Adalberto Rosas y el Pacto del Río Yaqui


Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

            En mayo se cumplirán diez años de la firma del Pacto del Río Yaqui, y este 25 de enero se cumplen tres años del fallecimiento de Adalberto Rosas López. La defensa de las aguas del Río Yaqui en contra de la imposición y operación del Acueducto Independencia, hace que estos dos aniversarios guarden una relación íntima. Rosas López fue quien concibió la idea de conformar una alianza entre los productores rurales, la sociedad civil y los yoremes, para resistir a la embestida de los intereses privados que, aliados con el gobierno corrupto de Guillermo Padrés, reposicionaron la vieja ambición de desviar las aguas de Río Yaqui para alimentar sus grandes negocios inmobiliarios en la ciudad de Hermosillo. Atropello que se mantiene con la complacencia del actual gobierno federal que se niega a acatar las disposiciones legales que establecen su suspensión.

 

            Adalberto, era un organizador natural y reconocía el apego que los procesos sociales tienen a los referentes emblemáticos. Sabía de la fuerza moral que conlleva la firma de un compromiso y conocía el impacto histórico que representa concitar a una diversidad de expresiones en una causa común. En especial identificaba el poderoso ingrediente de la Tribu Yaqui en una lucha que desde sus inicios se advertía desigual, por la poderosa red de intereses y complicidades que encontraron en Padrés al personaje despojado de todo escrúpulo y al instrumento ideal para ir al asalto de las aguas del Río Yaqui.

 

Así es como se concibió el Pacto del Río Yaqui, resultado de intensas deliberaciones con integrantes de la Tribu Yaqui, muchas de ellas ocurridas en las oficinas del mismo Adalberto, ubicadas al fondo del traspatio de su domicilio particular. El proceso no fue fácil, se tuvo que bregar con viejos prejuicios ideológicos, tanto del lado de los yoremes como de los productores. Pero lo justo de la causa le dio luz a los sólidos argumentos a favor de construir una plataforma animada por el principio de pueblo, y no simplemente por la defensa de un sector de la sociedad. El pronunciamiento trascendió la postura reactiva en contra de una obra perniciosa para la región y tomó responsabilidad por la solución al problema hídrico de Sonora y del país.

 

La mañana del 5 de mayo del 2010, birlando las amenazas de sabotaje del gobierno, un amplio contingente de productores, sociedad civil, autoridades tradicionales y tropa yoreme, firmaron el pacto, en el cauce del Río Yaqui, muy cerca de la Loma de Bácum. Semanas después vendría Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano para signar el documento y respaldar sus contenidos. Desde entonces se señaló la irresponsabilidad de organismos como CONAGUA y se especificó que la construcción del Acueducto Independencia camina en contra de resolver el problema de desabasto de agua que padece Sonora. Se puntualizó que obras como el acueducto fortalecerían la tendencia deficitaria de la Cuenca del Río Yaqui y aumentaría el desabasto de agua para las actividades productivas de las comunidades yaquis y del sur de Sonora, afectando la participación de la región en la producción nacional de granos básicos.

 

Se hizo el compromiso de ser promotores e impulsores de una política de inversión pública orientada a la gestión de más agua para Sonora, empujando el prometedor horizonte de la desalación de agua de mar y los grandes proyectos de infraestructura como el Plan Hidráulico del Noroeste, (PLHINO), para garantizar la suficiente disponibilidad de agua que permita cubrir las necesidades presentes y futuras que reclama el desarrollo económico de toda la región. Inspirados en el juramento de la Tribu Yaqui, se asumió el compromiso de luchar, como una guardia civil permanente, para asegurar que el destino histórico de las aguas del Río Yaqui conserven su propósito original: ser aprovechadas para la producción de alimentos y contribuir así a la grandeza de México.

 

Cuando el pacto se firmó, se apuntó también, que se hacía a cien años de la Rvolución Mexicana y muy cerca de cumplir cincuenta años de la Revolución Verde. Los firmantes inscribieron el acto en tal contexto, para decir que con ello se le daba vida a la historia al retrotraer la intención del presidente Lázaro Cárdenas y la de Norman Borlaug de estimar el agua como un insumo para el desarrollo y el bienestar de todo el pueblo. Asentaron entonces, que Sonora vive en esas personalidades y los sonorenses participan de esa intención, con el ánimo de convertir a estas tierras en la cuna de la revolución hidráulica que el futuro de México necesita con urgencia.

 

Hace diez años los protagonistas de la firma del Pacto del Río Yaqui, estimaron que el espíritu de Lázaro Cárdenas y el de Norman Borlaug, se mantienen observantes, “ellos nos ven y nos escuchan, como también nos escuchan los que están por venir. La intención de los que se fueron y de los que vienen arde como una llama bondadosa en nuestros corazones. La voz y palabra que se plasma en este documento que consigna el Pacto del Río Yaqui, abraza el pasado, el presente y el futuro. Si cumplimos el pacto que hoy hemos hecho, debemos de tener la seguridad de que un día seremos plenamente libres y que la eternidad reservará un lugar para todos nosotros”.

 

Los tiempos que estamos viviendo, y la memoria de Adalberto Rosas López, reclaman la ratificación del pacto.

 

Ciudad Obregón, Sonora a 24 de enero de 2020

 

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