¿Quiénes son realmente los asustados?

¿Quiénes son realmente los asustados?


 

Por Alberto Vizcarra Osuna

 

Se equivocan los que suponen que el presidente Enrique Peña Nieto está asustado ante la eventualidad de que Andrés Manuel López Obrador gane la elección presidencial. El miedo tampoco es de la mayoría de los mexicanos, que  frente a las más de tres décadas de estancamiento económico y guerra irregular sostenida por el narcotráfico internacional, tienen poco de que asustarse. Los realmente asustados, no son muchos, es el reducido grupo de poder económico que durante este sexenio se mantuvo -aliado con los neoconservadores de los Estados Unidos- enfrentado a Peña Nieto, porque perdieron algunos de los grandes privilegios y negocios de los que gozaron durante los doce años de mediocridad que caracterizaron a los gobiernos de Fox y Calderón.

 

Quien se ha puesto a la cabeza del grupo, es Claudio X González. Sostienen una  presión constante sobre el gobierno de Peña Nieto, para que este aliente una corrida de fuerzas a favor del corrupto de Ricardo Anaya y abandonen al candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade. Presionan y chantajean, quieren que el gobierno se preste a la instrumentación de un fraude electoral con el que puedan imponer al joven de corta edad pero de ambiciones largas. Le echan fuego a la satanización de López Obrador para forzar la venta de su carta al presidente.

 

Acostumbran presentarse en sociedad como hombres de negocios, pero en realidad tienen un fuerte sentimiento de depredadores. Son viciosos del dinero, no les importa la funcionalidad de la sociedad, tampoco el crecimiento de la economía nacional y menos la evolución democrática de México. Se afilan las uñas en el fantasma de López Obrador, para presionar por el fraude electoral sin estimar las grandes heridas que le pueden ocasionar al país al colocarlo en una situación de bulnerabilidad frente a los intereses financieros internacionales que han hecho del caos su principal divisa para el sometimiento de los gobiernos y el saqueo de las naciones.

 

El mayor peligro para México sería que este grupo facciosos hiciera valer sus miedos y trastocara el proceso electoral con un fraude. En ninguna circunstancia se le debe impedir a la población su participación en la discusión y en la solución a los problemas que padecemos. La maduración de este proceso democrático, aún pasando por experiencias amargas y dolorosas, será siempre mejor que los arrebatos de los que quieren decidir los asuntos públicos y de interés nacional en el ámbito cupular y del tráfico de influencias.

 

Todo indica que el presidente no ha aceptado las presiones, no lo han asustado y no se ha dejado chantajear. Esa es una buena noticia. La conducta institucional de Peña Nieto le ha dado paso a lo preferible y saludable para la nación: una elección libre, en la que participemos la mayoría de los mexicanos y elijamos al presidente. Esto no nos libera de los problemas, pero sí del trauma y la lesión institucional que representaría imponer a un títere en la presidencia por medio de un fraude electoral.

 

 

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