Tengo miedo, pero no soy cobarde: AMLO


Por Alberto Vizcarra Ozuna

 

Un día previo a la llegada de López Obrador a Veracruz, acompañado del gabinete de seguridad, en el municipio de Minatitlán, un comando de sicarios asesinó a trece personas, incluido un bebé de apenas un año. La barbaridad adquirió mayor connotación mediática, no porque no se hayan presentado ejecuciones colectivas en lo que va de este gobierno, sino porque coincide con la llegada del presidente y la celebración del viernes Santo de la semana mayor.

Como ejecución colectiva, en su solo acto, es la mayor que se ha registrado en los cinco meses de la presente administración, periodo en el que la violencia y asesinatos vinculados al narcotráfico han repuntado en forma notoria, incluso por encima de los registrados en los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre el primero de diciembre y el 31 de marzo se registraron 11 mil 372 víctimas de homicidio doloso, reconociéndolo como el periodo de mayor violencia desde que se lleva esta estadística. Las cifras representan un incremento de 9.7 por ciento en comparación con el mismo periodo del año pasado.

Los enfoques de reivindicación partidista frente al fenómeno, ya sea que se desprendan de los círculos del partido gobernante o de los partidos de oposición, no dejan de ser pueriles. Las ejecuciones colectivas a manos del crimen organizado, se hicieron en el gobierno de Calderón en Monterrey, también en Tamaulipas y a Peña Nieto en Guerrero, con la masacre de los normalistas de Ayotzinapa. La estructura internacional que comanda al narcotráfico y a su ejército irregular, no tiene fidelidades partidistas, su cometido es la desestabilización constante del Estado y su debilitamiento.

Cuentan con el respaldo de estructuras financieras internacionales que les proporcionan las armas y los dólares a cambio de las drogas. Un esquema de financiamiento para operar como fuerza de choque y terror en contra del Estado Mexicano. Para ellos el diálogo con el gobierno empieza con la rendición de las instituciones, esto es la admisión formal de una estructura paralela de poder que imponga, entre otras cosas, la legalización de la siembra, consumo y comercialización de las drogas y el retiro del ejército en el combate al narcotráfico.

Son un apéndice del sistema financiero internacional, que frente a la crisis se ha convertido en la principal fuente de liquidez lavando cerca de un billón de dólares anuales, producto de operaciones relacionadas con el comercio ilícito de marihuana, cocaína, opiáceos y drogas sintéticas. Ellos son los que le han declarado la guerra a México y es necesario que el presidente asuma esta realidad tal cual. El escenario que le montaron en Minatitlán, debe de servir de acicate para se percate de que no está enfrentando grupos o pandillas que se mueven bajo una dinámica nacional, sino a una maquinaria bien armada manejada por una correa internacional.

Es importante que el presidente reconozca que tiene miedo, pero que al mismo tiempo postule que no es cobarde, porque encarar este frente, requiere de mucha valentía e inteligencia. Lo primero es admitir que no hay manera de sostener una estrategia exitosa si esta se limita a parámetros nacionales, porque el problema es internacional. Existen las condiciones para que López Obrador forje una alianza con el presidente de los Estados Unidos Donald Trump que unifique esfuerzos en dirección a la derrota de un cáncer que está demoliendo a los dos países.

Y tienen que hablar de lo que hasta el momento, ni Trump, ni López Obrador han querido hablar: el imperativo de la implementación de una estrategia conjunta para erradicar el noventa por ciento de los cultivos de marihuana y amapola, usando tecnologías modernas de detección remota para monitorear cultivos y así detectar los sembradíos. Se conoce la firma espectral de radiación particular del cultivo de la marihuana. Con este conocimiento se pueden encontrar todos los campos de cannabis desde el aire.  Un instrumento de escaneo montado bajo el ala de un avión, podría cubrir 31 mil kilómetros cuadrados por día en México. En solo quince días se podría hacer un registro del país entero y así combatir el frente de la producción.

Con tecnologías modernas, se pueden interceptar, incautar y destruir, hasta el 75 por ciento de las drogas que sobrevivan a la erradicación. La tecnología de imágenes por resonancia magnética aplican un sistema de detección que excita los núcleos atómicos en el material escaneado y le permite “leer” la firma espectral y así localizar la presencia de narcóticos ilegales. Instrumentos disponibles que no se están utilizando, cuando con ellos se puede producir un salto gigantesco en la cantidad de drogas incautadas.

 Estas dos accione lograrían que solo el tres por ciento de la cantidad total de droga que se cultiva, llegue al mercado de consumo. Si a lo anterior se agrega la implementación de una ley regulatoria que separe a la banca comercial de la banca de inversión especulativa, se facilitaría la detección de los enormes flujos de dinero que hoy ingresan impunemente al sistema financiero. Serían los estados nacionales de México y los Estados Unidos, eliminando el viejo flagelo del colonialismo: el narcotráfico.

 

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