Hermosillo versus Amsterdam



“Usted perdonará, pero no estoy de humor para escribir sobre la liberación condicionada del hombre que entró en nuestra casa regional y se llevó todo… menos nuestra dignidad.

Allá que lo festejen sus cómplices”

De un tiempo a la fecha hemos sido testigos de cómo las sucesivas autoridades hermosillenses se han empeñado en promover esta ciudad como una de las más atractivas para vivir en el mundo. Incluso no hace mucho apareció por ahí una lista en la que sorpresivamente Hermosillo ocupa un destacado lugar dentro de las 10 mejores ciudades del planeta. Esta pretensión fue festejada por la gente como una broma de pésimo gusto, y las estentóreas carcajadas se escucharon desde muy lejos. Bueno, no diré que la antigua “ciudad de los naranjos” no tenga ciertos atractivos, pero definitivamente dista mucho, pero mucho, de ser lo que dicen los que elaboran esas listas a cambio de (me imagino) alguna jugosa retribución monetaria por una propaganda inútil a la que nadie, o muy pocos, le dan crédito.

Entre los atractivos gastronómicos de Hermosillo, conocido también como “polvosillo”, “alergiosillo”, “naranjilandia”, “bachelandia”, o “fugalandia”, o como usted guste llamarle, tenemos los “dogos gourmet” que no se encuentran en ninguna otra parte del planeta. Comparados con los nuestros, los hot dogs gringos (una vulgar salchicha cocida metida entre dos mitades de pan untado con mostaza y catsup, cebolla picada y una cucharada de radish, (si bien va), son insulsos y corrientes. Los dogos gourmet de nuestra “dogolandia” tienen de todo: tocino, frijoles enteros con chorizo, media crema, mayonesa, mostaza, chiles jalapeños, camarones empanizados, lonjas de pierna de puerco, frijol nacido, pedacitos de marlín ahumado, y hasta tripitas de leche asadas… todo dentro de un descomunal pan alargado que parece un contenedor surcoreano.

También nuestra carne asada es mundialmente conocida. El inmortal “Poncho” Durazo con su Xochimilco de Villa de Seris, don Roberto Campillo con su inolvidable Jardín Corona (junto al Cerrito López) y “El Jefe” Colores con su excelente restaurant “Colores”, fueron los pioneros en esta especialidad. Hoy en día hay multitud de imitadores (buenos y malos), pero ellos fueron los primeros… y los mejores.

Me puse a buscar ciudades en otras partes del mundo con las que Hermosillo pudiera compararse en cuanto a dimensiones y población, y después de mucho buscar y rebuscar en mis libros y atlas mundiales, me topé con la ciudad de Amsterdam, Holanda. Una ciudad que a mí en lo personal siempre me ha fascinado, aunque jamás he tenido la oportunidad de visitarla, y probablemente nunca lo haga.

Amsterdam (es una ciudad con alrededor de 900 mil habitantes, solo la mitad de ellos neerlandeses de nacimiento. Hermosillo es quizá un poco más populoso -se dice que ya anda pegándole al millón de habitantes- de los cuales tal vez un tercio son (somos) son oriundos de esta ciudad. Amsterdam es una ciudad con más canales que Venecia, ciudad italiana famosa precisamente por sus canales. Hermosillo en otros tiempos tuvo multitud de acequias, que no califican como canales, pero que también llevaban agua para regar las milpas y huertas de naranja que había en las orillas de la ciudad. Amsterdam tiene 13 mil puentes en un espacio de apenas 200 km cuadrados, de los cuales la cuarta parte está cubierta por las aguas. Hermosillo tiene siete u ocho puentes o pasos a desnivel, y los baches y las fugas cubren casi la totalidad de la superficie urbana a lo largo de todo el año.

En Amsterdam hay cerca de 3 mil casas flotantes amarradas a lo largo de los canales. Aunque flotan en el agua, esos barcos no se mueven nunca. Pasan de un propietario a otro, de generación en generación, o se venden sin que medie hipoteca alguna. Uno de sus parques principales es el Oosterpark. La cadena de cafeterías más famosa de Amsterdam se llama “Bulldog”. En Hermosillo hay dos cadenas de cafeterías: Los importados “Starbuck” y los autóctonos “Caffenio”. Amsterdam cuenta con una casa de ópera llamada el Muziektheater. Hermosillo tiene su Casa de la Cultura y el Teatro de la Ciudad, y párele de contar. Desde luego, cáita de casa de ópera. No me imagino a la gente que entra en éxtasis escuchando a los Tigres del Norte, yendo a escuchar un recital (y menos una ópera completa) con Anna Netrebko y/o Rolando Villazón, por poner un par de ejemplos.

