Los rostros del cambio



Fin de una semana que fue sumamente intensa, e inicio de una nueva semana que desafía todos los pronósticos. Otra semana más en nuestras vidas, y un paso definitivo hacia delante en la vida de este país en el que, aunque algunos no quieran darse cuenta, las cosas han empezado a cambiar, a moverse. Domingo 8 en que se celebró el día mundial de la mujer, y hoy lunes 9 de marzo en que se está llevando a cabo el gran paro nacional de mujeres programado desde hace tiempo, y que demostrará si lo que he dicho, respecto al cambio que están experimentando las cosas es real, o son simples imaginaciones mías, y fantasías de quienes perciben y piensan lo mismo que yo.

Estoy escribiendo esto en horas de la noche del domingo de las marchas,en virtud de que debo enviarlo a mi editora de contenidos en “Casa de las Ideas”Internet, para que aparezca publicado mañana muy temprano. Por consiguiente, me es imposible saber qué ocurrirá mañana lunes en el paro nacional de las mujeres. A pesar de los obstáculos que posiblemente les opondrán los grupos activistas reventadores de la descalabrada 4T, de todo corazón y con profunda vehemencia espero que el paro femenino resulte un rotundo éxito, que rebase todas las expectativas, y cumpla cabalmente con los objetivos planteados.

Por otro lado, las marchas realizadas ayer sábado y hoy domingo en numerosas y diferentes ciudades [cuando menos 40] no dejan lugar a dudas, y si no representaron demostraciones palpables de que, efectivamente, las cosas están cambiando y van a seguir cambiando en este país, es que de plano los mexicanos nos hemos quedado ciegos y sordos, y que definitivamente hemos extraviado el entendimiento y la capacidad de percepción.

 

Las expresiones en ambos casos [manifestaciones y paro] son y serán de naturaleza diferente, aunque ambos tengan un fondo común que las iguala e identifica. Dependiendo de su magnitud y de su fuerza, las marchas tienen capacidad suficiente como para agitar y hacer temblar a los que detentan el poder, mientras que el paro busca la profundización de una conciencia que ya existe, pero que necesita ampliarse y permear hasta el fondo. En ambos eventos las protagonistas fueron las mujeres mexicanas, y en ambos el grito diverso y plural de miles y miles de gargantas femeninas, coincidió sin embargo en el mismo sentido: ¡YABASTA!

Charlando hace unos días con un personaje relacionado con la seguridad pública, y sobre estos dos temas [las marchas de ayer y el paro de hoy]que surgieron de manera natural en la conversación, me decía que en las áreas que tienen que ver con la seguridad había preocupación ante la alta probabilidad de que en las marchas convocadas para el pasado fin de semana, pudiera haber infiltraciones de contingentes provocadores, cuyo fin no es otro que el de sabotear el auténtico espíritu de las manifestaciones, y crear mediante actos de violencia y vandalismo un ánimo social adverso a las mismas. Y que, consecuentemente, se estaban preparando para contener e sofocar dichos actos de provocación.

Por fortuna parece que, a pesar de las amenazas, salvo los casos aislados que nunca pueden faltar, no hubo provocaciones ni reventacionesmayores, y las féminas pudieron salir a expresar sus protestas sin mayores incidentes.

Las manifestaciones femeninas se empezaron a dar en diversas partes del país desde el sábado pasado, se prolongaron durante ayer domingo y culminarán hoy con el gran paro nacional, en el que se calcula que participarán entre 20 y 30 millones de mujeres a lo largo y ancho del territorio nacional. Los millones de mujeres que se han expresado, hablan claro y fuerte por los millones de mujeres que aún permanecen silenciosas o indecisas. El cambio, profundo, fundamental y definitivo, que el país ha estado esperando desde hace decenas de años, tiene rostro de mujer, y aroma de mujer. Y ese cambio está en marcha, es incontenible, y nada ni nadie lo puede impedir.

Los rostros del cambio que se está dando, se confunden con los dolores de parto de la nueva era que viene, preludios de un distinto y luminoso amanecer en una tierra bañada de sangre, tanto de mujeres como de hombres. Son los pasos iniciales, y las acciones que vienen serán todavía más determinantes, y de las actitudes y respuestas que den las autoridades, y la propia sociedad desde sus entrañas plurales y diversas, dependerá el rumbo que tome el país, no solo en lo que toca a la violencia y el mal trato contra las mujeres, sino en la nueva forma de ubicarlas y de considerarlas dentro de todas las demás actividades que se desarrollan a lo largo y ancho del país.

