Una hipótesis que conduce a la derrota


Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

          Suponer que el narcotráfico y sus estructuras paramilitares, incurren en la violencia y el terror, como resultado de una reacción a la ofensiva de las fuerzas del Estado, es una hipótesis de guerra equivocada, en la que desgraciadamente han montado al presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador. Conformarse un mundo en blanco y negro es fácil, pero insuficiente para entender la complejidad inherente a esta realidad. Y en este caso, para el presidente, las cosas son blancas o son negras. Para él solo hay dos estrategias: la suya y la del ex presidente Felipe Calderón.

 

          El presidente no tiene argumento a favor de lo que ha dado en llamar su estrategia en contra del crimen organizado, más que reivindicarla, frente al evidente fracaso de lo que hicieron los gobiernos anteriores y especialmente el de Calderón. Y efectivamente limitar la lucha contra el narcotráfico a la persecución y el encarcelamiento de los cabecillas y capos de los carteles tiene saldos que por si mismos hablan de su fracaso; pero derivar que de esto se desprende la beligerancia creciente y las acciones que ya pisan las fronteras del terrorismo de parte del crimen organizado, es una extrapolación de consecuencias peligrosas, aunque le sirva al presidente para justificar su discurso de “abrazos y no balazos”.

 

          La violencia  recrudecida durante el actual gobierno, no tiene una motivación reactiva, tampoco la tuvo durante los gobiernos anteriores. La prueba es que a los ofrecimientos de abrazos responden con balazos. La agenda que motiva y comanda al narcotráfico, no la deciden los capos ni tampoco los cárteles. Estas estructuras criminales conforman el inframundo de intereses financieros angloamericanos que históricamente han usado al narcotráfico y sus grupos armados como una extensión e instrumento táctico de su política de sometimiento colonial. Las infames Guerras del Opio, instrumentadas contra China por el Imperio Británico en el Siglo XIX, definen la axiología  que gobierna al narcotráfico.

 

          Los intereses supranacionales que controlan el narcotráfico, no quieren una coexistencia pacífica con los Estados Nacionales, hace muchos años que declararon la guerra y quieren el sometimiento. Su objetivo es el debilitamiento del Estado, la dislocación moral y cultural de la población con la promoción del consumo masivo de las drogas y su legalización. Estamos en una guerra que los mexicanos no elegimos, así como en el pasado no decidimos padecer invasiones extranjeras, frente a las cuales tuvimos que defendernos para  garantizar la existencia de México.

 

          No se exagera cuando se trata al narcotráfico como una invasión extranjera, es más,  debe de ser una premisa de principio. Combatirlo es un asunto de soberanía nacional y reclama alianzas internacionales, en este caso, especialmente con los Estados Unidos y darle fuerza al más reciente ofrecimiento de colaboración conjunta del gobierno norteamericano para combatir como nunca se ha hecho, el contrabando masivo de armas y dólares, fuente principal de avituallamiento de los cárteles y sus estructuras para militares.

 

          Al mismo tiempo que se disponen las acciones para erradicar los plantíos y cultivos de estupefacientes, que durante los últimos treinta años se dejaron de hacer, junto a la intensificación de las medidas regulatorias en el frente financiero para impedir el lavado de dinero y el uso de la amplia gama de tecnologías existentes en el combate al trasiego de las drogas. Estas acciones no se hicieron durante los gobiernos anteriores, solo se detuvieron capos pero no se lesionaron las estructuras logísticas que los producen.

 

          Limitar las alternativas en la lucha contra el narcotráfico a solo dos sopas: la de Calderón o la de Andrés Manuel López Obrador, es un menú por demás raquítico y de consecuencias potencialmente desastrosas para el país.

 

 

 

Cd. Obregón, Sonora 6 de noviembre de 2019

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