+ Regularizan vialidades en San Carlos; La Manga está en ese proceso, a casi 7 décadas de lucha; reconocimiento y agradecimiento de la gente; la estafeta está ahora en las nuevas mentalidades Agustín Rodríguez L.
SAN CARLOS. – Cuando Rafael T. Caballero visualizó el paraíso formado por el litoral del mar de Cortez y su encuentro con el desierto en este destino, al pie del cerro Tetas de Cabra, espacio sagrado de nuestros antecesores guaimas, también visualizó la formidable lucha que venía para crecer con el entorno.
La tenencia de la tierra sería parte de esa lucha y por eso siempre cuidó el orden con el que debería avanzar todo proyecto, en aras de evitar obstáculos a la urbanización futura.
Era el último trienio de los años 50 del siglo pasado y el oriundo de Chínipas, Chihuahua, radicado entonces en Nogales, Sonora, ya había resuelto sus problemas económicos. Le gustaba volar. Pilotaba su propia nave y así descubrió el paraíso.
Decidió invertir y trajo a sus amigos a disfrutar esos escenarios, disfrutar la pesca y el buceo y descubrir lo que más tarde un célebre capitán de la Armada francesa convertido en explorador científico, Jacques Cousteau, los llamó “El acuario del mundo”.
Rafael se quedó. Paulatinamente emergía lo visto en su sueño. Creó el primer espacio hotelero, la primera marina, mejoró el camino de 12 kilómetros años después pavimentado y más tarde ampliado envidiablemente, para conectar el naciente pueblo con la carretera federal 15.
Lo demás comenzó a llegar, al ver el ancla que significaba una figura como la del empresario que hoy tiene una estatua en la plaza construida donde hace 63 años se fundó oficialmente el pueblo.
Entonces muchos comenzaron a voltear hacia el ahora exitoso destino y nació la historia en torno a la legendaria figura de don Rafael, quien se nos fue al comenzar abril de 2017, después de una larga y productiva vida.
Dejó un pendiente que le habría gustado ver resuelto.
Entre lunes y martes, el Ayuntamiento de Guaymas resolvió lo que la autoridad municipal consideraba un rezago histórico, como es autorizar procedimientos para aceptar suelos de este destino turístico para una vez regularizados, poder escriturarlos. Es la única forma de poder oficializar los trazos urbanos y consolidar vialidades en los desarrollos.
La doctora Karla Córdova González, presidenta del Ayuntamiento, ha capoteado el miura que implica una comunidad sufriendo impotencia ante la falta de certeza jurídica de su posesión.
Ya se tomó ese camino en sectores como Villa Bemela y Los Corceles, Camino de las Torres y otras desincorporaciones del ejido 13 de julio y la comunidad de Buenos Aires. Al ingresar al patrimonio municipal, se garantizará el uso como infraestructura vial en favor de la gente que, así, confiará e invertirá en el desarrollo.
Por alguna causa no se daba seguimiento a una solución. Hoy, el Gobierno Municipal lo hace, atendiendo los temas patrimoniales y urbanos y mejorará las condiciones para el desarrollo.
Así llegamos a otro punto donde un largo éxodo termina en la tierra prometida que es La Manga, en el norte de Los Algodones, la ensenada de magnífico litoral de arena blanca y aguas azules, donde la familia Llano es el pilar central de inversiones que crearon el primer mundo turístico regional.
La Manga, informó la alcaldesa Karla Córdova, se exenta del pago de derechos municipales al trámite de congruencia de uso de suelo de Zona Federal Marítimo Terrestre y deslinde, con el que posesionarios de terrenos de la comunidad pesquera podrán regularizar sus predios y cumplir los requisitos para que Comisión Federal de Electricidad les brinde ese servicio.
El trámite que expide el Ayuntamiento es también requisito previo para tramitar ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la concesión federal respectiva.
Esta es la luz al final del túnel. Antes, fue el éxodo de trámites sufrido por posesionarios asentados en el lejano campo pesquero, al que llegaban por mar o sufriendo en larga y serpenteante brecha entre los cerros que hoy se disfrutan, pero antes se temían.
No se sabe el dato de los primeros asentamientos, pero se tiene noción de ellos a partir de la exploración de don Rafael y su intención de desarrollar el paraíso.
Entonces comenzaron a llegar doña Rosita y su esposo José Luis; Hermenegildo, Lorenzo López, don Fortunato, Serapio Camacho, Javier Córdova y otros que, como el Moisés del Texto Sagrado, no llegaron a la tierra prometida de la regularización en marcha.
Pero no avanza en el papel y ya. Desde 2017 cundo Andrés Manuel López Obrador hacía campaña por estos suelos, se le pidió apoyo, porque desde 2012 se había resuelto a favor de la solicitud de un Paso de Servidumbre que negaba un Juzgado Local en Guaymas, pero resuelto favorablemente por el Juzgado Federal asentado en Hermosillo, dejando sin efecto solicitudes de amparo de dos firmas de empresarios cajemenses.
Así fue como avanzó la gestión y el propio expresidente pidió al entonces diputado federal Heriberto Aguilar, involucrarse en soluciones a la legal tenencia de la tierra, tramitar concesiones y llevar servicios.
Tan en serio se tomó el apoyo que no habían recibido los asentados, que no lo creían cuando el gobernador Alfonso Durazo Montaño les notificó sobre muchos trámites cumplidos y pronto llegarían las obras, que hoy suman más de 20 millones de pesos.
Ya está garantizado el paso de servidumbre, se introdujo el servicio de energía eléctrica –con infraestructura subterránea—y hasta mufas tienen los predios. Luego vendrá lo demás.
Primero, como dijo la doctora Córdova, la certeza jurídica sobre sus posesiones, luego los servicios que mejoren el nivel de vida de la zona, un paraíso sin duda.
Y como nobleza obliga, la asociación civil Ensenada La Manga, como se denominó para efectos de trámite legal, quiere manifestar su reconocimiento y agradecimiento.
Ni el gobernador ni la alcaldesa lo necesitan, ciertamente, ni el senador Aguilar, los funcionarios de CFE o el secretario del Ayuntamiento Herman García Luna. Aunque, quién no disfruta una respuesta de agradecimiento.
Pero los beneficiarios lo manifiestan a quienes quieren escucharlos. Ya verán cómo hacerlo directamente a quienes les apoyaron en esta larga caminata burocrática, descrita por el representante formal del grupo, Bernabé Manríquez Figueroa, cuya agradable charla atrajo a mi mente muchos pasajes de esa larga lucha hoy a cargo de 170 agradecidas familias.
Cercana ya la mancha urbana de un desarrollo turístico de alto nivel, esas familias ahora tendrán la opción de permanecer en la tierra que, en muchos casos, heredaron de padres y abuelos, o sumarse a futuros proyectos que consoliden el futuro a la vista del privilegiado sitio, cuya promoción y ordenamiento hoy es estafeta en manos de nuevos visionarios que hacen confiar en ese futuro.