Esta nota fue publicada hace algunos años en Dossier Politico. Hoy se reproduce como merecido homenaje a la memoria del ingeniero Casimiro Navarro Valenzuela, acaecido el 1 de abril de 2025 a tan solo tres días de cumplir 74 años. Falleció en Hermosillo, la ciudad que gobernó a principios de los años 80´s. Le sobreviven su esposa e hijos.
El director de Dossier Politico, Oscar Castro y su familia patentizan las más sentidas condolencias a la familia que llora tan lamentable pérdida al igual que el autor del artículo, Fernando Gutiérrez, por tan lamentable pérdida de este gran sonorense y político de excepción que fue en vida Casimiro Navarro, sobre todo por ser un excepcional amigo del medio, su director y colaboradores.
QEPD
Fenando Gutiérrez R.
Recordar es enmendar…
Fue despiadado revanchismo del PRI durante mi alcaldía: Casimiro Navarro
Transcurridos más de 40 años de que el PAN despojó por segunda vez al PRI de la presidencia municipal de la capital de Sonora, el exalcalde Casimiro Navarro Valenzuela es considerado hoy por hoy como un fenómeno político que cambio la forma de ver y ejercer la política en Sonora. Incluso, al seno de Acción Nacional y el resto de institutos políticos que hoy confluyen en Sonora, la historia que se tejió a partir de aquella administración de oposición, se resume como una cátedra de cómo debe conducirse un verdadero líder político para mantener siempre la vigencia y el capital político al alza de por vida, donde la honestidad, inteligencia, valor civil y la pasión, son, entre otros atributos, la clave, no solo para llegar, sino para perdurar a través de los tiempos y tener un espacio en los anales de la historia de un estado y una nación.
La historia del Partido Acción Nacional en Sonora está escrita con sangre, pundonor y lágrimas, con ingratos pasajes político partidistas rememorados hoy por la nostalgia de los panistas de ayer y que vive en la memoria de muchos, sobre todo, quienes hicieron de la doctrina y los postulados del partido las mejores armas en la lucha ciudadana por la democracia y el bien común.
Desde ahí se forjaron los panistas de cepa, los de la humildad a cuestas y los de la voz ciudadana como bandera, la brega de eternidad como misión de vida y la lucha por el poder en beneficio de la colectividad y el bien común como objetivo primordial de su quehacer partidario y labor cívica.
En esa obra partidista destacan muchas mujeres y hombres, jóvenes y no tanto, que por todos los rincones de Sonora fueron tejiendo esfuerzos para hacer del PAN un venero de liderazgos al servicio de las causas ciudadanas, cuyas bondades fueron heredadas por los luchadores de antaño, pero que hoy en día, otros usufructúan, algunos, torciendo la doctrina o desoyendo los postulados dictados por las mentes prodigiosas de los fundadores.
En los anales de esa historia panista de Sonora, descuellan las figuras de dos hombres que con gallardía supieron sumar al pueblo a su cometido y el de su partido, el PAN, en una empresa entonces imposible de lograr como fue enfrentar y vencer en las urnas la soberbia de un partido invencible, como era el PRI de aquellos años.
Enarbolando los postulados del PAN, esos hombres –cada uno en su tiempo- logró derrotar al monstruo político en la arena electoral y llegaron a gobernar la capital de Sonora contra los vientos y las mareas que le generaron no pocas, y cuanto oscuras, tormentas provenientes de la revancha tricolor ante la afrenta electoral sufrida.
De esto hace cincuenta años y por estos días con gran honor festeja el comité directivo municipal del PAN en Hermosillo de la mano de la fundación “Martínez Preciado”, parte medular en el devenir histórico de este partido y su contribución a la vida democrática y participativa que vive Sonora y su capital hoy día.
Era el año de 1967 cuando don Jorge Valdez Muñoz se convertía en el primer presidente municipal postulado por el PAN en la capital de Sonora, Hermosillo; al mismo tiempo alcanzaría la alta distinción de convertirse en el primer candidato opositor al PRI a en la historia de México que llegaba a gobernar la capital de una entidad federativa.
