Cipriano Gómez Lara, Emérito 2° parte

CIPRIANO GÓMEZ LARA, EMÉRITO 2° parte

Héctor Rodríguez Espinoza

La vida corre tan rápidamente, que aquellos recuerdos de hace cuatro décadas, nos hacen ver lo efímero y volátil de toda la existencia.

V. HOMENAJE EN LA ACADEMIA MEXICANA DE DERECHO PROCESAL

En Querétaro, el 26 de octubre del 2005, en el Teatro de la República, se le brindó un Homenaje, dirigió las palabras de salutación:

“Maestra Silvia Rivera Damián, Rectora magnífica del Campus Querétaro de la Universidad del Valle de México. Licenciado y Magistrado Sergio Herrera Trejo, en representación del Tribunal Superior de Justicia. Maestro Javier Garfias, en representación de la Procuraduría de Justicia. Maestro Alfonso Rodríguez, Presidente de la Barra Queretana del Colegio de Abogados. Señor Roberto Doyle, Director General de Oxford University Press para México y Centro América. Señores Profesores y alumnos de las Escuelas de Derecho que nos acompañan. Amigas y hermanos que están conmigo.

En un día como hoy, hace 50 años, presenté en la Facultad de Derecho de mi alma mater, la Universidad Nacional Autónoma de México, el examen profesional que me permitió obtener el título de licenciado en derecho. Mis sinodales los profesores Francisco M. Velásquez, Niceto Alcalá Zamora y Castillo, quien me dirigió la tesis, Daniel González Bustamante, Fernando Ojesto Martínez y José Franco Serrato.

Agradezco con humildad a todos los que han propiciado este reconocimiento, omito caer en el lugar común de juzgar que no soy merecedor de tal homenaje; solo digo a todos que me siento empequeñecido ante tal distinción y rindo tributo respetuoso a este Templo Civil de nuestra República, cuna de nuestro constitucionalismo y sede del juicio que condenó a muerte al pretendido emperador extranjero enemigo de la República.

Querétaro es cuna de nuestras constituciones y cadalso de los sueños monárquicos de Maximiliano de Austria, que no de México.

Es momento de evocaciones, breves, pero que quisiera compartirles en 5 rubros:

VI. MI FAMILIA

Debo mencionar a mis padres, dadores de mi vida. Gracias a su carácter de normalistas, pues su vocación por la enseñanza la fui adquiriendo y heredando desde los primeros años. A doña Paulina Gómez Alonzo, tía hermana mayor de mi padre a cuyo lado llegué desde los 4 años de edad y que me condujo en mi niñez y en mi adolescencia, con esa rara mezcla de dulzura y rígida disciplina. También maestra de toda la vida y de quien sigo aprendiendo cada día. Alguien la calificó como un ser inmensamente poderoso en su paz y en su mansedumbre.

La vida estudiantil en una corta vacación europea me dio la fortuna de encontrar y conocer en Inglaterra a Karin Frode, compañera de mi vida con quien contraje matrimonio en 1958; ha sido y sigue siendo mi más grande apoyo y mi más rigurosa crítica y ha tenido la capacidad y la paciencia para adaptarse a nuestro país concluyendo aquí la formación universitaria que había iniciado en Alemania, su país de origen, amén de tolerarme con cariño y sacrificio en nuestros ya 47 años de matrimonio, dándome a nuestras 3 hijas, Carina, Lilly y Regina, las dos primera abogados y la tercera docente en diseño e historia del arte; nos han dado ya 5 nietos. De todos me siento muy orgulloso y recibo su apoyo y comprensión. Existe obligada alusión a mis 3 yernos Juan Carlos, Gerardo y José, caballeros y hombres de bien, para fortuna mía y de mis hijas.

