En el Conversatorio con Rita Segato en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), la antropóloga argentina planteó la idea de la masculinidad como un mandato social que los hombres deben demostrar ante los demás.
«La masculinidad es un título, no es un dato de la naturaleza, es un título que los hombres tienen que adquirir».
Desde su perspectiva, la masculinidad funciona como una prueba constante, en la que no basta con ser reconocido como hombre; también hay que demostrarlo ante otros hombres, conseguir su aprobación y evitar aquello que socialmente se interpreta como debilidad. La mirada de los pares se convierte así en una forma de vigilancia y exigencia.
Segato explica que esta presión ayuda a comprender por qué algunas formas de violencia no pueden analizarse únicamente como decisiones individuales. En su planteamiento, también importa el reconocimiento que el agresor busca ante otros hombres y la necesidad de demostrar que cumple con las expectativas de la masculinidad.
Esto no significa que todos los hombres sean violentos ni que la violencia tenga una sola explicación. Significa que debemos examinar las normas sociales que pueden justificarla, premiarla o convertirla en una forma de obtener reconocimiento.
¿Qué pasaría si educáramos a los niños para que no tuvieran que probar su hombría mediante el control, la competencia o la imposición? ¿Podríamos construir otras maneras de relacionarnos, en las que expresar miedo, cuidar a otras personas o reconocer la propia vulnerabilidad no se viviera como una pérdida de masculinidad?
Quizá el cambio no consista en enseñar a los hombres a demostrar mejor que son hombres, sino en permitir que crezcan sin tener que someterse a esa prueba.
¿Crees que las próximas generaciones lograrán transformar este mandato social o seguirá reproduciéndose de otras maneras? Te leo en los comentarios.
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