Los culpables de las crisis

 

Bulmaro Pacheco

Domingo 8 de noviembre de 2026

La creación de los organismos electorales como el INE (ex IFE) y el Tribunal Electoral (TEPJF) representó un gran avance para resolver los problemas políticos generados por la insatisfacción y las inconformidades ante resultados electorales poco creíbles, que daban lugar a manifestaciones callejeras que casi siempre derivaban en violencia, u otras formas de inconformidad como las huelgas de hambre o la toma de edificios públicos, porque el gobierno federal y los gobiernos de los Estados controlaban los procesos electorales y terminaron siendo rebasados por una nueva realidad.

La creación de dichos organismos electorales, que trajeron paz y estabilidad política —por ejemplo, la anulación de las elecciones en Colima y Tabasco—, fue equivalente a la creación de la “representación proporcional” para tratar de resolver los problemas de la violencia política de los sesenta y los setenta del siglo pasado ante agrupaciones sociales que demandaban nuevos partidos, ampliación de la representación y nuevas formas de inclusión política (la integración de las minorías) ante la hegemonía de un partido dominante.

El sistema político se abrió para garantizar el derecho al voto para elegir a las autoridades de la Ciudad de México (antes la regencia) a partir de 1997 y, desde entonces, las izquierdas no han soltado el poder en esa circunscripción geográfica.

También surgieron nuevos partidos políticos, impulsados por una representación variopinta de ideas e intereses, que dieron una batalla importante para consolidar los procesos democráticos de México: nuevos organismos electorales, la novedad de la representación proporcional en el Congreso federal, los congresos locales y los ayuntamientos, así como nuevos partidos políticos para ampliar la representación ciudadana a todos los terrenos de la vida política nacional.

Todo eso se logró escuchando a opositores influyentes como Porfirio Muñoz Ledo, Carlos Castillo Peraza, Heberto Castillo, Luis Sánchez Aguilar, Luis H. Álvarez y Diego Fernández de Cevallos, y a dirigentes empresariales, entre muchos otros que aportaron ideas concretas para resolver los problemas políticos que a cada rato derivaban en crisis recurrentes y movilizaciones.

Todos esos cambios se concretaron también en reformas constitucionales y legales que garantizaron años de paz y estabilidad política, y dieron lugar a otras reformas de avanzada, como las realizadas en 2013, que autorizaron la elección consecutiva (reelección) de legisladores y alcaldes.

También se legisló contra el nepotismo en las administraciones públicas para combatir esa deformación en la que los jefes políticos sienten que sus familiares son los indicados para desempeñar cargos públicos, aunque no cuenten con la capacidad ni las habilidades para desempeñarlos.

Todo eso se detuvo con la llegada de la auto-llamada Cuarta Transformación al poder a partir de 2018.

Se canceló el diálogo con los que piensan diferente a quienes ejercen el poder en la federación y en los Estados.

Se echaron abajo importantes reformas que se realizaron para modernizar al gobierno y garantizar la gobernabilidad.

Crearon una narrativa de “cero culpables” de los errores cometidos en el ejercicio del poder. Tanto en las crisis del sistema de salud como en las de seguridad pública, que no han podido resolver ni atender con eficacia, “los culpables” no son ellos sino los que ejercieron el poder en el pasado, básicamente de 1983 a la fecha, el año (el primero del presidente De la Madrid) que ellos han señalado como el que dio paso al tan llevado y traído “neoliberalismo”, el culpable de todos nuestros males.

La llamada era de los “gobiernos neoliberales” (sic) viene siendo algo así como el marco teórico de la auto llamada 4T para generar explicaciones y pretextos que fundamenten las acusaciones al pasado por sus propias crisis.

Echar culpas al pasado ha sido el gran invento de su narrativa política para justificar sus errores y tratar de vender una realidad que a cada rato les explota entre las manos ante nuevas circunstancias y nuevos problemas que ha generado el nuevo estilo de gobierno impuesto en México de 2018 a la fecha, por varias razones:

La auto llamada 4T está integrada por expriistas, experredistas y expanistas que creyeron que, convirtiéndose a Morena, iban a limpiar su imagen.

Resultaron todo lo contrario. También por una abundante carga de parientes que echaron abajo las reformas realizadas para combatir el nepotismo en las administraciones.

Los convertidos han utilizado sus experiencias para sacar tajada de la novatez administrativa de los nuevos funcionarios, a través de su conocimiento de los entramados de la administración pública, para lograr beneficios personales y de grupo que a cada rato les explotan en escándalos (huachicol, aduanas, excesos financieros, obras mal construidas, etc.).

También la regresión ha sido la marca de la casa en estos ocho años de ejercicio del poder casi absoluto:

Atacaron con todo al INE y terminaron por colonizarlo para que le sirviera al partido Morena en el poder. Ahora no hallan cómo deslindarse de esa colonización ocurrida a partir de 2023 y quieren aislar a su partido de los manejos de la institución y de los escándalos de corrupción recientes.

Colonizaron al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para convertirlo en un tribunal de Morena, y ahí está a su servicio, dándole la razón en todo al oficialismo. La presidenta en turno renunció sin motivo alguno y se dice que espera una oportunidad en el servicio exterior mexicano.

Buscaron desaparecer a los diputados plurinominales y no supieron cómo vender la reforma, a tal grado que sus aliados, como el Partido Verde y el del Trabajo, se les rebelaron. Al final, el proyecto de reforma que generó tensiones se frustró, aunque al parecer permanece en observación.

Legislaron —violentando la autonomía municipal— para reducir el número de regidurías en los ayuntamientos con el propósito de disminuir la representación política, aunque el pretexto haya sido el “costo de la democracia” (sic).

Y su obra maestra: Colonizaron a la Suprema Corte de justicia con Morenistas a través de la elección con acordeones algo que ha impactado la incertidumbre y la desconfianza para la Inversión privada en una economía que se niega a crecer.

¿Dónde están entonces los culpables de las crisis políticas recientes?

¿En el gobierno actual o en el pasado?

Porque se cumple aquello de que en política —en México— “todo tiempo pasado fue mejor”. Y ahí están las reformas y las regresiones para probarlo.

bulmarop@gmail.com

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