Enclaustrados y atemorizados



Amanece ya un nuevo día. Apenas se empiezan a dibujar hacia el oriente los primeros rayos del sol que nace, y se adivina que el día será brillante, luminoso, con apenas unos girones de nubes que viajan por el cielo de un azul profundo. Se entiende: estamos ya en primavera, la estación de las flores y del renacimiento de los árboles que quedaron desnudos de follaje, con los fríos de un invierno riguroso que poco a poco se aleja.

Me asomo a la ventana para disfrutar de este momento mágico, en que la calle y la ciudad donde vivo, se desperezan y empiezan a despertar. Afuera reina un silencio impresionante, mas profundo de lo acostumbrado, porque nos encontramos en una especie de cuarentena sanitaria y sanatoria abreviada, ya que no durará los 40 días reglamentarios, sino un poco menos, tal vez la mitad de ese tiempo, según como vengan las cosas en esta crisis generada por el coronavirus, mejor conocido en términos médicos como COVID-19.

En plena cuaresma, tiempo apropiado para el recogimiento y la reflexión, por una situación inesperada y no deseada, nos estamos viendo obligados a confinarnos en nuestros respectivos hogares, y en la intimidad muchos de nosotros entramos en reflexiones y meditaciones que mucho tienen que ver con la vida, tal como la visualizábamos antes del COVID, y la que nos espera, después de que la epidemia se extinga y llegue el momento del recuento de los daños anímicos, psicológicos, materiales y sociales que, de afuera hacia dentro y de arriba a abajo dejará en el mundo, en nuestro país, en nuestro estado, en nuestros poblados y ciudades, y finalmente en nuestras familias y en lo individual, en cada uno de nosotros.

Por aquí y por allá he escuchado decir que nada volverá a ser igual, después de esta pandemia, inesperada para la gran mayoría de las personas, y por muchos irresponsablemente minimizada durante algún tiempo en sus efectos. Puede ser. Tal vez eso suceda, y mucho o todo cambie. Hay motivos suficientes para considerarlo así, pero también para pensar que, siendo los seres humanos como somos, pasada esta gran crisis las cosas volverán a ser como eran antes. No sin razón se ha dicho que el hombre es un animal de costumbres, y que lo más difícil y complicado es modificar los paradigmas y los hábitos de conducta de las personas.

Al arrancar el mes de enero de este año 2020, cuán lejos nos encontrábamos de imaginar lo que nos esperaba en el mes de marzo, apenas dos meses y pocos días más tarde. Nuestras preocupaciones se centraban en los pésimos pronósticos, y las proyeccciones absolutamente negativas en materia económica. La errática y destructiva forma de conducir al país, de parte de un presidente a todas luces deficiente e ignorante los rmás elementales aspectos de la gobernancia, nos provocaban jaquecas y temblorinas, ante las perspectivas a corto y mediano plazo.

Y un virus llegado de un país tan distante de nosotros como lo está China, y que luego se fue moviendo rápidamente por el continente europeo, hasta llegar finalmente a América, ha puesto prácticamente de cabeza a gran parte de la humanidad. En este sentido podríamos decir que, salvo contadas excepciones, no hay nación que en estos momentos no esté resintiendo los efectos perniciosos de esta infección viral, cuyosresultados finales son aún imprecedibles.

Tal vez usted lo sepa, o tal vez lo ignore, que siendo como soy un comunicador inquieto y activo, yo me muevo constantemente en las redes sociales, en particular en Twitter, en la única cuenta que tengo ahí:@ChapoRomo. Desde hace aproximadamente ocho años he encontradoen Twitter mi hábitat periodístico, y ahí me mantengo, en ese espacio de combate que a veces semeja un coliseo romano, dando y recibiendo, en las duras y las maduras, contra viento y marea, y aguantando vara ante las majaderías y vituperios de los trolles que cobran por maltratarme e insultarme.

Muy bien. Pues ahí en Twitter, a medida que trascurren las sombrías jornadas de la pandemia, he dicho una y otra vez que los efectos que provocará en materia de economía, serán mucho más graves y perjudiciales que los daños en materia de salud. Lo he dicho y lo sostengo, y solo espero que se disipe la polvareda levantada por la histeria social, para que los hechos demuestren si estoy en lo cierto, o estoy equivocado.

El enclaustramiento decretado tanto por el sentido común, como por las autoridades en el campo de la prevención de la salud, han marcado un notable y perceptible descenso en las actividades económicas normales, comerciales y de todo tipo. Un “paro general” obligado por las circunstancias, cuyo propósito evidente es impedir que el COVID-19 se propague, pero cuyo efecto será funesto sobre la economía de las familias, y los pequeños y microscópicos negocios, que son los más vulnerables, y muchos de los cuales tristemente no lograrán sobrevivir a esta pandemia. La devastación puede ser catastrófica y, en la mayoría de los casos, irreparable.

En este sentido sí podemos augurar un cambio altamente significativo en los entornos local y regional. Aquí en Hermosillo, por ejemplo, los despidos masivos de personal en los pequeñas tiendas y negocios de latradicional zona histórica de la ciudad (el centro viejo), y en otras partesde la ciudad, están teniendo consecuencias funestas sobre centenares de familias, que viven y dependen de los empleos que generan esas actividades. Al final del día, el COVID-19 muy probablemente acabará más con la vida de los negocios, que de las personas.

Estoy triste, abatido y muy preocupado, porque el daño será terrible. Crear un pequeño negocio es una complicada aventura, para las personas que se defienden en la economía informal a base de fabricar productos caseros, y que luego venden a los abarrotes y changarros de los barrios. Tener que cerrarlos implica una pérdida dolorosa, a la vez que irreparable.

La brutal crisis, que a muchos de nosotros nos agarró mal parados, le afectará a todos, aunque en diferente forma y medida. No es lo mismo tener reservas económicas para aguantar estos tiempos sombríos, hasta que pasen, a tener que enfrentarlos descalzos y a mano pelona, con solo las uñas y los dientes como armas para defenderse, en una lucha perdida de antemano. En estas circunstancias tan desfavorables no queda otra que echar mano de la solidaridad, y de la compasión y la comprensión.

Mientras sucede esto, aquello, o lo otro, allá afuera las calles semi-desiertas hablan con voz potente: el temor, que finalmente cedió paso a la prudencia, ha impuesto su ley, en nuestra comunidad y en todas las demás. La primavera esplendorosa llora lágrimas de frustración, porque no hay nadie que disfrute de sus colores y del vestido nuevo que estrenan los árboles, y del aroma de las flores que revientan en los jardines abandonados. Aunque está recibiendo un breve respiro de la raza humana, la madre tierra derrama una lágrima, porque también está triste.

Ante la desgracia que se cierne sobre todos, sin importar su posición y situación socioeconómica, sean ricos o pobres, jóvenes o viejos, hombres o mujeres, este despiadado coronavirus económico no dejará títere con cabeza. Ya lo verá usted.

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Twitter: @ChapoRomo

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