Agustín Rodríguez L.
+ La gasera y los temores de ser una bomba de tiempo; el comercio la mira con esperanza: atraerá una inversión de 6,800 millones de pesos, que detonará el crecimiento de la economía, capacitará a los jóvenes y obligará a mejorar los servicios
GUAYMAS, Son. – Hay muchos comentarios, muchos de ellos negativos, tras el anuncio sobre la licitación cumplida y obra asignada para crear la planta de licuefacción de gas en este puerto.
La gente da oídos al rumor de que una instalación del tipo es una bomba de tiempo, entre otros muchos factores negativos.
Pero los expertos prefieren explicar objetivos y hablar de soluciones para hacer eso que ya es común en otros muchos lugares del mundo donde se han desarrollado estos proyectos.
Un ejemplo es la observación de un experto local exponiendo la importancia de garantizar la materia prima, el gas, que no alcanzaría con el gasoducto Sásabe-Guaymas, y eso arriesga la operación del proyecto gasero Amigo LNG para suministro eléctrico del noroeste de México.
Sin embargo, es fácil resolver eso con nuevas estaciones de compresión o un gasoducto transfronterizo independiente. Solo retrasaría un poco el cronograma. Cierto, hay riesgos, pero la autoridad debe asumirlos sin ocultarlos, además de abrir el debate sobre las soluciones.
Los ambientalistas son latosos, pero es preferible a que no existan y dejen hacer y deshacer en perjuicio de nuestro entorno. Cuando les cumplan con información que no todos podemos tener –ni siquiera sabemos a quién pedirla— avanzará este macroproyecto de 6,800 millones de dólares, una oportunidad comercial para posicionar a Sonora en la ruta energética global.
Por lo pronto, resolvamos el tema social, que la empresa –un enorme consorcio trasnacional que incluye a mexicanos– todavía está resolviendo el cuello de botella físico de suministro, sin descuidar la licencia social cuya obtención depende de la transparencia. Sin eso, el proyecto seguirá frenado en un limbo legal y social.
Puntos buenos son que, al licitarse y asignarse la obra, se habla de comenzar, a ver si en 2026, con 1,500 empleos para la industria de la construcción y, al operar, 350 empleos permanentes.
Un análisis del Dr. Guillermo Soberón Chávez, resume que el beneficio real dependerá de la reinversión fiscal en infraestructura de servicios en las colonias locales.
El proyecto hoy suspendido por un Juzgado Federal por presuntas irregularidades en la consulta pública, acusa opacidad documental al detectarse secciones censuradas en el Manifiesto de Impacto Ambiental entregada a la ciudadanía. Estaría ocultando riesgos tecnológicos reales y por eso hubo más de 4,800 observaciones técnicas ingresadas en contra del proyecto.
Pero una inversión así también tiene muchos lados positivos. Es una Inversión Extranjera Directa que funciona como un motor de desarrollo a largo plazo, al multiplicar la recaudación fiscal con impuestos indirectos derivado del consumo de las nuevas operaciones y sus empleados.
Genera empleo formal en sectores de alta especialización, como ocurre en la industria maquiladora que, desde hace más de 3 décadas, con todo y sus muchos problemas que nos crea, emplea y capacita en áreas como la automotriz, aeroespacial y tecnológicas en general.
Atrae a comercios informales hacia la economía formal para poder ser proveedores autorizados e inyecta recursos a la economía local que, la verdad, siempre está entre deprimida y peor.
Una inversión así generalmente se enfoca en plantas de manufactura avanzada y eso dispara las exportaciones, mejorando la balanza comercial global; en el camino transfiere tecnología y conocimiento al instalar maquinaria de última generación e introduce procesos avanzados, que obligan a capacitar al talento local bajo estándares internacionales.
Forman pues, profesionistas y técnicos más competitivos para el futuro, remarca el Dr. Soberón.
En cuanto a la derrama, cuando una empresa trae sus propios insumos y directivos extranjeros, el beneficio inmediato no está en las compras locales ni en el empleo masivo operativo, sino en los impuestos que pagan sus ejecutivos y personal. Los sueldos suelen ser muy elevados en el sector de alta tecnología.
Añade: “Este personal genera una fuerte derrama económica indirecta. Al vivir en el país, consumen vivienda de nivel residencial, servicios privados, colegiaturas, entretenimiento y transporte. Inyecta dinero en el comercio local”.
Por eso el presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Guaymas, Julio Saldate, habla con entusiasmo de su participación para informar a los inversionistas sobre las bondades de Guaymas y la capacidad para cumplir con la proveeduría.
El análisis del doctor Soberón lo cita: “Cuando la inversión es de alta tecnología, la utilidad nacional va más allá de la recaudación inmediata: Aunque inicialmente importen todo, con el tiempo las empresas necesitan desarrollar proveeduría secundaria local (empaques, mantenimiento, logística especializada, calibración de laboratorios), y esto obliga a las pequeñas y medianas empresas nacionales a modernizarse y certificarse internacionalmente.
Forma talento local que trabaja junto a los expertos extranjeros absorbiendo conocimientos especializados y “en unos años, este talento local suele independizarse, fundar sus propias empresas tecnológicas o asumir puestos de alta dirección en el país”.
Tiene aspectos negativos la inversión, por supuesto, pero también positivos.
Debemos entonces tener información a la vista de quiénes opinan en uno y otro sentido, además de los análisis imparciales sobre sus planteamientos y el criterio de la autoridad.
Solo así seremos capaces de determinar qué queremos, si seguir cuidando la naturaleza en medio de la ruina –y por eso no la cuidamos bien–, o industrializarnos con especializaciones tecnológicas que no tienen por qué reñir con la tarea pesquera o el turismo.
Todo puede hacerse, coordinado, partiendo del adecuado plan que permita aprovechar lo mucho que tenemos, no necesariamente dejándoselo a nuestros líderes y a su capacidad de respuesta. Eso nos vuelve una sociedad apática solo reactiva al estímulo que no siempre busca lo bueno.
Sin embargo, la gasera hace reaccionar a la sociedad y eso es bueno, porque no se ha visto esa misma reacción cuando se le planteó que el “Acuario del mundo”, el mar de Cortez, tiene cada día menos especies; o que el drenaje de la ciudad derramado todos los días acumula enfermedades que nos están matando –no es exageración– y luego culpamos al IMSS por servicios saturados.
De paso, en Altamira, Tamaulipas, comenzaron hace 20 años estos proyectos cuando se trató de importar gas para consumo nacional. Luego, Texas descubrió ricos yacimientos y nos lo trajimos de allá, mucho más barato, así que nos asociamos y exportamos al mundo.
Desde entonces se pensó en la lejanía del mercado asiático partiendo del golfo de México e ir a dar la vuelta por el saturado canal de Panamá. Guaymas es la solución, trayendo el gas tejano por nuestra frontera por un gasoducto que ya existe y, si no es suficiente, se haría otro, explicando bien todo lo que hace por dañar lo menos posible el ambiente.
No dejemos ir la posible solución a nuestras crisis recurrentes. Al contrario, aprovechemos la oportunidad de unir criterios y lograr que la ley y el orden prevalezcan en el diseño del futuro regional que se muestra amplio, aún con las amenazas de todo tipo que el avance implica.