VII. MIS PROFESORES

Desde la primaria hasta el posgrado siempre en escuelas públicas y oficiales he hecho un mero recuento aritmético que me ha llevado a alrededor de 90 profesores. Algo debo agradecerles a todos, pero es obvio que muchos se pierden en la bruma del tiempo y del olvido. Puedo señalar sólo a algunos que dejaron un mayor impacto en mi formación; mi profesor de 6° de primaria Ignacio Méndez, quien con cariño y firmeza me hizo confiar en mí. La Secundaria No. 1, de la Ciudad de México y la Escuela Nacional Preparatoria, nos dieron una pléyade de grandes profesores. Algún compañero querido de los años preparatorianos y que no nos acompaña físicamente, pero sí en espíritu, en un bello y objetivo parangón suele comentar que ingresamos a esos estudios como vulgares y comunes burros, pero culminamos nuestro paso por la enseñanza media convertidos en pegasos. Hay algo de cierto en ello.

Me limito en esta referencia, a los profesores de derecho que dejaron en mí la mayor influencia: destaco la figura del ilustre queretano Don Francisco M. Vázquez, profesor de derecho procesal civil y de quien fui pasante toda la carrera; mi relación con él me permitió conocer a otros 2 ilustres juristas de esta tierra: Don José María Truchuelo, constituyente del 1917 y Don Agapito Pozo, quien fuera presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El profesor Vázquez fue de los primeros que impartieron cátedra a las 7 de la mañana y por ello mereció el cariñoso apodo de El lechero, mote que se proyectó hasta nosotros, sus pasantes quienes nos convertimos en Los lecheritos. Mi maestro Vázquez, quien fungió en este recinto como secretario en sesiones del Congreso Constituyente de 1917, me ha ayudado aún después de muerto, pues en alguna ocasión una importante oportunidad de trabajo se decidió a mi favor con el dato que yo había sido su pasante.

Quiero dejar mención expresa de mis profesores tanto de la licenciatura como del posgrado, que me dejaron una huella muy importante: Niceto Alcalá Zamora y Castillo, Salvador Azuela, Eduardo Baz, Humberto Briceño Sierra, Ignacio Burgoa Orihuela, Raúl Cervantes Ahumada, Carlos Cortés Figueroa, Javier de Alva Muñoz, Carlos Echanove Trujillo, Roberto Esteva Ruiz, Eduardo García Máynez, Salvador Laborde, Adolfo Maldonado Cervantes, Roberto Mantilla Molina, Ignacio Medina Lima, Celestino Porte Petit, Rafael Rojina Villegas y Juan Manuel Terán Mata.

De don Eduardo García Máynez recuerdo la enorma distinción que me brindó al incorporarme, como su adjunto, en la cátedra de Estudios Superiores de Filosofía del Derecho.

VIII. MIS TRABAJOS Y MIS JEFES

Inicié mis labores formalmente profesionales en Sonora, en el año de 1957. Al lado de Don Víctor Manuel Azuela, ocupé el cargo de abogado del Departamento Jurídico del Gobierno y como profesor universitario en la Escuela de Derecho de la Universidad de Sonora, a invitación de su rector, el Lic. Luis Encinas Johnson. La experiencia sonorense fue muy rica y aleccionadora, pero para 1963 había cumplido su ciclo y entonces regresé a la Ciudad de México para iniciar los estudios de posgrado en la UNAM. Paralelamente obtuve, por oposición, la cátedra de derecho procesal civil que imparto ininterrumpidamente desde 1964. En el tránsito de unos cargos a otros destaco dos muy formativos: mi ingreso como secretario de estudio y cuenta a la Sala Civil de la Suprema Corte de Justicia al lado del Ministro Don Enrique Martínez  Ulloa, del año 1964 al 1966; y la designación como subgerente jurídico de Nacional Financiera, S.A., por el Dr. Adolfo Maldonado Cervantes en los años de 1966 al 1972. Nunca antes ni después tuve jefes tan profundamente sabios, pero también terriblemente exigentes que me obligaron a esforzarme para estudiar y para realizar las labores encomendadas con excelencia, rigor y puntualidad. Atesoro en mi haber vital el haber trabajado al lado de tales caballeros.

Recuerdo con veneración las virtudes de Don Adolfo, ilustre guanajuatense, políglota, profesor, autor de valiosos libros e inspirador principal del Código de Procedimientos Civiles de Guanajuato de 1934 y del Código Federal de Procedimientos Civiles de 1942, que con justicia la doctrina menciona ya como Códigos Maldonado.

