Charlas que valen la pena


Por Alberto Vizcarra Osuna

En días recientes sostuve una conversación con un ingeniero que por más de veinte años ha trabajado en puestos de dirección en plantas generadoras de energía en diferentes zonas del país que están a cargo de la Comisión Federal de Electricidad, (CFE). Es refrescante y esperanzador conversar con personas que hacen de su profesión una vocación y que desarrollan una identidad en el desempeño estratégico de una paraestatal que es fundamental para el sostenimiento de la funcionalidad económica del país y su futuro. Es una bocanada de oxígeno la oportunidad de tener charlas así, ante la opresiva mediocridad que reina en la mayor parte de los círculos políticos que por andarse cuidando sus traseros ya no pueden ver hacia adelante.

La gente que se desarrolla en una ingeniería, en este caso la eléctrica, adquiere la destreza de principio en procesos de planificación para optimizar la dinámica física asociada a la economía, más cuando su desempeño se realiza en una empresa estratégica de carácter nacional. No tienen los vicios comunes del burócrata con mentalidad  administrativa que responde con prontitud a todo reto y desafío con la desgraciada y proverbial expresión: no se puede porque es muy caro y no podemos trastocar el equilibrio presupuestal.

Nuestro referido interlocutor, por su propia práctica, no tiene esa maraña mental que ideológicamente colonizó a la burocracia de la hacienda pública y que por cerca de tres décadas ha condenado a la nación a un crecimiento económico mediocre. Han renunciado a la industrialización del país, y pensar en grandes proyectos de infraestructura ha pasado a ser para ellos un pensamiento prohibido. Son los administradores del fracaso y los generadores de una profunda desigualdad que ha servido para que México pueda presumir a nivel internacional el trofeo de contar con uno de los hombres más ricos del mundo, al tiempo que más del cuarenta por ciento de la población se debate en la pobreza y en la miseria.

Es remoralizador encontrarse con personas que desde el campo de la ingeniería han alcanzado una comprensión sobre cómo el país tiene la capacidad instalada para proyectarse como una potencia económica. Sin mucha dificultad, nuestro interlocutor hace el trazo básico de lo que él considera debería de ser un programa de gobierno de alcance generacional.

Estima que el país debe de establecer como elemento de arrastre de todo el proceso económico la apertura en forma acentuada de un frente en el área de la investigación y desarrollo de la industria aeroespacial. Sostiene que este frente decantaría conocimientos científicos aprovechables en tres áreas más que él define como prioritariamente esenciales: energía nuclear, ingeniería e industria petroquímica así como la industria eléctrica.

Me sorprendió gratamente la naturalidad y la seguridad con la que plantea estos propósitos y la forma en la que explicó la interrelación de estos cuatro factores dentro del proceso económico en su conjunto. Luego pasó a explicar el tipo de acuerdos internacionales que México está en capacidad de lograr para darle forma al fortalecimiento de una industria propia de bienes de capital, esto es, lograr la capacidad soberana de producir las máquinas que produzcan nuestras máquinas.

Para el caso puso un ejemplo. Como experto en la generación de electricidad, nos describió con detalle los acuerdos realizados entre China y Rusia, al momento en que China construía la presa hidroeléctrica más grande del mundo, conocida como las Tres Gargantas. Las gigantescas turbinas que el proyecto requería se diseñaron en Rusia, pero en las especificaciones del contrato establecieron que las primeras turbinas construidas en Rusia tuvieran participación de ingenieros chinos. Luego, otro de los requisitos del contrato disponía que la siguiente serie de turbinas tendrían que ser construidas en China, con mano de obra China, bajo la supervisión de ingenieros rusos. Para la serie última de turbinas se estipulaba que tanto el diseño, fabricación y materiales deberían de ser completamente de origen Chino.

Con esto el ingeniero nos señala, que el saldo más importante para la economía China en este proceso, además de la monumental obra de infraestructura que representa esa presa, es haber logrado el conocimiento y la capacidad de ingeniería para construir sus propias turbinas. Hoy China, a menos de veinte años de haber terminado esa obra, es la principal proveedora de turbinas para auxiliar a África en la construcción de presas e hidroeléctricas. 

Conocer a personas así, nos recuerda el gran activo que aún conserva México en el sector de la ingeniería, en donde existen un valioso patrimonio intelectual evidentemente desaprovechado porque carecemos de una política económica orientada a la edificación de una industria nacional. La charla con este ingeniero de la CFE bien puede ser la plataforma básica de discusión con quienes ahora se disputan la presidencia de la república. Todos ellos muy lejos de ver el futuro y presumiendo las manos limpias a una población atrapada en la agenda pornográfica de la lucha en contra de la corrupción. 

Ciudad Obregón, Sonora, 26 de febrero de 2018


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