Ya investida como pre-precandidata de Morena y sus aliados a la gubernatura (dejemos de lado el eufemismo de la coordinación), Lorenia Valles comenzó a mostrar un buen manejo de su mano izquierda para procesar las secuelas que dejó su designación que, dicho sea de paso y a juzgar por los resultados de la encuesta publicados ayer, ganó consistentemente.
En un mensaje dirigido a la opinión pública en general, pero a los aspirantes a ese cargo en particular, la senadora con licencia expuso que el movimiento es más grande que cualquier aspiración personal y lo que importa no es el cargo, sino el encargo”.
A partir de hoy, dijo, somos un solo equipo y seguiremos defendiendo los logros de la cuarta transformación, respaldando el trabajo de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum y del gobernador Alfonso Durazo.
Palabras que llaman al diálogo, al acercamiento y a la conciliación, y que por lo mismo llevan implícito el reconocimiento de que el resultado final dejó algunas heridas abiertas, lo que por cierto es hasta natural en todo proceso interno.
Pero más que una buena mano izquierda, lo que se va a requerir es un auténtico pulso de cirujano para llevar a cabo la llamada ‘operación cicatriz’, porque no fueron raspones que se curan con vitacilina los que acusaron algunos de los aspirantes, sino heridas que requerirán atención postoperatoria, ya que el camino apenas comienza: falta por definir las coordinaciones en distritos federales, locales y en los ayuntamientos.
Si algo dejó claro el proceso, es que las llamadas ‘tribus’ que en su momento fueron la kryptonita del PRD, cuando entraron en una espiral de conflictos internos que los llevaron a escisiones y rupturas dolorosas, si bien se encuentran estatutariamente prohibidas en Morena, no dejan de estar presentes.
En algún momento, el diputado local David Figueroa identificó al menos tres grandes bloques que coexisten en Morena, a saber: los integrantes de ese sector de jóvenes y no tan jóvenes militantes que el gobernador se ha empeñado en presentar como la hornada de una nueva clase política forjada bajo los principios que rigen su gobierno; los llamados ‘fundadores’ que reclaman para sí una especie de ‘derecho de antigüedad’ para ser tomados en cuenta a la hora de integrar gobiernos y participar como candidatos; por otro lado están los aliados, hombres y mujeres que se incorporaron a Morena provenientes de otros partidos, y que bajo la consigna (que el gobernador ha repetido varias veces) de que ‘no importa de dónde venimos, sino a dónde vamos’, también piden ser considerados en la búsqueda de posiciones, ya en la boleta electoral, ya en la estructura administrativa o partidista.
Con esta hora, ni Javier Lamarque, ni Célida López ni María Dolores del Río han hecho público un posicionamiento claro, conciso y macizo, de cierre de filas en torno a la pre-precandidata. Al alcalde de Cajeme le preguntaron, al término del evento en el que se hizo el anuncio por parte de la dirigente nacional Ariadna Montiel sobre su apoyo a Lorenia Valles, y respondió que él apoyaría a la cuarta transformación, de la que forma parte la senadora -tuvo el acierto de decir-, pero el momento no era para ambigüedades.
Célida López tiene tres días que no postea en su cuenta de X y tampoco lo ha hecho la exsecretaria Anticorrupción, María Dolores del Río.
Que los silencios también comunican, es una verdad de Perogrullo.
En descargo, hay que decir que es demasiado temprano para superar el duelo, sobre todo de quienes se pensaban suficientemente competitivos, y que de hecho lo fueron, pues de acuerdo a los datos de la encuesta publicada por la dirigencia nacional morenista, los resultados hablan de un virtual empate técnico en varios reactivos, aunque en la suma total de los rubros evaluados, Lorenia Valles resultó con una ventaja muy amplia.
Lo que sí trascendió fueron imágenes de un encuentro llevado a cabo en el restaurante El Mayor -sí, el mismo en el que alguna vez cenó AMLO con las entonces corcholatas presidenciales y de donde salió el acuerdo que derivó en una salida negociada en la que nadie quedó fuera del proyecto- entre Citlalli Hernández, la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, y Célida López. También se dice que Citlalli se reunió ahí mismo con Javier Lamarque, pero de eso no hubo testimonio gráfico.
En todo caso, de lo que hablaron solo ellos lo saben.
Los usos y costumbres de la política mexicana han vuelto ley no escrita, que el candidato (en este caso candidata) a la gubernatura tenga poder de voto y de veto en los procesos para la designación del resto de las candidaturas, que en el caso de Sonora son 100 (72 alcaldías, 21 distritos locales y siete federales) más las plurinominales. En los tiempos de la 4T, si bien el método es la encuesta, claramente los actores políticos relevantes del poder local tienen participación en el proceso.
Y allí es donde se pondrá a prueba el pulso de cirujano, y desde luego, la capacidad del equipo en el quirófano donde se lleve a cabo la operación, pues es sabido que esa intervención no es de una sola persona, sino de varias, incluyendo desde luego al jefe del quirófano, que para seguir con la alegoría médica, vendría siendo el doctor Durazo.
Esto, señoras y señores, apenas comienza.
II
Contundente respuesta del Partido Verde Ecologista de México en Sonora frente a las acusaciones que hiciera el dirigente del Partido Sonorense, Alí Camacho, en el sentido de que había recibido amenazas de muerte por parte de un enviado de su homólogo en el Verde, Manuel Ignacio Acosta “El Maloro”.
“Rechazamos de manera categórica cualquier señalamiento que vincule a nuestra dirigencia con actos de intimidación o violencia. Son afirmaciones falsas, sin el menor sustento y ajenas a la forma en que el PVEM hace política en Sonora”, establece en un comunicado.
Condena además toda forma de violencia o amenaza contra cualquier persona y celebra que el denunciante haya acudido ante la autoridad pues “es ahí y no en las redes sociales donde deben dirimirse señalamientos de esta gravedad”, agrega, puntualizando que confían en la Fiscalía y ponen a su entera disposición a su dirigencia para colaborar en todo lo que se requiera.
En el desplegado lamentan también que la legítima competencia ente partidos se pretenda llevar al terreno de las acusaciones sin pruebas, y dicen que se reservan el derecho de ejercer las acciones legales que correspondan “en defensa de la honra y la reputación de nuestra dirigencia”.
Tómala.
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