IX. ACADEMIA, DOCENCIA E INVESTIGACIÓN

Afortunadamente apenas presentado mi examen profesional el 26 de octubre de 1955, al mes siguiente iniciaba viaje hacia Europa y llegué a Roma, Italia, en diciembre, para cursar en la Facultad de Derecho de la Universitá Degli Studi, la Procedura Civile con Antonio Segni, la Procedura Penale con Giovanni Leone y la Filosofía del Diritto con Cesare Sforza, estancia aleccionadora que se prolongó por gran parte del año de 1956 y que me proporcionó horizontes e instrumentos intelectuales útiles para el resto de la vida.

La labor de enseñanza a nivel de secundaria y de preparatoria ya la había iniciado desde el año de 1952, aún como estudiante de derecho. Al regreso de mi experiencia europea me incorporé a la Universidad de Sonora, del 1957 al 1963. Una estancia de verano académico durante 1963 en el Collegue Of Law de la Universidad de Arizona, en Tucson, me sirve de oportuna campanada de atención sobre la necesidad de continuar mi formación académica, me presiona para regresar a la Ciudad de México.

En el año de 1964 comienzo los estudios de posgrado en la UNAM y arranca una labor ininterrumpida de 41 años de la docencia y en la investigación. Culmino el doctorado en 1988 presentando la tesis Sistemática del derecho procesal. A través de todos esos años publico mis dos libros de texto fundamentales: Teoría General del Proceso y Derecho Procesal Civil, cuentan a la fecha 10 ediciones, el primero y 7 el segundo. La producción literaria es múltiple y va desarrollándose hasta el presente con la coordinación de obras colectivas como Los Estudios Jurídicos en Memoria del Dr. Ignacio Medina, el Diccionario de Derecho Procesal o la Sistemática del Proceso Civil, en la dirección de la Revista Cuadernos Procesales que sale a la luz por más de 5 años.

La prioridad ha sido siempre la labor académica, nunca la he abandonado. En los años difíciles de crisis económicas personales experimenté la necesidad de declinar una muy atractiva oportunidad laboral porque se me exigía que dejase totalmente de lado la academia, lo que obviamente con todo el dolor del bolsillo, tuve que rechazar.

Considero que la culminación de todos estos años de esfuerzo se ha dado ya con el otorgamiento en el año del 2003, que me hizo el Consejo Universitario y al concederme la categoría de profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México. También recibo este homenaje con toda humildad, pero con plena satisfacción.

X. MIS AMIGOS.

Uno de los grandes dones del ser humano es tener amigos; de esos que dan todo y no piden nada y nos toleran nuestros defectos y malos ratos; los que tenemos al lado tanto en los momentos de aflicción y pena, como en los de regocijo y felicidad.

Aquí hoy cuento con muchos de ellos a quienes agradezco su compañía, su presencia y apoyo. Estoy consciente, es claro, de mis amigos ausentes, que por muchas razones no me acompañan físicamente, pero están presentes en espíritu. Gracias a ellos también.

El profesor Carlos García Michaus, maestro respetado y venerado, amigo queretano desde hace muchas décadas. La Lic. Sara Santillán, distinguida miembro de nuestro Colegio Nacional de Profesores de derecho procesal. Mis compañeros desde los estudios de preparatoria, que vienen de la Ciudad de México, Sergio Fajardo Ortíz, Pedro Ojeda Paullada, Enrique Reinoso Gutiérrez, Pedro Solís Cámara y Francisco de la Rosa. Salvador Soto Guerrero y Sherry que vienen desde San Miguel Allende. Carlos Garibay Paniagua, que viene desde Colima. Valeriano Pérez Maldonado y Juan Manuel Arreola, quienes siempre están a mi lado apoyándome. Roberto Doyle y Flor de María Díaz Soto.

                                               GRACIAS A TODOS.”

XI. El Maestro Cipriano Gómez Lara falleció en noviembre del 2005. ¡Descanse en paz un Maestro de huella digna de conservarse!


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