Independientemente de la resonancia de los eventos de marras, y más allá de sus impactos anímico y mediático, está algo que a mi parecer es mucho más trascedental: la ampliación y la profundización nunca antes logradas, de una nueva conciencia a nivel nacional. Creo que hemos llegado a un parteaguas defintivo, a un antes y un después, en el que nada volverá a ser igual, y ningún mexicano volverá a cerrar los ojos y a menospreciar la importancia que tienen las mujeres en la vida nacional. La consciencia de lo vital que debe ser para todos en este país el respetarlas, protegerlas y cuidar de que nunca más vuelvan a ser víctimas de este frenesí de violencia, y de estos ataques demenciales de que han venido siendo víctimas desde hace tanto tiempo.

Creo, además, que con lo sucedido el sábado y el domingo, y lo que está ocurriendo el día de hoy, se ha dado un primer paso, y que faltan muchos pasos y mucha distancia por recorrer todavía, pero lo importante es que ya hemos despertado, que ya hemos abierto los ojos, y que a partir de hoy todo deberá de empezar a cambiar y a moverse en la dirección correcta, pero por voluntad nuestra, y no por decisión de ninguna autoridad.

Las importancia y el valor que tienen las mujeres dentro de las actividades humanas, alrededor del planeta, es incuestionable. No admite discusión. Mujeres y hombres fueron creados para perpetuar la especie, y esa es una función ineludible e irrenunciable. Pero además, basta y sobra con ser parte indivisible de la dualidad que integra, junto con el hombre, la cabeza de las familias, para entender que sin la presencia y las acciones de la mujer, en todos los ámbitos de la actividad, el mundo simplemente dejaría de moverse.

Así como he dejado de creer y de confiar en los resultados de las encuestas de opinión, sabiendo cómo se hacen, para qué sirven, y de qué manera se utilizan, igual he dejado de fijarme en la cantidad de personas que acuden a las marchas y a las manifestaciones. La cantidad en realidad no es relevante, porque depende de muchas cosas, entre ellas del acarreo y del precio que se paga. Prefiero mil veces poner atención en la calidad y en la vehemencia de lo que expresan los manifestantes, y la legitimidad de lo que pretenden. Me parece mil veces más importante observar los rostros de las personas que participan y, siendo los ojos el espejo del alma, asomarme a ver a través de ellos lo que realmente anida en sus corazones.

Lo que presencié a través de las redes sociales y las imágenes grabadas, lo que ocurrió aquí, allá y acullá los días sábado y domingo, y lo que está sucediendo este día memorable que marcará un hito en la historia, es el artículo genuino, el material de-a-de-veras con que se construyen los cambios y se revierten las pesadillas. Y las mujeres mexicanas, y las de todo el mundo, portan en sus manos el estandarte luminoso y emblemático que simboliza el nuevo mundo que se encuentra a la vuelta de la esquina.

A partir de hoy se acabaron las evasivas, las disculpas, los pretextos y la descarga de culpabilidades en los gobernantes y políticos de ayer, y en el uso de membretes ideológicos del pasado. Las autoridades de los tres niveles, y los responsables de las instituciones encargadas de la seguridad de los ciudadanos, y de la aplicación de la justicia de acuerdo con las leyes vigentes, tendrán que actuar en concordancia con las nuevas condiciones que la comunidad nacional está imponiendo -por efecto del empuje incontenible de las mujeres- o atenerse a las consecuencias.

Lo importante, lo verdaderamente trascendente y vital de lo de este día domingo, mañana lunes y los días que sigan, es que lo que estamos viviendo en este despertar no sea un movimiento efímero, como lo han sido tantos otros en los tiempos pasados. Que esto que nace bajo augurios tan promisorios, no muera asfixiado por la dialéctica de los políticos de infima catadura, y la verborrea de los merolicos de plazuela. Que no sea sofocado por las componendas habituales, los juegos de intereses, la banalidad y la estulticia, y la vulgar estridencia callejera. Que quede algo, que deje algo que nada ni nadie pueda borrar o sepultar.

Por lo pronto, hay motivos suficientes para mantener firme la convicción de que nos encontramos ante un parteaguas definitivo, a partir del cual comprobaremos si realmente vamos en ruta hacia un nuevo y distinto país, o seguimos en el mismo de siempre, plagado de injusticias y el deterioro constante en la calidad de vida, tanto de las mujeres como de los hombres que habitamos en esta tierra de leche agria y miel desabrida y adulterada.

 

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