Surge una nueva corriente política: la Malorenia

Cuando se anunció la incorporación del “Maloro” Acosta a las filas del Partido Verde, y su posterior nombramiento como dirigente estatal, los más bisoños activistas de teclado, filopanistas y filopriistas que se disputan los ‘likes’ en las redes sociales, dejaron ver un mohín de ironía, cuando no una sonora carcajada anotándose otra de sus ‘espectaculares’ victorias morales.

 

Las victorias electorales no se les dan mucho desde 2018, así que deben conformarse con el regocijo del ‘engagement’, porque las urnas apenas les dan para una rabieta.

 

Naturalmente, tenían que celebrarlo. ‘Ahora sí’, festejaban, ‘en Morena tendrán que pasar el trago amargo de sumar a las filas de sus aliados a un ex priista, alguien a quien criticaron y combatieron. Qué bueno. Qué felicidad’.

 

Entre la gente pensante del PRI y del PAN el anuncio no fue tan regocijante. Y es natural. En esos entornos donde hay materia gris, donde tienen el mapa del comportamiento electoral de los sonorenses después de la última edición del bipartidismo en 2015, lo que cruzó por sus cabezas fue una sombra de preocupación.

 

Y digo que es natural, porque entre esa gente pensante, la que no le anda jugando al ‘tuitero de culto’, tienen muy claro que el espectacular salto de 28 mil votos que obtuvo Javier Lamarque como candidato de Morena a la gubernatura en 2015, a los 500 mil que obtuvo Alfonso Durazo (y Lilly Téllez) como candidatos a senadores en 2018 no hubo una generación espontánea que de pronto llenó las urnas en un viraje hacia la izquierda (con todos los ‘asegunes’ que eso signifique), sino una migración masiva de los votantes que hasta entonces cruzaban las boletas en favor de los candidatos del PRI y del PAN, hacia los candidatos de Morena y sus aliados.

 

No es un ejercicio de aritmética política solamente. En números gruesos, del millón de sonorenses que acuden a las urnas, el PRI y el PAN se los venían repartiendo, hasta 2015, más o menos a partes iguales, con ligeras ventajas para el ganador. Tres años más tarde, entre ambos partidos perdieron poco más de 500 mil votos, justamente los que ganó la fórmula de Morena.

 

¿A qué voy? A que Morena no se alimentó mayoritariamente de votantes nuevos, sino de los votantes que hasta antes de esa elección, lo hacían por otras opciones, señaladamente el PRI y el PAN. Por qué lo hicieron merece un análisis aparte y cada quien tendrá sus explicaciones, pero los fríos números eso indican.

 

Para 2021, ya cuando el PRI y el PAN fueron juntos (acompañados del PRD), las cosas empeoraron. La ventaja que les sacó Alfonso Durazo en la contienda por la gubernatura fue mayor que la de 2018. Y en 2024, en la elección presidencial, la diferencia se hizo más grande.

 

¿Qué sucedió en ese lapso? Muchas cosas, pero básicamente, que muchos liderazgos de los partidos que antes se disputaban la hegemonía en el estado migraron -por las razones que gusten y manden- a la nueva hegemonía, y con ellos se fueron cientos de miles de votantes. Los datos oficiales del INE y del IEE documentan ese fenómeno.

 

El lunes pasado sucedió algo que contribuye a alimentar esa tendencia. Una vez ungida como pre-precandidata al gobierno del estado por Morena y sus aliados, Lorenia Valles fue invitada a un evento organizado por el PVEM. Sí, el que dirige el ‘Maloro’ Acosta.

 

Y la recepción fue de alfombra roja y caravana, como diría El Perro Bermúdez. Banderas y batucada; música y algarabía; selfies y flashazos; pancartas, consignas y porras; discursos rimbombantes, solidaridad y acuerpamiento a toda prueba en torno a la senadora con licencia, que horas antes había tenido un encuentro con todo el bloque legislativo de la coalición que encabeza Morena en el Congreso local.

 

En La Cascada, el salón de eventos donde se llevó a cabo este encuentro no solo estaban -me atrevo a asegurarlo- morenistas químicamente puros (de hecho, creo que esos eran muy pocos) sino, mayoritariamente, hombres y mujeres que en algún momento formaron parte de las estructuras que, desde el gobierno municipal (y antes) que encabezó “El Maloro” (2015-2018) eran votos seguros para el PRI.

 

La rueda de la historia ha girado y ya no están allí. Ahora están lanzando ‘vivas’ a Lorenia Valles, que se sintió como en su casa. Que algún día esa rueda tenga otro giro es absolutamente predecible, aunque la línea de tiempo no lo sea. Por lo pronto el “Maloro” le sacó pie adelante a otros aliados del morenismo y le organizó a la pre-pre candidata un evento que revivió viejas glorias. Y en el pragmatismo más puro y duro, eso cuenta mucho más que el ‘engagement’.

 

Tomen nota.

 

II

 

Qué vago es el gobernador Alfonso Durazo. Nos dijo, en su conferencia semanal que iba a CDMX a llevarle al menos tres proyectos a la presidenta Claudia Sheinbaum: el del Hospital Fernando Ocaranza, el de la carretera Altar-El Sásabe y el del libramiento en la carretera Ímuris-Cananea.

 

No dudo que se los haya presentado; lo que no nos dijo es que iba a ser orador destacado en el evento del 15 aniversario de Morena y allí lanzó un contundente mensaje a la unidad, con dedicatoria especial a sus aliados, el PVEM y el PT, señalando que “Cuando Morena camina unida, México camina con dignidad”, reconociendo la participación de esos partidos en el proceso de transformación y la construcción de una mayoría social.

 

Y eso que el gobernador todavía no había leído El Zancudo, ¿eh?

 

III

 

En la contraparte de las vocaciones unitarias, nos llegan dos reportes.

 

El primero: un tiroteo verbal entre Alejandro López Caballero, que está a nada de pasar del PAN a MC (a propósito de diásporas en el viejo bloque hegemónico), y el recién nombrado vocero del PAN, Eduardo Urbina, cuyo nombramiento oficial hubo de posponerse después de este desencuentro. De hecho, el PAN canceló la rueda de prensa en la que habría de informar sobre la nueva vocería.

 

El segundo, la renuncia de la muy aguerrida regidora sanluisina, Rebeca Ching, morenista que abandonó las filas guindas después de vergonzantes episodios de prepotencia y abusos por parte de los poderes locales que por lo visto aún comanda el ex alcalde Santos González Yescas. Rebeca Ching se había pasado a las filas de MC, pero ayer renunció a esas siglas por motivos no explicados suficientemente, pero que sin duda tienen que ver con la llegada al movimiento naranja, de personajes ligados al padrecismo, que están provocando otra diáspora que inició con la renuncia de Natalia Rivera, un valiosísimo cuadro que ya quisieran en otros partidos.

 

Con ella, han abandonado las filas naranjas otros dirigentes municipales, regidores y militantes de MC, y entre ellos puede contar usted, migrante lectora, despavorido lector, a todo el comité municipal del partido naranja en Yécora.

 

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