Una visita fantasma… y el mal humor presidencial

A diferencia de la dirigente nacional morenista, Luisa María Alcalde, que en su pasada visita a Hermosillo encabezó un evento masivo y ofreció una posterior rueda de prensa, su segundo de a bordo, el secretario de Organización, Andrés Manuel López Beltrán estuvo en la capital sonorense guardando un bajísimo perfil.

 

Fue un paso fugaz que se limitó a un encuentro privado con los organizadores territoriales de Morena y, según reportes periodísticos sostuvo también un encuentro con Jesús Valencia, un hombre que se integró al gabinete de Alfonso Durazo desde un inicio como coordinador de asesores, cargo en el que duró poco; en el pasado proceso electoral lo vimos como coordinador de campaña de los candidatos a las diputaciones federales y al senado de la República.

 

Tiene fama de ser un buen operador político-electoral y la reunión se explicaría porque el motivo de la visita de “Andy”, como no le gusta que le digan, fue precisamente para ir afinando detalles de la organización territorial del partido rumbo al 2027.

 

No ha trascendido prácticamente nada sobre los contenidos de ambos encuentros, más allá de lo anecdótico de haber prohibido ingresar al mismo con teléfonos celulares, lo cual incrementa el misterio de lo allí tratado y alimenta dudas sobre la confianza en los asistentes al primer evento.

 

Porque para venir a supervisar los avances del programa de afiliación y conminar a seguir entregando casa por casa el periódico Regeneración, como informó su homólogo en Sonora, David Mendoza, bien lo pudo haber hecho desde una reunión virtual o a través de un e-mail a los líderes territoriales.

 

Mendoza abundó que también los conminó a trabajar para ganar todos los cargos que estarán en jugo en las próximas elecciones, pero esa es una declaración de riguroso protocolo en estos casos.

 

Ciertamente, el hijo del expresidente de la República no es un hombre que tenga un especial afecto a aparecer frente a cámaras y micrófonos. De hecho, la mayor exposición mediática que ha tenido en toda su vida ha sido contra su voluntad o sin su consentimiento, aquella vez que lo fotografiaron saliendo de una tienda Prada en Tokio, donde dijo haber viajado después de sus extenuantes jornadas de trabajo.

 

Como secretario de Organización, Andy no ha rendido buenas cuentas. El año pasado Morena sufrió importantes descalabros en las elecciones de Veracruz y Durango, y sus maledicentes -que los tiene- se los adjudican a él.

 

No hay, pues, mucho qué reportar de la fugaz visita del polémico hijo de AMLO a Sonora; veremos si en los próximos días podemos averiguar algo de lo que se dijo y no quisieron que se supiera.

 

El propio López Beltrán subió algunas fotos a su cuenta de Instagram, de donde tomamos la que ilustra esta columna y en la que no alcanzamos a distinguir a ningún personaje relevante de la nomenklatura morenista.

 

II

 

Qué terrible noticia la que llega desde San Luis Río Colorado, donde una madre de familia denunció que su hijo, de 17 años de edad fue invitado por unos militares a beber alcohol y consumir sustancias, pero terminaron abusando sexualmente de él, provocándole lesiones que lo tienen hospitalizado.

 

Los militares se dieron a la fuga.

 

Los mandos de la Sedena deberían ser los principales interesados -y ocupados- en resolver este caso que mancha a la institución, pero sobre todo, que deja un profundo trauma en la víctima, en su familia y en la comunidad sanluisina.

 

III

 

El mal humor presidencial

 

 

La presidenta Claudia Sheinbaum no es, en términos de alegorías festivas, una castañuela. Diríase que se le dificultan las sonrisas, y las gracejadas adquieren en su discurso un aire que agradecería un insert de risas grabadas.

 

Y está bien, porque es presidenta, no comediante, aunque como política con ya varias décadas en labores de proselitismo que obligan a la convivencia y a la cercanía con la gente; al reparto de besos, abrazos y sonrisas, debería tener más templanza para lidiar con situaciones propias de la brega política.

 

La presidenta le ha copiado a su antecesor hasta el modito de hablar, sin embargo, está lejos de poseer la cachaza, la resbaladiza piel, la capacidad de improvisación de AMLO y a veces se le dificulta disimular su carácter más bien adusto.

 

En las últimas semanas esto ha sido más notable. Los y las diputadas de Baja California que en San Quintín le gritaban por una selfie lo saben bien. La presidenta les pegó un regañadón que si me lo hubieran dado a mí, inmediatamente me habría ido a exiliar a algún monasterio tibetano por unos diez años.

 

Les pasó lo mismo a los damnificados de una inundación en Puebla y más recientemente a habitantes de San José de Chiapa, también en Puebla, que protestaban por la instalación de un tiradero de basura para reciclar cerca de su comunidad.

 

Se ensañó antes con sus críticos cuando se exhibió a una funcionaria pública bronceando sus piernas en un balcón de Palacio Nacional, pero en privado debió hacer un coraje épico con sus operadores mediáticos que la llevaron a creer que todo se trataba de una fake news creada con inteligencia artificial, mentira que no se pudo sostener y obligó a uno de sus funcionarios a salir a ofrecer disculpas y ya como daño colateral, hubo de despedir a la tal funcionaria.

 

El ejercicio del poder exige graves responsabilidades y también mucha templanza para no exhibir debilidades. Reaccionar airadamente y hasta con furia puede justificarse entre quienes no tienen responsabilidades públicas, pero en alguien que trae en sus manos las riendas de un país, esos arranques la vuelven vulnerable, porque sus adversarios descubren los flancos por los que fácilmente pueden sacarla de sus casillas.

 

La presidenta, hay que decirlo, a veces no se ayuda mucho. En un país donde casi un tercio de la población se encuentra en la franja de pobreza alimentaria (no le alcanza para la canasta básica), un día sugiere que comer frijoles con arroz es como comer carne, en cuanto a la ingesta de proteína. Otro día dice que si a los automovilistas no les alcanza para comprar gasolina Premium, pues que carguen Magna.

 

Estos últimos dichos han desatado un alud de memes de ácida crítica que seguramente contribuyen a alimentar el mal humor de la presidenta, a quien por cierto, últimamente se le ha visto sonreír solo en los encuentros con directivos de Coca Cola, patrocinadores del Mundial 2026; los inversionistas de BlackRock y hasta con Donald Trump, todos ellos situados, por cierto, en las antípodas de la formación político-ideológica de Claudia Sheinbaum.

 

Qué cosas…

 

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