Quince años después, en 1982, surgiría al escenario político un joven hermosillense, de profesión ingeniero civil, egresado de la Universidad de Sonora, de origen humilde y con agallas políticas suficientes para enfrentar a un PRI y su candidato, que por ninguna circunstancia permitiría se repitiera la hazaña lograda por don Jorge Valdez Muñoz, según amenazaron entonces.
Aun con esa fijación priista como amenaza, en las elecciones de julio de 1982 -por segunda vez- el PAN lograría gobernar la capital, Hermosillo; tras una desigual campaña proselitista, por abrumadora mayoría de votos ganó las elecciones el ingeniero Casimiro Navarro Valenzuela al imponerse en las urnas sobre un experimentado candidato tricolor, sólidamente apoyado política y económicamente por la elite política y empresarial de Sonora y otras latitudes, el arquitecto Enrique Flores López.
De nuevo, el ogro tricolor y su candidato habían sucumbido ante la inteligencia, popularidad, pasión y carisma de aquel joven candidato de oposición, surgido del popular barrio El Mariachi y enarbolando las siglas, doctrina y postulados de Acción Nacional.
Manifestaciones de toda índole en aras de evitar la llegada de Navarro a la alcaldía llegaron de todas las formas posibles desde la cúpula del priismo estatal y en parte de ciertas oficinas del aparato gubernamental estatal.
Las elites partidarias y sociales exigían y presionaban al gobernador, Samuel Ocaña García, proceder y cobrar la afrenta sufrida al partido y a su candidato derrotado, sobre todo, por sucumbir ante un joven de origen humilde que creció en uno de los barrios más populares de Hermosillo.
La rancia sociedad que suponía la supremacía del poder económico y político en el centro de Sonora veía con recelo el triunfo de Navarro Valenzuela y, a la menor provocación, mostraban su desagrado ante el hecho de que un joven nacido en el populoso barrio El Mariachi, de Hermosillo, gobernara la capital del estado, sede de los poderes político y económico y donde los dueños del dinero y la cosa pública, disponían a su libre albedrío del usufructo.
Tarea doble de Navarro Valenzuela fue tener al enemigo dentro, pues tan pronto se regó la noticia de su triunfo, saltaron algunas voces de personalidades enquistadas en cofradías al interior del PAN, que comulgaban con la idea de desconocer el legítimo triunfo del joven correligionario que evidentemente no pertenecía a la casta divina de los políticos y potentados de esos años.
Pero la contundencia en las urnas demostraba claramente que la voluntad popular se había impuesto sobre el candidato del PRI en aquella ejemplar jornada electoral y eso echaba por tierra toda intentona de fraude de estado o pretensión malsana de despojar del triunfo al candidato triunfador, como, incluso, lo proponía un grupillo traidor al interior de la dirección estatal del PAN de aquellos años.
Sin proponérselo, Casimiro Navarro demostraba a toda una nación, un estado y la ciudad que gobernaría, que el poder del voto popular como el que lo encumbro en la alcaldía, tenía mucha mayor fuerza que todo el poderío económico y político de unos cuantos, aquellos que por costumbre solían poner o quitar a su antojo candidatos y representantes “populares” en Sonora y su capital.
A contrapelo del PRI, el poder económico, el clero y la prensa mercantilizada, la administración municipal de Casimiro Navarro Valenzuela inició en septiembre de 1982 sobre negros nubarrones y, un día sí y el otro también, aparecía el vendaval de obstáculos para dificultarle la gestión los que ponía a prueba el temple del novel alcalde.
Antes de amedrentarse o sucumbir a los obstáculos que desde ciertas oficinas del gobierno estatal, pero sobre todo, del Congreso del estado le ponían para opacar cualquier buen funcionamiento de su administración.
Pero a cada boicot oficial el entonces joven ingeniero apelaba al respaldo y apoyo ciudadano y gobernados para enfrentar juntos toda suerte de contratiempos y obstáculos, que mañosamente y con insistencia desde los altos círculos del poder central le colocaban a su paso.
