusta de experimentar con el más allá, sin saber lo que hay de aquel lado.

Y si usted no lo cree, es cosa de que se dé una vuelta por cualquier centro comercial y verá por doquier pasillos y aparadores adornados con motivos de ultratumba: Muertos vivientes, espíritus volátiles, telarañas, insectos, vampiros y brujas en sus escobas… Halloween: Noche en que los niños salen disfrazados a pedir dulces en “truco o cambio”, y noche en que algunos malvados aprovechan para acecharlos entre las sombras para destruir su inocencia y cambiar su naturaleza para siempre.

Crea usted o no en este tipo de cosas, tenga cuidado la próxima noche de Halloween, que por cierto ya no tarda. y sobre todo, tenga mucho cuidado con sus niños… a veces lo que sucede esa noche de brujas y telarañas está muy lejos de ser un simple juego divertido, especialmente en Hermosillo.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

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