Tiempos y circunstancias



Avanza el proceso electoral 2017-2018, y a punto está de terminar el período correspondiente a las llamadas “pre-campañas” que a ojos vistas han sido una vil tomadura de pelo, dado que los contendientes han hecho campaña abierta sin recato ni pudor, y ni siquiera se han tomado la molestia de inventar subterfugios para taparle el ojo al macho y engañar al ineficiente e ineficaz aparato formado por el IFE y a sus excrecencias estatales, los IEEs. Así pues, las pre-campañas fueron campañas descaradas, y las actitudes de los violadores de las condiciones que estipula la ley en vigor, equivalen al clásico desafío de los bravucones: “realizo mis eventos políticos hacia los votantes en general, y si no les gusta, háganle como quieran”. Y claro, las autoridades electorales prefieren hacerle al pentonto fingiendo que todo está en orden, cuando evidentemente no lo está.

Dentro de seis días (11 de febrero) terminarán entonces las campañas disfrazadas de pre-campañas, y un día después (el 12 de febrero) es la fecha límite para definir los candidatos a la presidencia, senadurías y diputaciones federales. Los que quedaron en el paquete quedaron, y los que no, no. Y dentro de 53 días (el 30 de marzo) se dará la voz de arranque a las campañas federales formales, que terminarán -al igual que las campañas locales- el 27 de junio, y el proceso culminará el domingo 1º de julio, con un intermedio de los tres días estipulados como toque de queda o veda electoral, y que va del 28 al 30 de junio.

Hasta el momento el proceso electoral se ha centrado en las candidaturas federales porque, como dije con anterioridad, así está establecido en el calendario electoral previsto por la ley, pero eso no obsta para que el avispero en todos los rincones del país empiece a zumbar furiosamente, ante la inminente selección de candidatos a las alcaldías y diputaciones locales, que suelen despertar apasionamientos, conflictos y desacuerdos incluso más desenfrenados y peligrosos que las mismas candidaturas federales.

Dado que las pre-campañas en realidad han sido parte integral de las campañas formales, podemos considerar que lo que han venido haciendo y diciendo los candidatos (nada de “pre”, por favor) es lo mismo que van a seguir diciendo y haciendo en las campañas venideras. No habrá nada nuevo, o habrá muy poco de nuevo, porque ninguno de los tres principales aspirantes da para mucho más.

Veamos a uno por uno de ellos, empezando por el que según la mayoría de los sondeos y encuestas de opinión va arriba hasta el momento. Que Andrés Manuel López Obrador es un candidato muy diferente al que fue en 2016 y 2012… eso dicen sus panegiristas y apoyadores más fervientes. Que ha encontrado la fórmula para poner de su lado a los que jamás había podido convencer en los 18 años que lleva en campaña permanente. Que ha adquirido una personalidad renovada, más atractiva y pegadora, como consecuencia del “new look” que luce, gracias a la peinadora y las maquillistas que lo decoran cada día antes de salir a las plazas y las calles de los poblados. La realidad, despojada de la hojarasca y la propaganda, nos demuestra que AMLO en esencia es exactamente lo mismo de siempre, confirmando el viejo dicho de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Su discurso de hoy es el mismo viejo discurso, basado en las mismas viejas consignas y los mismos viejos dichos populacheros, aderezados con una que otra ocurrencia novedosa, y nada más. Chistoretes y frases pegajosas pero sin sustancia. Viejo el candidato, viejas sus consignas, viejas las formas y viejos los fondos. Nada nuevo bajo el sol electoral en un país que busca rumbos nuevos, caminos diferentes, y solo encuentra opciones obsoletas y vacías, específicamente el que se ostenta como el regenerador de la patria y que solo es más de lo mismo: un caudillo de tercera, desgastado e incapaz de ofrecer verdaderas soluciones a los grandes problemas que padece el país, y a los pequeños que vive la gente común en todos los rincones.

Este López Obrador que vemos no es diferente ni mejor, es exactamente el mismo que ayer y siempre: Un tipo que va tras el poder por el poder mismo, arrastrando tras de sí una cauda de desperdicios humanos que lo siguen igual que las ratas de Hamelín seguían al flautista de la leyenda alemana “Der Rattenfänger von Hameln”.