En los primeros días de estar en la silla presidencial, Navarro Valenzuela se enteró que los trabajadores municipales habían estallado la huelga -ilegal, por cierto- .
Sin mediar demanda ni emplazamiento previo, doce dependencias cuyo contrato colectivo de trabajo lo administraban sindicatos blancos afiliados al sector popular del PRI, la otrora poderosa CNOP paralizaban labores.
Un puñado de trabajadores instigados por personal de confianza y otros ajenos al ayuntamiento declararon una huelga de hecho, no de derecho. Los de limpia y recolección, del servicio de transporte urbano que entonces administraba el ayuntamiento, parques y jardines y otras dependencias y organismos de la comuna con su decisión llevaron a la capital sonorense al caos y abandonada a su suerte tras el paro.
La súbita paralización total de la prestación de los servicios públicos básicos en perjuicios de todos los habitantes de Hermosillo, su área rural, incluyendo el poblado Miguel Alemán y Bahía de Kino constituyó la primera prueba a Casimiro Navarro sobre su liderazgo y capacidad de reacción y convocatoria ciudadana.
Ante aquel problema que rompía con la estabilidad de la ciudad y amenazaba la investidura de su gobierno, Casimiro Navarro lanzó una urgente convocatoria a todas y todos los hermosillenses a unirse en una sola causa: unirse a los esfuerzos del ayuntamiento por sacar adelante a la ciudad y como respuesta a ello, logró que cientos de ciudadanos salieron a las calles a pie, o en vehículo quienes tenían, a suplir a los trabajadores paristas.
En tanto la ciudad era mantenida en pie por el esfuerzo de muchos ciudadanos, el alcalde demostraba por la vía del diálogo con los paristas y la observancia del estado de derecho, la ilegalidad de los paros laborales logrando a los días que los trabajadores desistieran de la huelga y así todo volviera a la normalidad; hay que decirlo, la mayoría de trabajadores estaban en contra de paralizar labores y no sería sino mediante amenazas que los líderes sindicales instruidos por el PRI estatal a través de la CNOP infundieron en la base gremial, como aceptaron a regañadientes irse al paro, según se logró comprobar al tiempo.
Así pasaron tres años de la administración de Casimiro, escudando pedradas y sorteando obstáculos, como aquellos que cada ejercicio presupuestal la cantidad aprobada por el Congreso del Estado para la capital sonorense era menos que establecía proyecto aprobado por cabildo y enviado por el alcalde al legislativo; antes de ir en aumento, el presupuesto del gasto público municipal resultaba menguado y rasurado por la aplanadora priista parlamentaria de aquel entonces.
Esto ponía en un aprieto al presidente y su gestión, motivo suficiente para mantener la firmeza y alzar la voz para exigir respeto a la comuna y a los hermosillenses y que fuera el imperio de la ley la que se impusiera sobre cualquier señalamiento acusador que lo responsabilizaba de la crisis que le querían abonar a su incipiente administraci
lo que le correspondía por ley a la comuna y a duras penas lograba algo a cada que se enfrentaba mediáticamente con el Congreso de mayoría priista, incluso, cuando exigía al gobernador respetuosamente y a través de alguna declaración estridente, diera salida a las partidas presupuestales que se “atoraban” en la hacienda estatal mediante truculentas decisiones de funcionarios de primer nivel.
Así las cosas, para el último ejercicio fiscal de su administración, Casimiro Navarro tuvo que sobrellevar su gestión con una cantidad irrisoria de recursos presupuestales aprobados para el gasto público municipal, muy inferior a la de otros municipios sonorenses.
No conforme con ello, las partidas presupuestales provenientes del gasto federalizado eran constantemente retenidas en tesorería estatal sin motivo alguno. Las medidas de austeridad y la racionalización del gasto corriente implementado por la administración municipal casimirista lograron, a duras penas, sacara al menos las labores mantenimiento urbano de la capital.
