AMLO invoca la caridad del FMI


Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

          El domingo 3 de mayo, el presidente López Obrador presentó un documento que tituló: Algunas lecciones de la pandemia COVID-19. El documento no alcanzó relevancia mediática, porque el tropel de los acontecimientos relacionados con las consecuencias de la epidemia y la incertidumbre creciente en torno a la crisis económica, concentran la atención. Pero además, al inicio de la semana una encuestadora dio a conocer que el presidente había subido en la aceptación popular y fue a eso a lo que el gobierno decidió darle difusión, no a la exploración analítica contenida en el texto referido.

 

          Las seis cuartillas que comprende el texto, tienen la ambición de proyectar una línea de conducta a la que el mundo se debería de ajustar después de la terrible crisis sanitaria. En su desarrollo el presidente no se ubica como jefe de estado con las responsabilidades específicas que eso le confiere ante México y ante el mundo. Se siente más cómodo asumiendo el papel de un analista y crítico del modelo económico neoliberal a quien denominativamente hace responsable del desmantelamiento de los sistemas de salud a nivel internacional.

 

          Posicionarse como analista, es una forma de eludir la responsabilidad ejecutiva que México tiene frente a un mundo atribulado por una enfermedad que efectivamente descubre la inviabilidad de una política económica gobernada por la renta monetaria y el desprecio al crecimiento económico, a la industrialización, a la infraestructura, a la modernización de la ciudades existentes y a la creación de nuevas; así como a la profundización en el estudio del átomo y la célula. Pero ocurre que el presidente no identifica el deprecio a estos valores económicos como la esencia de una economía gobernada por el libre mercado y su forma neoliberal.

 

          Y así lo hace ver en el texto del domingo pasado. Su crítica al neoliberalismo, es porque solo se enfocó al crecimiento económico y no atendió las necesidades sociales propiciando con ello la concentración de la riqueza en unas cuantas manos y la pobreza generalizada. Es admitido, y hay evidencia empírica de ello, que las políticas económicas neoliberales a nivel global, en ningún país propiciaron crecimiento económico, si entendemos a este como el mejoramiento físico de las capacidades productivas de la economía y del trabajo.

 

Por el contrario, durante los últimos treinta años, las economías de Europa y la de Estados Unidos, junto a la mayor parte de las naciones de Latinoamérica se mantuvieron con un crecimiento mediocre, muy por debajo de los requerimientos necesarios para sostener el bienestar de la población. El caso de México es sintomático, cuyo crecimiento económico durante todo el periodo neoliberal, fue virtualmente de cero, si consideramos el crecimiento poblacional y atendemos el hecho de que la consecuencia de esto es el explosivo crecimiento del empleo informal, el desempleo y la pobreza.

 

Acusar al neoliberalismo de solo enfocarse al crecimiento económico y desatender lo social, es una falacia para reivindicar políticas redistribucionistas del ingreso cuyos afanes justicieros se quedan sin sustentabilidad cuando se desdeña el crecimiento económico, como el elemento imprescindible para darle funcionalidad a la sociedad.

 

En el documento, como en sus recurrentes cuestionamientos al neoliberalismo, el presidente no identifica el mal esencial de dicho modelo, ni tampoco explica el por qué se encuentra en su fase terminal. Esto es, no cuestiona que el modelo propició durante todos estos años, con sus esquemas desregulatorios, una creciente inclinación a proteger y fomentar actividades especulativas que engordaron a los mercados financieros en forma descomunalmente desproporcionada respecto al crecimiento físico real. Se crearon así deudas de las naciones que resultaron físicamente impagables y cuyos rescates, como en la gran crisis del 2008, implicaron saqueo de las economías nacionales.

 

Esta ha sido la política global impuesta al mundo occidental por la oligarquía angloamericana y sus instrumentos son el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Entidades a las que el presidente está invitando a que se conviertan en promotores del desarrollo y el bienestar de los pueblos. Quiere que renuncien a su naturaleza y se arrepientan de sus pecados. Prefiere pedirle caridad al usurero que pelarse con él.

 

Ciudad Obregón, Sonora 6 de mayo de 2020

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