Guillermo Padrés, la antítesis de un preso político.


 

Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

          Quienes tuvimos la oportunidad de visitar a los presos y perseguidos polìticos del gobierno represor de Guillermo Padrés, como Mario Luna y Tomás Rojo –por oponerse a la construcción y operación del ilegal Acueducto Indepedencia- podemos entender mejor la gran contradicción que contiene la grabación que Padrés hace desde la cárcel auto calificándose como preso político. La narrativa del ex gobernador de Sonora es una subversión de la realidad que compite con el imaginario kafkiano.

 

Aunque desde las proyecciones kafkianas, es más fácil creer que Padrés se pueda convertir en un  monstruo a que pueda convertirse en un preso político, el ex gobernador hace su lucha y dirige su grabación al presidente Andrés Manuel López Obrador. Se presenta como una víctima del “viejo régimen” sin poder dar cuenta de una sola causa justa que haya distinguido a su gobierno. Con una llaneza frívola y para seducir al presidente, identifica al viejo régimen con el PRI como si la amalgama de intereses que lo llevó a la gubernatura no traspasara las fronteras partidistas y haya operado como cobertura de protección para la cauda de tropelías cometidas durante su administración.

 

No le ha faltado cinismo a Guillermo Padrés cuando hace sus cálculos políticos. Él mejor que nadie sabe que en los juicios penales que se le siguen, no se le están violando sus garantías, tan es así que ya se le estableció la multa para que pueda llevar el proceso bajo el beneficio de la libertad condicional. A sabiendas de que saldrá precisamente por el cumplimiento de esa garantía y porque tiene suficientes millones de pesos acumulados, lanza el audio dirigido a López Obrador para procurar el crédito de ser estimado como preso político.

 

Espera que las palabras dirigidas al presidente, encuentren resonancia en algunos miembros del gabinete presidencial, quienes durante el proceso electoral anterior se dieron a la tarea de darle refugio al padrecismo en las filas de MORENA con amarres electorales que les permitieron posiciones de gobierno en Sonora encubiertos en la ola lopezobradorista. El solo hecho de que el presidente admita que se revisará el caso, cuando el proceso judicial tiene su propio curso, es un resquicio que abre espacio para que se sobrepongan intereses políticos que obstruyan el proceso legal y su cumplimiento conforme a derecho.

 

La insólita personalidad del ex gobernador de Sonora, no deja espacio para la ambigüedad, se trata del sujeto que tipifica en la forma más grotesca la resultante del tráfico de influencias, la impunidad y la corrupción. No hay en la tormentosa biografía política de Guillermo Padrés, ninguna acción que lo vincule a una causa justa. Su meteórico ascenso a la gubernatura de Sonora, es una ruta marcada por fraudes, engaños, violaciones a la ley y despojos animados por el irrefrenable propósito del enriquecimiento personal y familiar. Se trata francamente, como se hace constar en los expedientes judiciales, de un delincuente. Es el dibujo perfecto que puede caracterizar la antítesis de un preso político.

 

Ciudad Obregón, Sonora, 10 de enero de 2019

 

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