Hace falta la voz de Tomás Rojo



Por Alberto Vizcarra Ozuna

Hoy se cumplió una semana de que Tomás Rojo Valencia, líder y vocero de la Tribu Yaqui -etnia asentada en el sur de Sonora, México- fue privado de su libertad. Desde el jueves 27 de mayo permanece en la condición de desaparecido. Rojo Valencia, nacido en el territorio yaqui, cursó estudios de agronomía. Ha sido activista incansable. Desde muy joven ha servido en la procuración de beneficios para la tribu, en la defensa de su desarrollo, el usufructo de su territorio y sus recursos naturales.

El líder yaqui alcanzó notoriedad nacional e internacional, en la lucha que ha sostenido junto al pueblo yoreme durante la última década, período en que poderosos intereses privados, con la complicidad del gobierno federal, se han propuesto las desviación de las aguas del Río Yaqui (en oposición al decreto de Lázaro Cárdenas) con la operación ilegal del Acueducto Independencia, para poner el recurso al servicio de grandes y especulativos negocios inmobiliarios que se anidan en la ciudad de Hermosillo, capital del estado. Al calor de esa lucha compañeros de Tomás Rojo, como Mario Luna y Fernando Jiménez, fueron injustamente encarcelados por el gobierno corrupto de Guillermo Padrés. En aquel entonces, Tomás tuvo que salir de su territorio y de Sonora, en un exilio forzado, para conservar su libertad y proteger su integridad física.

Las voces que de diferentes partes del país y del mundo le exigen a las autoridades mexicanas, tanto federales como estatales, el encuentro y regreso de Rojo Valencia sano y salvo, señalan la importancia de la personalidad del dirigente indígena. Todos le reconocen su papel fundamental en la defensa de la tribu, especialmente en la conservación íntegra del decreto del presidente Lázaro Cárdenas de 1938 para que el destino y uso de las aguas de Río Yaqui le presten servicio a la existencia de la etnia y a las actividades productivas de todo el sur de Sonora.

Se reclama su regreso por intelectuales y activistas de Europa, de los Estados Unidos y la noticia de su desaparición ha sido cubierta por importantes agencias informativas internacionales. En México, dirigentes indígenas del sureste, organizaciones civiles y de derechos humanos, también hacen el reclamo. Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, junto con escritores y artistas, entre los que

destaca el cineasta Alejandro González Iñarritu, le exigen al gobierno de la república y a las autoridades del estado de Sonora que “comprometan todos los recursos a su alcance para hallar con vida a este ejemplar luchador social”.

Lo que hace ejemplar el liderazgo de Rojo Valencia, es que su fuerte identidad, fincada en la cultura yaqui, no le alimentó un prejuicio racial; no tiene una mentalidad cerrada. Siempre se ha mostrado como una persona autoconsciente del poder moral de los yaquis, que como “fuerza débil”, tienen la capacidad de hacerse fuerte abrazando causas que trascienden el ámbito de la tribu y procuran el beneficio de todos.

Sus conocimientos académicos se refuerzan con su inteligencia natural. El 5 de mayo del 2010, Tomás Rojo fue piedra angular, junto con otros yoremes, en la elaboración y firma del Pacto del Río Yaqui. Un documento que por sus alcances tiene connotación histórica. En este se formaliza la alianza de los productores rurales del sur de Sonora y la sociedad civil de la región con la Tribu Yaqui, no solo para impedir el despojo del agua, sino fundamentalmente para sacar a la entidad del conflicto propiciado por los intereses codiciosos que se mantienen en el empeño de repartir, con obras como el acueducto, el agua que no alcanza.

Rojo Valencia, es un convencido de que la tribu yaqui, Sonora y el país, necesitan de una política fincada en el principio de gestionar más agua con la desalación y proyectos de infraestructura como el Plan Hidráulico del Noroeste, (PLHINO). Por lo mismo ha mantenido su oposición a que los directivos del Instituto Nacional para los Pueblos Indígenas,(INPI) usen el Plan de Justicia para los pueblos yaquis, ordenado por el presidente, como instrumento de chantaje para que la tribu acepte el desvío de las aguas del Río Yaqui con la operación ilegal del Acueducto Independencia.

La vida de Tomás, su voz y su palabra, son necesarios para los pueblos yaquis, para Sonora y para el país. No hay lugar para el silencio complaciente y oportunista. Tampoco espacio para escatimar esfuerzos en la tarea de lograr tenerlo de nuevo entre nosotros.

Ciudad Obregón, Sonora, 2 de junio de 2021

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