En Amsterdam se ubica el famoso “Barrio Rojo” que algunos hemos visto en las películas, o del que hemos escuchado hablar. Hermosillo ha tenido a lo largo de su historia varias “zonas rojas”. La más antigua se localizó en lo que hoy es la calle Chihuahua, que más que calle es un angosto callejón que corre paralelo a la calle Serdán, otrora la más importante de la ciudad. Luego estuvo muy cerca de donde hoy se localiza la agencia Volkswagen “Agrícola y Automotriz”. Posteriormente se movió un poco más hacia el norte y poniente, donde el mejor burdel se llamaba “El Palacio de Cristal” propiedad de María Astorga, y finalmente la movieron a lo que a mediados de los años 50 eran las orillas de la ciudad, en lo que hoy es el cruce de Periférico Norte y Solidaridad. “El barrio de las flores” fue llamada esa zona de las damas de la noche. El “Armida’s” y el “Zenaidas’s” eran los burdeles más conocidos y visitados. Esa última zona roja que hubo en Hermosillo fue eliminada por Héctor Guillermo “Temo” Balderrama, cuando fue alcalde… y desde entonces, gracias al “Temo”, las pirujas y los pirujos andan desparramados por todos los rincones de la ciudad, céntricos y no tan céntricos.

La Casa de Bolsa de Amsterdam se localiza directamente enfrente de las casas de putas del Barrio Rojo. Eso significa que en aquella ciudad el amor y el dinero van juntos y de la mano. El dinero y la prostitución siempre han sido compañeros de ruta, y tal vez algunas de las “señoritas” que practican en Amsterdam lo que se conoce como “el oficio más antiguo del mundo” aceptan acciones de empresas en vez de euros como pago de sus servicios. Más irónico todavía que la proximidad de la Bolsa a las putas, es el hecho de que el Barrio Rojo rodea por completo el Oude Kerk, o la Antigua Iglesia, el lugar de culto más grande y viejo de la ciudad. Construida en 1306 como una sencilla capilla de madera, a lo largo de los dos siglos siguientes los holandeses la estuvieron retocando y ampliando constantemente. Algún bromista llegó incluso a incrustar un par de pechos femeninos en el empedrado junto a la entrada principal… ¡Imagine usted nada más tamaña irreverencia! En los bancos del coro se ven tallas de hombres evacuando el vientre, lo cual hace pensar que en aquellos entonces las misas debían ser sumamente largas.

Santos y pecadores. Dios, religión y prostitutas. La parte central de esa zona de iniquidad los holandeses la llaman “los walletjes”, o “los muretes”. Es de suponer que, al igual que dicen de Las Vegas, Nevada, lo que sucede en los “walletjes” no sale de ahí, se queda ahí.

El Barrio Rojo de Amsterdam no es muy grande, tiene quizá una longitud equivalente a dos tramos de calle, pero hay cantidad de cosas y casas embutidas en esas dos manzanas. Por las noches las prostitutas son las más hermosas, muchas de ellas despampanantes europeas del Este traídas al país con falsos pretextos que luego se ven “atrapadas en el oficio”, como se dice en un alarde de delicadeza. Irónicamente, las prostitutas nocturnas son en buena medida una mera fachada. Por las mañanas y las tardes el barrio está más tranquilo, y es entonces cuando los clientes de verdad visitan a las señoritas del segundo y tercer turno de ocho horas, mucho menos atractivas, pero también mucho más eficientes.

Las habitaciones de las prostitutas se encuentran bordeadas por completo de luces de neón color rojo, casi cegadoras. Las habitaciones tienen también iluminación fluorescente, de manera que el escaso atuendo de las chicas reluce como el sol estival. Las chicas están de pié en los escaparates que se suceden ininterrumpidamente, a veces bailando, otras veces en poses eróticas. A la hora de la verdad la mayoría de la gente va al Barrio Rojo de Amsterdam tan solo a fisgonear, no a fornicar, aunque las camas siguen arrojando aproximadamente 500 millones de euros en transacciones al día.

Las alcobas del amor son de dimensiones sumamente reducidas, con un lavabo, un retrete y, naturalmente, una cama. Al lado del lavabo siempre hay un botón que las prostitutas oprimen en caso de emergencia. Entonces se presenta la policía y se llevan a rastras al cliente que se pasa la raya en busca de satisfacción. Es una de las zonas mejor vigiladas de la ciudad: tanto como haga falta para mantener el flujo de ingresos tributarios. Los alojamientos de las fulanas están separados únicamente por tabiques baratos, y a veces tan solo por una simple cortina. Queda claro que el negocio no requiere de mucho espacio, ni lujos para funcionar.

En fin, es evidente que Hermosillo no tiene punto de comparación con Amsterdam, como tampoco lo tiene con Melbourne (Australia), Vancouver (Canadá), Toronto (Canadá), Calgary (Canadá), Adelaide (Australia), Sidney (Australia), Helsinki (Finlandia), Perth (Australia) o Auckland (N. Zelanda), que son las 10 mejores ciudades del mundo para vivir, según la lista publicada hace un tiempo por The Economist.

Es comprensible el empeño que tienen las autoridades locales en elevar a nuestra ciudad a un nivel de excelencia, tratando de igualarla con otras ciudades extraordinarias. Me parece loable, pero eso no se logrará a base de maquillajes mediáticos, ni pagando cantidades extraordinarias por una propaganda engañosa. Se logrará, en todo caso, trabajando intensamente, sin descanso, día tras día, hasta eliminar los rezagos y superar las muchas carencias que tenemos, como ciudad y como sociedad. Y desde luego, se logrará queriéndola mucho, apasionadamente, como la amamos quienes aquí vivimos… bueno, unos más que otros, eso me queda perfectamente claro.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *