10 de mayo

Dígase lo que se diga, el 10 de mayo se mantiene como una fecha especial en muchos lugares del mundo, y en México en particular. Los mexicanos somos un pueblo que venera a las madres, y que les rindepleitesía como lo que son: las que llevan la vida dentro de sí y la protegen (salvo dolorosas excepciones) durante nueve meses, y luego se convierten en las formadoras por excelencia de los futuros ciudadanos. Son también la fuente de energía que mueve y controla el hogar y el grupo familiar que lo integra, a veces estable y con frecuencia inestable, sobre todo en estos tiempos de inquietud e incertidumbre que corren.

Se podrán decir mil cosas, y emitir toda clase de puntos de vista favorables o adversos, pero la madre ha sido, es y seguirá siendo el insustituible aglutinante de los elementos humanos y materiales que constituyen eso que se ha dado en llamar “el núcleo básico de la sociedad”… la familia, que actualmente y desde hace bastante tiempo ha estado siendo sometida a asedio, por todos lados y por muy diversos atacantes.

Cada año, al llegar esta fecha, se exacerban los sentimientos de amor y gratitud hacia las madres, vivas aún o ya difuntas. Independientemente del innegable aspecto comercial que predomina, permanece inalterable el inmenso valor y la importancia que tiene la figura materna dentro de las familias de todas las condiciones y posiciones sociales.

Sin embargo, es imposible negar que las condiciones y circunstancias que se viven actualmente, dentro de las sociedades en cualquier parte de nuestro país –para no abrir demasiado el abanico del comentario-ciertamente no son nada favorables ni propicias para las familias y sus integrantes. La familia está siendo sometida a un ataque brutal y constante, desde muy diversas direcciones, principalmente de parte de los gobiernos previos, e incluso el actual, que ya empieza a mostrar sus perversas intenciones.

Es evidente que para que puedan prevalecer los antivalores que los sucesivos gobiernos vienen promoviendo desde hace tiempo, es necesario destruir o cambiar, si es que no resulta posible destruir, los valores trascendentales que la familia tradicional se ha encargado de mantener y transmitir como base ética y moral fundamental. Y la pieza clave, el elemento fundamental en el mantenimiento y el fomento de esos valores universales, es sin duda la mujer/madre.

Pero resulta que el concepto “madre” también está siendo objeto de ataques y sujeto de cambios, a veces sutiles para que no se perciban, a veces abiertos, para provocar respuestas dentro de los grupos radicales y ultra radicales que hacen del activismo su modus operandi. La sociedad se convierte así en un campo de batalla donde las refriegas entre los grupos “progresistas” y de ideas y principios ultramodernos, y las corrientes feministas o “feminazis” que promueven el derecho universal de la mujer de decidir sobre su cuerpo, que se enfrentan a los grupos “ProVida” que defienden a ultranza el derecho a la vida desde el instante en que se inicia la primera manifestación de vida en un embrión fecundado.

La confusión resultante es impresionante. Impresionante y compleja y materialmente imposible de evitar, en las condiciones actuales de turbulencia que prevalecen aún en las comunidades más pequeñas y conservadoras. La criminalidad como forma de vida, la legalización de las drogas, la despenalización del aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo, la adopción homoparental de niños, la aceptación de la transgeneración como algo normal, sexo heterosexual  libre y homosexualidad también libre, drogadicción, violencia intrafamiliar, maltrato infantil, y violencia hacia la  mujer por el simple hecho de ser mujer, pobreza creciente, deficiente educación, aceptación indiscriminada de todo sin oponer la mínima resistencia… caos generalizado, degradación constante de las costumbres… y descomposición social como consecuencia final.

La mujer, centro y eje fundamental de la familia, que a lo largo de infinidad de generaciones ha probado ser más resistente y tener mayor capacidad de resiliencia que el hombre, empieza a ver afectada su integridad y resquebrajada su fortaleza tradicional. Aunque es bien es cierto que al generalizarse y volverse cada vez más común la figura de la madre soltera, y se ha reconocido ampliamente la capacidad que tiene la mujer moderna se ser padre y madre a la vez, también es cierto que eso somete a las madres solteras a un injusto esfuerzo sobrehumano, que de alguna o de muchas maneras contraviene la esencia natural de la mujer.

Si el hombre actual, víctima ciega de la arrogancia, el hedonismo y el egoísmo, vaga perdido entre un torbellino de antivalores, y poco a poco va perdiendo su esencia en este mundo enloquecido donde se comercia abiertamente con los principios éticos y los valores morales; y la mujer a duras penas logra mantener por si sola la unidad familiar ante tantas y tan despiadadas agresiones ¿qué podemos esperar como sociedad en evidente descomposición que somos, si el fenómeno de deterioro y destrucción sigue ampliándose y profundizándose?

No espero, como es natural, que el lector me ofrezca una respuesta completa y definitiva a esta inquietante pregunta,empezando por el hecho de que la situación no está del todo clara y hay una infinidad de aspectos que aún no están totalmente definidos. Pero, independientemente de lo anterior, la pregunta se sustenta: ¿qué podemos esperar como unasociedad que se encuentra en evidente proceso de descomposiciónsi el fenómeno de deterioro y destrucción sesigue ampliando y profundizando?

Mientras surgen las respuestas, porque es obvio que surgirá un multitud de respuestas, debemos hacer todo lo posible por proteger y salvaguardar las cada vez más escasas figuras que aún nos quedan como soporte y sostén, y nos mantienen dentro de los márgenes mínimos de cordura y sensatez. Y la mujer, con su carisma esencial, con todas sus características que la convierten en un ser único y maravilloso, con sus cualidades y fortalezas, y sus debilidades y flaquezas, es una de ellas, tal vez la más importante de todas.

Que este día se calmen los vientos de ira que soplan por todos los rincones de esta patria nuestra. Que dejen de emitir penachos de humo los volcanes de la política. Que este día, siquiera por este día, las fieras que rondan en la selva mexicana dejen de rugir y se queden en sus guaridas. Que florezcan todas las flores y esparzan sus perfumes por todos los espacios donde reina la mujer/madre mexicana, símbolo y baluarte, fortaleza y trinchera inconquistable. Centro y esencia dentro de la familia mexicana, donde se genera y toma forma el embrión ciudadano que nuestro país necesita con desesperada urgencia.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

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