Cuestión de contrapesos políticos

Hasta ahora no ha habido un ideólogo consistente del nuevo gobierno que le de sustento teórico y contenido ideológico a la llamada cuarta transformación, con independencia de lo que eso signifique.

 

Ni la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, ni el voluntarioso de John Ackerman, ni el controvertido Lorenzo Meyer, ni el converso del panismo a Morena Germán Martínez ni la ex panista Tatiana Clouthier -los más visibles, hasta ahora-, han logrado exponer a través de sus escritos y entrevistas un sistema de ideas que fundamente los principales programas y decisiones de gobierno del presidente López Obrador.

 

En el fondo, y más allá de eso, solo han tratado de defender al gobierno de los ataques y señalamientos surgidos de todos lados.

 

Pero tampoco han contribuido a fundamentar sus omisiones y justificaciones para tratar de convencer a los escépticos de que se trata de otra forma de hacer las cosas, o que en realidad se trata de un cambio radical de régimen, donde cosas de gobierno que se hicieron en el pasado ya no volverán, y que a partir de diciembre del 2018 algunos de los problemas que por muchos años flagelaron a México "ya desaparecieron", solo por la presencia de una nueva clase gobernante.

 

Y decir "nueva" es una ironía. Se trata de una mezcla variopinta de dirigencias y servidores público de otras épocas -muchos de ellos, en el invierno de su vida política-, tratando de replantearlo todo.

 

Por eso, mucho del contenido discursivo del nuevo gobierno para justificar sus políticas ha estado plagado de alusiones al pasado y descalificaciones a los gobiernos anteriores. Todo lo que les sucede en la administración pública, incluyendo las evidentes muestras de ineptitud e inexperiencia a la hora de abordar los problemas nacionales, es por las "herencias recibidas" y por "el estado de cosas que recibieron". Nada es culpa de ellos.

 

A punto de cumplir su primer año, lo más señalado al nuevo gobierno hasta ahora ha sido el incumplimiento del compromiso presidencial de que la economía mexicana iba a crecer en 2019 a tasa del 4% anual. No ha sido así. El crecimiento este año será menor a un punto porcentual del PIB y no parece que el próximo año las cosas mejoren. ¿Por culpa del pasado o por la incertidumbre política reinante?

 

Los efectos de la falta de crecimiento de la economía empezarán a sentirse con mayor fuerza a partir de la cuesta de enero de 2020 en tres aspectos fundamentales: Los precios, el desempleo y la escasez. En los precios ya se notan los excesos y el desempleo se agudiza.

 

También se sentirán en las obligaciones presupuestales de los Estados y municipios, que entrando el año seguramente levantarán la voz para exigirle al gobierno federal más recursos ante los problemas laborales y de gasto operativo en infraestructura que la mayoría sufre.

 

Más allá de los millones de mexicanos beneficiados por los programas sociales del gobierno (jóvenes y adultos mayores), existe una población que todavía no ve claro en el mejoramiento en los servicios, porque las instituciones no han aterrizado en verdaderos programas de bienestar al no ser prioridad para el gobierno. Señalemos especialmente al IMSS y al ISSSTE, que hasta ahora no han sido prioridad para el nuevo gobierno en las tres prioridades operativas: Los tiempos de espera en consultas médicas y cirugías, el abasto de medicamentos y el problema de las pensiones –que ya les ha hecho crisis a ambas instituciones–. Las visitas del presidente a los hospitales han sido solo en plan político, pero no con carácter resolutivo. Igual ha sucedido con las etnias de México.

 

En las instituciones de Salud hay cada vez más jubilados y menos recursos y cada vez un número mayor de demandantes de servicios y menos capacidad de atención, y ahora, con la eliminación del Seguro Popular, seguramente la crisis se hará más visible en los sectores de población con altos niveles de desprotección y marginación social.

 

No se ve una política de conciliación y diálogo en la política nacional, solo de acusaciones y señalamientos. Lo mínimo han sido las descalificaciones.