Prácticamente la obra municipal se canceló por la falta de recursos que eran retenidos por el estado o la federación casi en su totalidad y endosadas al estado para su aplicación, aunque supo Casimiro Navarro sobrellevar negociaciones con el gobierno del estado y este se hizo cargo de algunas obras que mantuvieron a la ciudad a flote y no sucumbiera ante la falta de presupuesto, como no pocos no solo lo deseaban, sino que propiciaban deliberadamente.

A las semanas de asumir la presidencia municipal, Casimiro Navarro Valenzuela fue entrevistado por la revista Proceso, como uno de los tres alcaldes de México que habían obtenido el triunfo para un partido opositor al PRI en la capital de un estado.
La entrevista fue publicada en Proceso el primero de enero de 1983 y firmada por el reportero Francisco Ortiz Pinchetti, quien además entrevista al presidente municipal de San Luis, Potosí, Salvador Villa Gómez, y de Guanajuato, el doctor Salvador Nava Martínez, quienes en las elecciones de julio de 1982 ganaron las elecciones desde la oposición, como lo hiciera Navarro en Hermosillo abanderado por el PAN.
Por su interés, se reproduce íntegramente el despacho periodístico en cita a más de medio lustro de distancia de su divulgación en PROCESO.
Tres vencedores del “invencible”; uno sin desearlo
El revanchismo del PRI, temor de tres alcaldes de oposición
Por: Francisco Ortiz Pinchetti/PROCESO
Un ingeniero civil, un médico oculista y un arquitecto especializado en minas se sacaron la rifa del tigre: ganaron las presidencias municipales de Hermosillo, San Luis Potosí y Guanajuato como candidatos de oposición.
¿Y ahora?
“Gobernaremos junto con el pueblo que votó por nosotros”, dicen.
Así, con una amplia participación ciudadana, suponen ellos superar las condiciones evidentemente adversas a las que se enfrentan como alcaldes de las capitales de tres estados —sedes de sus respectivos y priístas señores gobernadores— en plena crisis económica, sin recursos y con el PRI herido por la derrota y sediento de revancha.
Los riesgos de la democracia, que se dice.
En Hermosillo, Sonora, el ingeniero Casimiro Navarro Valenzuela, postulado por el Partido Acción Nacional, ganó las elecciones municipales del 4 de julio.
A tirones, pero su triunfo fue reconocido. Ocupa la presidencia municipal desde el 16 de septiembre (de 1982) y, en apenas tres meses, ha sufrido ya las primeras cuatro embestidas del vencido ex invencible.
La capital potosina fue conquistada en forma contundente por el oftalmólogo Salvador Nava Martínez, a quien apoyó una coalición de los partidos Acción Nacional y Demócrata Mexicano, en los comicios del 5 de diciembre Tomó posesión apenas el 1o de enero
Y en Guanajuato, el arquitecto Rafael Villagómez Mapez, candidato improvisado por el PDM, ganó la alcaldía en forma hasta para él sorprendente y despacha en la presidencia también desde el primer día de 1983
Tres ganadores que, sin embargo, no pueden ser puestos en el mismo costal:
Navarro Valenzuela, propietario de una compañía constructora, tiene 31 años de edad y ha sido panista desde los 17; Nava Martínez llega a la alcaldía por segunda vez a los 68 años de edad, luego de que en 1958 dejó el PRI para ganar la presidencia municipal como candidato independiente y de ser víctima, tres años después, de un escandaloso fraude electoral, cuando jugó por la gubernatura de San Luis Potosí y ganó; Villagómez Mapez, de 39 años, hijo y socio de un rico empresario minero de Guanajuato, estaba dedicado por entero a su profesión y sus negocios hasta hace tres meses, cuando el PDM —partido al que no pertenecía ni pertenece— lo postuló, y acabó por convertirse en alcalde de su bella ciudad.
Nada que ver, pues, uno con otro. Salvo el hecho de haber sido postulados, los tres, por partidos de la derecha, que capitalizaron otra vez del descontento popular contra el gobierno Y el haber logrado que, por primera vez en forma simultánea, el PRI se convierta en partido de oposición en las capitales de tres entidades del país. Cuidado.