Ricardo Anaya que, según dicen, marcha en el segundo lugar, se apoderó de la candidatura a la presidencia luego de una meteórica carrera de dos años en el interior de su partido, el PAN, luego de haber destripado a Gustavo Madero, a quien traicionó y dejó para el arrastre. Luego se dio a la tarea de crear un bloque electoral con dos partidos de mediana factura en la actualidad: el PRD en absoluta y franca decadencia, y el MC que emerge como fuerza política, pero que aún le falta bastante para establecerse en la mayor parte del país. Ese bloque conforma la alianza “De Frente por México”, con la cual Anaya espera derrotar al PRI y a MORENA.

Anaya no es de derecha ni de izquierda, ni del centro, ni de arriba o de abajo. Es una criatura deforme alimentada por una facción plagada de ambiciosos y oportunistas. Anaya no tiene una ideología clara, y mucho menos sustentada y congruente, sus propuestas son invisibles e inaudibles, y se limitan a ser una réplica de algunas de las cosas que está manejando López Obrador: la erradicación de la corrupción, la eliminación de la ineficiencia y el despilfarro en el gobierno del país, etcétera, etcétera. En el fondo ambos, Anaya y López Obrador, son sub productos mal terminados del sistema político que ambos pretenden borrar de la faz de este pedazo de tierra llamado México. Y ambos son para nuestro país un peligro real y presente, aunque de diferente naturaleza, en caso de que alguno de los dos llegue a ganar esta elección.

José Antonio Meade surge repentinamente como candidato, como uno de esos conejos que los ilusionistas sacan de un sombrero de copa en sus actos de magia. Como persona y como político no tiene cola que le pisen. Sin ser un priista de prosapia ni nada por el estilo, dejó en el camino a Miguel Ángel Osorio Chong, el aspirante priista más connotado por su trayectoria partidista y currícula política, a Aurelio Nuño supuesto consentido del presidente Peña Nieto, y a José Narro Robles, un hombre con un perfil académico y científico extraordinariamente sólido, pero que adolece de la fuerza y la popularidad necesarias para acometer con posibilidades de éxito una empresa electoral de esta complejidad y virulencia.

Como opina la mayoría de los analistas y los conocedores del tema político, Meade sería sin lugar a dudas un mejor presidente de México que cualquiera de los otros oponentes, de partido o independientes, pero que al parecer hasta el momento está resultando un mal candidato, desde el punto de vista de que no despierta las oleadas de entusiasmo que podrían esperarse de alguien que aspira a conducir hacia buen puerto a este país durante los próximos seis años.

Me parece una apreciación válida aunque demasiado aplanada, chata, valga la expresión, porque aunque las campañas de AMLO y Anaya se están desarrollando en eventos de concentración abierta de masas, con todo lo que ello conlleva en materia de acarreos y manipulación, ese tipo de eventos suelen resultar engañosos, y útiles solamente para respaldar las encuestas y sondeos que cada vez son menos confiables, haciendo creer que los tumultos artificiosos y las encuestas amañadas son un reflejo fiel de la voluntad electoral de los más de 80 millones de votantes potenciales.

El único candidato que hasta el momento se ha ocupado y preocupado por presentar propuestas de solución a algunos de los principales problemas que enfrenta el país, es José Antonio Meade. Sus planteamientos pueden o no ser aceptados como válidos, pero cuando menos demuestra que el hombre tiene la voluntad, la experiencia, los conocimientos y la convicción para respaldar sus propuestas, que es infinitamente más de lo que están haciendo los otros candidatos, que gritan e insultan a diestra y siniestra, y bromean irresponsablemente con el futuro de los cerca de 130 millones de mexicanos que vivimos en este país.

En este chiporroteo de comentarios faltan los candidatos independientes, que serán probablemente tres, aunque que todavía están en veremos y no están 100% seguros. Ya veremos con qué salen en sus respectivas campañas, aunque debo confesar a usted que no espero nada sensacional o grandioso de Margarita, del Bronco o de Ríos Piter.

Por lo pronto esto es lo que tenemos a la vista y habrá que esperar a que arranquen las campañas cuasi formales para comprobar si alguno de los cinco o seis candidatos trae cosas interesantes en su mochila, o siguen montados todos en el tren de la mediocridad y la estulticia.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

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