El canto de protesta



“Para el que mira sin ver, la tierra es tierra no más” Atahualpa Yupanqui

Eran los albores de la década de los años sesenta del siglo XX, y el mundo le daba vuelta a la primera mitad de ese siglo para adentrarse en la segunda. Se dice que esa década fue la que precedió a los grandes cambios políticos y sociales que el mundo enfrentó poco después. La juventud era todavía relativamente inocente, y su inocencia se reflejaba en la forma como vestía, en la forma como se comportaba y en la música que escuchaba. Eran los tiempos de las flores en la cabeza, del cabello largo, del poco baño, del aroma de pachouly, del peyote y de las drogas psicodélicas, de los ropajes sueltos y de las sandalias en los pies. Eran los tiempos de los hippies, del existencialismo, y del símbolo de paz que se hacía con los dedos índice y anular de cualquiera de las dos manos.

Temprano en esa década que fue tan hermosa como apasionante, irrumpieron en la escena musical mundial los Beatles, los greñudos de Liverpool, e hicieron pedazos todos los moldes establecidos. Su música, las creaciones geniales de Lennon, McCartney y Harrison (sobre todo los dos primeros) cambió todo, desde la manera de ser, hasta la de pensar de esa generación y las que vinieron posteriormente. Pero no solo fueron los Beatles, paralelamente estuvieron los Rolling Stones, con su rock más pesado y la personalidad del vocalista con cara de piedra Mick Jagger, Queen con Freddie Mercury y otros grupos que fueron muy significativos en las corrientes musicales de la época.

Empezó también a manifestarse un nuevo tipo de canto: La llamada “canción de protesta”, que se manifestaba en forma de crítica musical hacia los moldes establecidos y el poder del “establishment”, del autoritarismo del Estado, las injusticias, la violencia y la guerra. Aparecen los hippies con sus ropajes extravagantes y sus flores en el cabello, sus sandalias y sus planteamientos existencialistas que arrebataron a una buena parte de la juventud de aquellos días… “Amor y paz, hermano” y “Haz el amor y no la guerra” fueron sus consignas típicas. Woodstock estaba por llegar.

La música fue el gran vehículo de aquella nueva cultura ecléctica y volátil, y el mundo empezó a moverse frenéticamente hacia cambios que resultaron trascendentes en la historia del mundo moderno. Surgieron grupos como The 5th Dimension, The Four Seasons con Frankie Valli, The Turtles, The Troggs, Yes, ELO y otros que tuvieron gran éxito y marcaron la pauta.

Y dentro de la llamada “canción de protesta” aparecieron figuras como Joan Baez, Carole King, Massiel, Alberto Cortez y muchos otros importantes artistas que cantaron sus inconformidades y crearon con sus composiciones una nueva forma de enfrentar las injusticias y su rebelión contra las formas establecidas. Pero quizá el más importante de todos, indudablemente uno de los más trascendentes, lo fue Héctor Roberto Chavero Aramburo (1908-1992) alias “Atahualpa Yupanqui” que en quechua significa “el que viene de viejas tierras para decir algo”, el músico, poeta y escritor de la pampa argentina, el cantor de la gente común y de los pueblos milenariamente oprimidos.

Con su guitarra y sus composiciones llenas de sabor y poesía se introdujo a codazos en el escenario musical, y se hizo de un sitio que nadie ha osado disputarle, y mire usted que en ese género ha habido figuras formidables, como Facundo Cabral (recientemente desaparecido) y Piero (cuya presencia fue muy prometedora, aunque fugaz), por poner tan solo dos ejemplos. Posteriormente llegó lo que se conoce como “La Nueva Trova” con los cubanos Amaury, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, y los españoles Serrat, Sabina y Auté.

Atahualpa Yupanqui es el autor de “Los ejes de mi carreta”, “Duerme negrito”, “Chacarera de las piedras”, “Hay leña que arde sin humo”, y de una infinidad de cantos que aún permanecen a pesar del tiempo y de los cambios que ha habido en el mundo de la música. En lo personal, de entre todas las composiciones de Yupanqui mi preferida es una que se llama “Preguntitas sobre Dios”. Me gusta mucho “Los ejes de mi carreta”, tal vez la más conocida y popular, pero “Preguntitas sobre Dios” se me hace una canción tremenda, más por el significado de su letra que por su melodía, que es muy sencilla como toda la música del cantautor argentino. A continuación transcribo para usted la letra de la mencionada canción:

Preguntitas sobre Dios

“Un día yo pregunté, abuelo dónde está Dios

Un día yo pregunté, abuelo dónde está Dios

Mi abuelo se puso triste, y nada me respondió.

Mi abuelo murió en los campos sin rezo ni confesión

Y lo enterraron los indios, flauta de caña y tambor…

Y lo enterraron los indios, flauta de caña y tambor.

Al tiempo yo pregunté, padre qué sabes de Dios

Al tiempo yo pregunté, padre qué sabes Dios

Mi padre se puso serio, y nada me respondió.

Mi padre murió en la mina sin doctor ni protección

Color de sangre minera tiene el oro del Patrón…

Color de sangre minera tiene el oro del Patrón.

Mi hermano vive en los montes y no conoce una flor

Mi hermano vive en los montes y no conoce una flor

Sudor, malaria y serpiente es la vida del leñador.

Y que nadie le pregunte si sabe dónde está Dios

Por su casa no ha pasado tan importante Señor…

Por su casa no ha pasado tan importante Señor.

Yo canto por los caminos y cuando estoy en prisión

Yo canto por los caminos y cuando estoy en prisión

Oigo las voces del pueblo que canta mejor que yo

Hay un asunto en la tierra más importante que Dios

Y es que nadie escupa sangre, pa’que otro viva mejor…

Y es que nadie escupa sangre, pa’que otro viva mejor.

Que Dios vela por los pobres, tal vez sí y tal vez no

Pero es seguro que almuerza en la mesa del Patrón…

Pero es seguro que almuerza en la mesa del Patrón”

Esta canción, que tal vez es poco conocida, viene en un LP doble que me encontré en una de mis correrías por las viejas tiendas de discos que había en la capital del país en la década de los 60s. La primera vez que escuché esta canción me causó una fuerte impresión, y la escuché una y otra y otra vez, hasta que comprendí plenamente el profundo significado de sus versos.

Injusticia, abandono, explotación, pobreza, tristeza y desamparo… y la pregunta que hiere en lo más hondo, que cuestiona una y otra vez “¿Dónde está Dios?”… La voz de Atahualpa, rasposa y nada pulida, y el rasgueo de su guitarra solitaria nos transportan a los montes pedregosos y resecos donde se hacen mutua compañía la culebra y el indio, bajo un sol abrasador.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

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