 

No se ha dado un diálogo del presidente con los partidos de oposición. Tampoco con los coordinadores parlamentarios. Mucho menos se ha dado un encuentro con los ex presidentes de la República. Al contrario, y a excepción de Luis Echeverría –que el próximo enero cumplirá 98 años–, al resto los ha atacado López Obrador acusándolos de estar incluidos en los años del neoliberalismo; su referente favorito para explicar las crisis.

 

En sus recorridos por el país, el presidente no se reúne con los presidentes municipales ni parece que los ayuntamientos sean su prioridad, pese a la enorme crisis financiera y de seguridad que enfrentan.

 

A las universidades estatales que cada rato reclaman más dinero para solventar sus crisis, solo se les recomienda que ejerzan bien sus recursos y se acoplen a los programas de austeridad republicana. Algunas de ellas serán pronto noticia por la quiebra en sus sistemas de pensiones.

 

Con los gobernadores de los Estados el presidente ha tenido una relación política inestable y cambiante. Primero los expuso para que los abuchearan en público y después en las giras solo han recibido alabanzas, sin que esa actitud se refleje en apoyos. La Conago, que antes fue una organización representativa y con poder de los gobernadores, ahora ni sus luces.

 

¿Y los contrapesos? Algunos de ellos en pleno proceso de reflexión, otros apenas organizándose, otros más buscando la forma de acomodarse con el nuevo gobierno después de calcular dividendos.

 

A tres meses de haber llegado a la dirigencia nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas ha sido cuestionado por carecer de la combatividad y la crítica mostrada por otras dirigencias políticas. Vienen tiempos difíciles para el PRI con la selección de candidatos a 15 gobiernos estatales, 500 diputados federales, ayuntamientos y congresos locales en más de 20 entidades el próximo año. También la probabilidad de celebrar una Asamblea Nacional que replantee el rumbo del partido y defina ya sin ambigüedades la relación con un gobierno que aspira a desplazarlo de todos los espacios con los que actualmente cuenta. Ojalá que Moreno Cárdenas no reaccione demasiado tarde.

 

La batalla más dura se dará seguramente por el control de la Cámara de Diputados al Congreso de la Unión. Ahí está la principal apuesta de Morena, un partido con 5 años de vida que hasta ahora, solo reproduce los vicios y los conflictos derivados de su falta de institucionalidad.

 

El PAN es el partido que ha demostrado mayor combatividad con el nuevo gobierno y por obviedad el más atacado por este. Ha sido difícil para López Obrador olvidar la elección del 2006, "cuando nos robaron la presidencia", ha dicho con frecuencia. Tampoco ha podido evitar la tentación de estar atacando a cada rato al ex presidente Felipe Calderón y al INE.

 

Las otras excepciones han sido los partidos Movimiento Ciudadano y los  restos del PRD, que no se pasaron a las filas de Morena.

 

Movimiento Ciudadano ya gobierna Jalisco y va por Nuevo León. El PRD gobierna Michoacán y aspira a conservar su registro nacional.

 

El resto de los partidos está entregado al gobierno y no se ve que cambien de cara al 2021. Ni el Verde Ecologista ni el PT y mucho menos el PES harán alianzas con otro partido que no sea el gobernante.

 

Los nuevos partidos que surgirán en 2020 (4 a lo mucho) no podrán hacer alianzas en su primera elección. Buscarán el 3% para sobrevivir.

 

Entre los contrapesos notables quedan la Suprema Corte, los órganos autónomos, los medios de comunicación y los empresarios.

 

Hay una visible intención del gobierno por controlar la Corte. A los órganos autónomos los están atacando con intención de disminuir su influencia, a los medios de comunicación a cada rato los descalifican y a los empresarios solo les dan por el lado, sin que eso se refleje en confianza o certidumbre sobre el rumbo del país, porque no invierten. Así están, así llegan al cumplirse el primer año de gobierno. Ninguno de ellos podrá decir que no han conocido el estilo y los resortes de las acciones del nuevo gobierno, y ninguno de ellos –creemos- se hará ilusiones sobre un verdadero cambio en los años por venir. Viene duro y difícil el 2020, ya lo vislumbramos.

 

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