Ya nada será igual


Por Alberto Vizcarra Ozuna

Para darle confianza a la representación del sector bancario y financiero, el 13 de marzo en la Convención Bancaria de Acapulco, el presidente Andrés Manuel López Obrador, fue reiterativo en la afirmación de que ante la crisis económica mundial y la sombra negra de la pandemia de coronavirus que amenaza al mundo y a México, el gobierno no tomará acciones que trastoquen las reglas del juego, y repitió… “no se cambiarán las reglas del juego”, “no habrá reformas”, prometió respeto a las reglas del mercado y presumió la política de ajuste, finanzas públicas sanas y el equilibrio presupuestal; remató pausadamente: vamos a respetar la autonomía del Banco de México, para que actúe con independencia en la política financiera”, y con ello arrancó el aplauso entusiasta de los banqueros.

Pero las reglas del juego que se desprenden de la globalidad neoliberal, han llevado consigo, durante las últimas tres décadas, las semillas de su propia destrucción, algo de lo que el presidente hasta el momento no se percata. Respeta y cree en un orden cuya esencia sistémica está en crisis ahora agudizada con la caída en los precios del petróleo y con la manifestación exponencial de una pandemia de consecuencias existenciales para toda la humanidad. En todos los incidentes de crisis financieras, que desde el 2008, confirmaron la lesión estructural y la disfuncionalidad sistémica de una política desregulatoria que hace parasitar la especulación a costa de la producción, no se había dado la confluencia de esta crisis con una pandemia que pone a prueba las capacidades morales de la humanidad para sobrevivir.

La reglas del juego del modelo neoliberal, se están derrumbando, no por las denostaciones discursivas del presidente en su contra, sino porque el cruce de la crisis económica con la pandemia, está obligando a los Estados Nacionales a reposicionar su función indispensable en la protección de la vida de la población y en las necesarias medidas dirigistas para hacer posible una vigorosa recuperación económica que permita enfrentar esta pandemia y otras que se pudieran presentar.

El relativo éxito de China quien empieza a revertir la enfermedad, es sin duda un referente mundial, más cuando el liderazgo del presidente chino, Xi Jinping, sostiene que el problema no es solo de China y exhorta a la comunidad internacional a tomar acciones urgentes y conjuntas para levantar una fuerza mundial que permita derrotar la pandemia, enfocados principalmente en dos puntos: hacer investigaciones científicas para desarrollar vacunas y apoyar a los países en desarrollo con sistemas de salud

pública débiles con el fin de que puedan sostener medidas preventivas competentes y salvar el mayor número de vidas posible.

China observa en la desgracia, la oportunidad de que las naciones se desprendan de las reglas del juego que durante todos estos años deterioraron las capacidades físicas de la economía del mundo occidental y que los estados vuelvan hacer valer, por encima de estructuras bancarias y financieras, el principio original del bienestar general. La convocatoria del presidente chino a la comunidad internacional, se explica muy bien en lo recientemente dicho por éste al Secretario General de la ONU: “las naciones tienen que ver a la humanidad como un destino común, estar al pendiente los unos de los otros y trabajar juntos para abordar los riesgos y desafíos, y construir así un planeta hermoso”

Los contenidos de la convocatoria de China, entran en consonancia con el llamado de Helga Zepp LaRouche, presidente internacional del Instituto Schiller, quien retomando las recomendaciones del economista norteamericano Lyndon LaRouche, propone la realización de una reunión cumbre de los presidentes de Estados Unidos, China, Rusia y la India, para acordar medidas regulatorias similares a las tomadas por el Presidente Franklin D. Roosevelt, previo a la Segunda Guerra mundial, que permitan la intervención por bancarrota a los sistemas bancarios para separar las deudas especulativas -que no tienen ningún vínculo con la producción- y solo atender aquellas relacionadas con la conservación de las empresas y proyectos productivos, además de establecer un nuevo sistema financiero internacional basado en la emisión masiva de crédito barato para habilitar grandes proyectos de gestión de agua dulce y energía.

Nada menos que eso nos pondrá en condiciones de enfrentar los terribles males que amenazan al mundo y a la humanidad. Lo más deseable para México y para los mexicanos, es que el presidente López Obrador se olvide de las reglas del juego que nos están destruyendo, y se ponga en perspectiva de estos acontecimientos internacionales. Son momentos en que estamos obligados a pedirle peras al olmo.

Ciudad Obregón, Sonora, 18 de marzo de 2020

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