+Basureros a cielo abierto, quema de gavilla y uso indiscriminado de agroquímicos están deteriorando la salud de la población; ambientalistas advierten omisión de autoridades.
Por Fabián Pérez
ETCHOJOA, Sonora.— La creciente contaminación ambiental en la región del Mayo se ha convertido en un problema de salud pública que, lejos de ser atendido, continúa agravándose ante la falta de acciones concretas por parte de las autoridades. Basureros a cielo abierto, la quema constante de basura y gavilla, así como el uso indiscriminado de plaguicidas en los campos agrícolas, configuran un escenario que ya impacta directamente en la calidad de vida de miles de habitantes.
El ambientalista de Etchojoa, Maximo Ibarra Borbón, advirtió que estas prácticas están generando un aumento preocupante de enfermedades respiratorias y alérgicas, principalmente en niños menores de cinco años y adultos mayores.
Padecimientos como conjuntivitis, sinusitis y asma se han vuelto cada vez más frecuentes, llegando incluso a derivar en hospitalizaciones y tratamientos intensivos.
Uno de los factores más críticos es la proliferación de basureros a cielo abierto, los cuales no solo contaminan el suelo y el agua, sino que también liberan gases tóxicos al entrar en combustión.
A esto se suma la quema de gavilla durante las temporadas agrícolas, práctica que, aunque común, libera humo cargado de partículas dañinas que afectan directamente las vías respiratorias de la población.
Durante el periodo de trillas, explicó el ambientalista, el polvo generado por los esquilmos agrícolas se dispersa en el ambiente, agravando aún más los problemas respiratorios.
Esta situación se intensifica con la quema de residuos agrícolas, considerada una “bomba” para quienes padecen enfermedades pulmonares crónicas.
En el ámbito agrícola, el uso excesivo de plaguicidas y agroquímicos representa otro riesgo latente. Algunos de estos productos contienen sustancias que no se degradan fácilmente, permaneciendo en el suelo y el ambiente durante años, lo que incrementa la exposición de la población a compuestos potencialmente tóxicos.
Ibarra Borbón subrayó que el problema no solo radica en la contaminación visible, sino en sus efectos acumulativos en la salud pública.
Señaló que, mientras se destinan recursos importantes a hospitales y medicamentos, no se atienden las causas de fondo que originan estas enfermedades.
“El campo en la región del Mayo está contaminado en varios frentes. No se trata solo de la quema de gavilla o de los basureros clandestinos, sino de un conjunto de prácticas que reflejan un rezago en materia ambiental”, expresó.
Asimismo, criticó la falta de interés de las autoridades municipales, a quienes acusó de priorizar intereses políticos por encima de la protección ambiental y la salud de la población.
Ante este panorama, hizo un llamado urgente a la Secretaría de Salud y a las instancias ambientales para intervenir de manera integral y frenar el deterioro que enfrenta la región.
El Valle del Mayo, una de las zonas agrícolas más importantes de Sonora, enfrenta así un desafío que pone en riesgo no solo su productividad, sino también el bienestar de quienes habitan en él.
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