Entrevistado en sus respectivas ciudades, los tres ganadores del tigre electoral se confiesan temerosos ante el revanchismo priísta y la incertidumbre económica en la que inician sus mandatos.
Los tres, sin embargo, dicen esperar cuando menos respeto de los gobernadores que tienen literalmente encima y confiar en la rectitud del presidente Miguel de la Madrid Hurtado
Aunque Nava Martínez no se detiene en la confianza:“Defenderé a cualquier costo los intereses y los derechos de mi pueblo”, advierte
Hermosillo, primeros embates:
En la capital de Sonora, antiguo bastión panista, los temores se convierten ya en experiencias: el PRI contraataca
Hace 15 años, cuando el PAN ganó también la alcaldía de Hermosillo, los priístas se encargaron de que la administración de Jorge Valdés Muñoz fuera un auténtico calvario Le pusieron piedrita tras piedrita al pobre panista. La primera, cuando apenas se había sentado en su despacho, fue una huelga de policías municipales
“A mi ya me quisieron hacer lo mismo”, dice ahora Casimiro Navarro Valenzuela “A raíz de que nombré provisionalmente a un jefe de investigaciones, me movieron el agua Quisieron promover un paro. Lo que se les olvidó fue que la Constitución del estado establece que los jefes de la policía municipal son nombrados por el gobernador, lo cual, por cierto, es una violación flagrante a la autonomía municipal Pero es así Mi nombramiento era absolutamente provisional Y simplemente lo retiré y se acabó el pretexto”
El joven alcalde panista —”me critican hasta porque vengo a trabajar en camiseta”— dice sentir una grave responsabilidad “ Tenemos que ser ejemplo de administración municipal
Ejemplo para otros procesos, en otros lugares del estado y del país. Tenemos que demostrar que el PAN no es sólo capaz de ganar las elecciones, sino también de gobernar con honestidad y eficiencia; contamos con el apoyo y la predisposición favorables de los ciudadanos; pero tenemos enfrente enemigos poderosos. No es nada fácil nuestra tarea”
La crisis económica, dice, es un reto: “Lo que hagamos en estas circunstancias tan difíciles será debidamente valorado por el pueblo”. Los intentos del PRI por desprestigiar su administración, un riesgo:
“Lo superaremos si logramos gobernar para todos, al margen de partidarismos; si logramos la participación de todos los sectores en el quehacer municipal”.
A tres meses de haber asumido la presidencia municipal, Navarro Valenzuela se mira animoso: “Ya trataron de movernos el piso, pero les han fallado los tiros”, dice.
Porque además del asunto de la policía municipal, el alcalde ha tenido que enfrentar otros problemas “promovidos por la gente del PRI”.
El primero fue el del transporte colectivo de la ciudad: Apenas cumplía tres semanas el nuevo ayuntamiento cuando los transportistas —afiliados al PRI— amenazaron con un paro, en demanda de aumento a las tarifas
“Fue una maniobra muy burda”, dice el munícipe.
“Las tarifas del transporte las fija el gobierno estatal, no los municipales. Ellos querían presionarnos para que nos saltáramos la ley y autorizáramos lo que no nos corresponde. Y no lo hicimos”
Explica que existe una comisión estatal de transporte, en la cual participan el gobierno del estado, el ayuntamiento y los permisionarios “.Ahí, en la comisión, nosotros sugerimos un aumento razonable a las tarifas. Sugerimos, nada más, para buscar un arreglo justo; pero cuando vieron que su maniobra fallaba, los concesionarios no se presentaron en la reunión de la comisión: se fueron al local del PRI y acordaron suspender el paro. Luego, en la prensa, manejaron que gracias al PRI se había solucionado el problema”.
Eso fue el martes 7 de diciembre. El jueves 9 afloró un movimiento de empleados del ayuntamiento Pedían la solución de un pliego petitorio que, según el alcalde, tenía año y medio guardadito. Fue la segunda piedra.
