Cuando las reglas te destruyen ¡cámbialas!


 

Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

           

Aquellos que consideran los acuerdos comerciales realizados a la sombra de la globalización, como reglas eternas e incambiables, y que el ceñimiento a las mismas es obligatorio aunque nos perjudiquen, están entre los convenencieros o los incautos que abogan por la soga con las que serán ahorcados. En esos linderos se mueven quienes les insisten a los productores rurales que no demanden precios de garantía para los granos básicos, como el trigo y el maíz, y que solo se enfoquen en la petición de apoyos complementarios dentro de las reglas que impone la globalización.

 

No hay que cerrar los ojos ante un cuadro internacional, en el que las economías nacionales, sin renunciar al imprescindible comercio, están retomando y reposicionando políticas económicas que procuran proteger sectores y áreas estratégicas de sus economías para evitar que en nombre del libre comercio se les impida el desarrollo de su industria de bienes de capital, se les imponga un apartheid tecnológico y sobre todo se les limite la capacidad nacional de producir sus alimentos.

 

La ola europea en busca de medidas proteccionistas para sus economías, con distintos matices, es un fuerte indicador de que el mundo occidental está explorando alternativas ante la prolongada crisis que padecen derivada de una desregulación financiera y un liberalismo económico sin límites, sin dejar de olvidar que los resultados en las elecciones presidenciales de Estado Unidos y México, son en mucho expresiones del mismo deseo de romper con el conjunto de reglas que en el campo económico han demostrado su fracaso. China y su vigorosa economía, opera como un polo de atracción para las naciones que ven en el gigantesco país asiático el punto de apoyo para que la economía mundial rompa con la lógica comercial regida por el criterio depredador de que alguien tiene que perder para que otro gane.

 

Hasta 1982, México se resistió  a estas políticas económicas, ahora tipificadas como neoliberales. Posteriormente se le impusieron al país, no como resultado de un consenso social, sino del sometimiento y falta de carácter de los personajes que ocuparon la presidencia después de José López Portillo. Los principales brotes sociales en contra de la firma del TLCAN, en 1993, salieron de los productores rurales y el Valle del Yaqui fue precisamente la sede del proceso organizativo en contra de esas políticas.

 

En el verano de 1993, un grupo de productores agrícolas, compuesto por ejidatarios, colonos, pequeños propietarios y productores de leche, agrupados en el denominado Foro Permanente de Productores Rurales, convocó a una marcha de tractores desde Ciudad Obregón hasta el aeropuerto de Guaymas, donde estaría el entonces presidente Carlos Salina de Gortari. La marcha se realizó y Salinas se vio obligado a recibir a los productores y en voz de Jaime Miranda Peláez se le dio lectura a un bien fundamentado documento en donde se le pedía que no firmara el TLCAN por las grandes desventajas que los productores nacionales de granos básicos enfrentarían al poner en marcha una apertura comercial indiscriminada con los Estados Unidos y Canadá.

 

El documento y la acción de los productores del Valle del Yaqui, muy pronto se convirtió en un referente nacional y alentó a los productores rurales de otros estados del país quienes replicaron acciones y demandas similares. Prácticamente se logró un consenso nacional del campo mexicano en contra de los desventajosos criterios comerciales que se desprendían del tratado y de la ponderada globalización. El tratado se impuso y desde entonces se fueron desmontando todos los mecanismos de protección a la producción nacional de granos básicos. Bajo estos criterios injustos se determinó la improcedencia de los precios de garantía.

 

¿Por qué seguir rindiendo culto a estas reglas que tienden a corporativizar la actividad agrícola y a eliminar con ello a los productores nacionales? ¿Por qué discriminar con los apoyos necesarios a los productores ubicados en las zonas de riego del país condenándolos con el mote de “agricultura comercial”? ¿Por qué no establecer los precios de garantía para los granos básicos, cuando hay evidencia histórica de su éxito y funcionalidad? Estamos en un nuevo escenario de movilización como en el de los años previos a la firma del TLCAN, pero con ventajas significativas, no solo por la experiencia acumulada en esta lucha, sino porque en México y en el mundo se vive una ola de ruptura con los fracasados criterios del libre comercio y la globalización.

 

No es inteligente sujetarte a las reglas que te destruyen.

 

Ciudad Obregón, Sonora, 28 de marzo de 2019

 

Comentarios

Comenta ésta nota

Su correo no será publicado, son obligatorios los campos marcados con: *