“Los líderes querían irse al paro Esa era la intención Nosotros dialogamos con los trabajadores, directamente. Hablamos con sinceridad y nos entendimos con ellos y llegamos a una solución, sin paro”
Luego vino el problema de la policía municipal. El cuarto y más reciente intento “desestabilizador” fue la creación de las juntas para el Progreso y Bienestar como organismos del gobierno estatal para realizar obras municipales.
“Estas juntas dependen directamente del gobierno de estado”, dice Navarro Valenzuela “. Su creación es una nueva, obvia violación a la autonomía municipal En nuestro caso, hay además una intención muy clara: marginar al ayuntamiento de la realización de obras que le competen”
—¿Sufre, entonces, acoso por parte del gobernador?
—Para nosotros, hasta ahora, todas esta maniobras son realizadas por los directivos del PRI. Su participación ha sido evidente. Ellos, eso sí, presionan al gobernador, lo acosan, quieren obligarlo a actuar contra el ayuntamiento. Hasta ahora pensamos francamente que no lo ha hecho.
Dice el alcalde panista que sus relaciones con el mandatario sonorense, Samuel Ocaña García, “son buenas, cordiales” Indica que el gobernador ha declarado que será respetuoso y que apoyará el ayuntamiento. “Hasta ahora, lo repito, no hemos sufrido ningún bloqueo directo de su parte. Lo que vemos es que el PRI lo presiona”.
En los comicios del 4 de julio, Navarro Valenzuela obtuvo un triunfo claro Según las cifras oficiales, el candidato del PAN a la alcaldía obtuvo 34,882 votos, mientras su contrincante del PRI logró sólo 19,842.
—¿A qué atribuye su triunfo?
—En primer lugar creo que este, como otros triunfos recientes de la oposición, obedecen a la falta de credibilidad del electorado en el sistema político implantado por el partido oficial.
La gente ya no le cree. En el caso de Hermosillo, fue importante también el contacto del candidato con la ciudadanía y el trabajo de equipo realizado por el partido en la campaña.
“Por otra parte —agrega— el PRI hizo una campaña floja, gris. Creo que supusieron fácil el triunfo. Y perdieron”..
Hermosillo tiene una población de unos 500,000 habitantes. Según su alcalde, la ciudad tiene problemas graves de seguridad pública y de carencia de servicios municipales —que afecta al 35% de sus habitantes— principalmente el agua potable “Tenemos grandes necesidades”, resume.
Sin embargo, reconoce que recibió el municipio “en buenas condiciones; hay equipo y buenas instalaciones”. Su antecesora en la alcaldía, la priista Alicia Arellano Tapia, le dejó un millón de pesos en caja, además de créditos recuperables.
El nuevo ayuntamiento presentó un presupuesto municipal de 1,487 millones de pesos para 1983 (22% mayor que el año anterior), cuya aprobación está en manos del congreso local.
—¿Es suficiente?
—No, si consideramos que el costo de la vida se ha incrementado en 70% en un año y que además aquí nos vemos afectados muy directamente por la devaluación del peso: nuestros equipos son importados.
“Pero hay que ser honestos”, advierte.
“Pienso que la crisis económica que vivimos tiene que ser resuelta en gran medida por las administraciones municipales.
Por eso, ante nuestras limitaciones económicas, buscamos la participación de los ciudadanos, incluso con su mano de obra, para superar carencias.
Ya se está dando: la gente no viene a pedirme, viene a preguntarme qué puede hacer, en qué puede colaborar. Esa es ya una gran diferencia.
La otra parte nos corresponde directamente: administrar el ayuntamiento con honestidad y con eficiencia. Con eso, de paso, neutralizaremos los ataques del PRI”.
Tomado de la revista PROCESO de edición nacional del 1 de enero de 1983.
https://dossierpolitico.com/2025/04/02/casimiro-navarro-el-hombre-que-cambio-la-forma-de-ver-y-ejercer-la-politica-en-el-pan/