Más allá



“Ni el peso de un millón de palabras puede igualar al de un solo hecho. Son los hechos los que dibujan con precisión el perfil de las personas y de los gobiernos… ¿Las palabras y las mañaneras? Esas se las lleva el viento”

Llegó y ya está a punto de irse. Hablo del primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Un año que en muchos y diversos sentidos nos trae reminiscencias de aquellos sombríos idus de Marzo en los que tan mal le fuera al tirano Julio César.

Agoniza el primer año de gobierno de López y sus sui-géneris dislates autoritarios, y en tanto terminan de alinearse los astros y de acomodarse las cosas, y la gente empieza a abrir los ojos del entendimiento, hay que ver hacia delante, esperando que lo que viene sea menos malo de lo que los pronósticos auguran. Como sea, lo acostumbrado es hacer promesas y bordar propósitos, e inventar planes y proyectos, y en el trazo de nuevas metas –o en el reciclaje de los viejos objetivos que no se han podido cumplir, ni se cumplirán– se encuentra implícita la realidad de cada uno de nosotros, en nuestras vidas y particulares circunstancias. Somos lo que hacemos, no lo que decimos.

Más allá de las palabras, están los hechos. Los hechos son lo más contundente que existe, y pueden demoler con total facilidad cualquier dicho. Más allá de los hombres, están sus acciones. Las acciones borran de un plumazo las promesas, los compromisos y las frases zalameras. Más allá de los políticos está la gente, está el pueblo que escucha, observa y juzga… no siempre, pero a veces. Más allá de las justificaciones y pretextos, está el raciocinio y el análisis crítico. Más allá de los errores y excesos que se cometen al gobernar, no queda nada, sólo la oscuridad, el resentimiento popular, y un anhelo apenas reprimido de retribución.

Por más que se diga lo contrario, estos no son buenos tiempos para México y los mexicanos, como tampoco lo son para Hermosillo y los hermosillenses. No pueden serlo cuando al cerrarse un primer año y casi por abrirse el segundo, y ante el inminente advenimiento de una nueva temporada decembrina, y lo que debieran ser días de reflexión, buenos sentimientos y de recordar las viejas tradiciones, en el ánimo general de la gente se va creando un sentimiento de rebeldía ante el panorama sombrío que se augura para el año que muy pronto despuntará; y se despierta en muchos, si bien no en todos, la férrea voluntad de resistir, de desobedecer, de desacatar, que desciende sobre el desánimo de los ciudadanos y se deposita como una capa de ceniza negra y con olor a pueblo violado y agredido.

Dice un viejo dicho que un mal viento no le hace bien a nadie, y mexicanos y hermosillenses ya nos adentramos en un segundo año de malos vientos, vientos malos en verdad, mucho peores que los que hayan soplado en cualquier otra época del pasado. No es una buena forma de vivir, teniendo que estar volteando constantemente por encima del hombro para ver qué nueva trastada nos están haciendo los que nos (des)gobiernan, de qué nueva manera nos están agrediendo, y qué nueva lucha tendremos que emprender. Si a algún lector le agrada vivir así, es sin duda porque definitivamente es hijo de la mala vida.

De cara a los tiempos que se avecinan y con base en los antecedentes recientes ¿cuál diría usted que es el principal problema que enfrentan México y los mexicanos, Hermosillo y los hermosillenses? ¿La inseguridad? ¿La falta de empleos estables y bien remunerados? ¿La deficiente calidad en la educación? ¿La bancarrota financiera del país, de este municipio y todos los demás? ¿Los baches y las fugas y el derrumbe de la infraestructura urbana? ¿La alteración del orden y la fractura social provocada por los odios y los rencores promovidos desdeel primer día que llegó la nefasta 4T? ¿La carestía de la vida y el incesante incremento de precios de bienes y servicios? ¿El deterioro creciente en la calidad de vida? ¿Cuál de ellos, o todos ellos en su conjunto?

Si se encuentra usted en duda y no atina a determinar cuál es nuestro problema principal, yo se lo diré: Es la clase y el tipo de gobiernos que tenemos… el gobierno de López Obrador y de Célida López y los demás, y la cantidad de conflictos y dolores de cabeza que han venido generando desde el mismísimo primer día que asumieron el poder.

Y me parece estar escuchando las voces de los crédulos, de los que a pesar de las evidencias prefieren seguir creyendo en los cuentos de hadas o, peor aún, los que por interés o conveniencia prefieren ocultar la realidad bajo una espesa capa de disimulo y complicidad… ¡Ah que Chapo –seguramente dicen esas voces- de plano no tiene remedio, siempre viendo las cosas en forma negativa, siempre haciéndole al rebelde irredento…!

Es posible que, visto desde determinado ángulo, tengan algo de razón. Reconozco que no tengo remedio, y que sigo siendo un rebelde esférico, que no tiene lado y que ve las cosas que pasan y las nombra tal cual son, sin buscarles interpretaciones benevolentes, sin aceptar que lo que ha venido sucediendo en nuestro país y nuestra ciudad es aceptable, y dando por buenas las patrañas oficiales, mil veces repetidas, de que vamos bien… de que somos un país y un pueblo feliz… feliz… feliz…sin siquiera discutirlo, y sin mediar el menor juicio crítico.

Fuera del oropel que enceguece a los favoritos, a los allegados, a los cómplices, a los empresarios coludidos  y a la pléyade de voraces funcionarios que saquean un día sí y otro también las exhaustas arcas públicas, la realidad poco a poco se impone, y empieza a caerle el veinte al pueblo mexicano, dentro del cual nos encuentramos los hermosillenses, incluso aquellos que hasta hace poco comulgaban con el estilo de “gobernar” de Andrés, Célida y sus compinches.

Ya no hay para dónde hacerse y es imposible seguir tapando el sol con un dedo, ni seguir enviando a través de los medios comprados las historias fantásticas de bienestar y progreso que elaboran en los hornos populistas de “Bienestar”, el programa clientelar #1 creado por este gobierno populachero para emprender la más grande operación de encubrimiento y desinformación que se haya visto en este país, en cualquier época de la historia.

Más allá de los mensajes difundidos a través de las redes sociales, más allá de los engañosos spots de radio y televisión, más allá de la parafernalia bullanguera de las infumables mañaneras, y de las alabanzas de las brigadas de mediocres que infestan las nuevas estructuras de gobierno, está un pueblo que despierta lentamente del sueño fantasioso en que lo sumergieron los artistas de un engaño ejercido a un costo brutal y ofensivo que más pronto que tarde quedará al descubierto. Es imposible pretender seguir engañando por tiempo indefinido al pueblo de México con funciones de circo beisbolero y exposiciones panfletarias en las plazas públicas, cuando el hambre y las carencias rondan los hogares de las familias mexicanas.

Apenas principiando el largo camino, se le empieza a acabar la cuerda al reloj del gobierno obradorista. Muy pronto se ha agotado el catálogo de mentiras, el efecto de programas bofos y embusteros cuyo fin único es propiciar la compra de voluntades para convertirlas en votos en el momento oportuno, y que están llevando a la bancarrota a este desvalijado país. Mañana o pasado saldrán con algún nuevo programa, tan inútil e inservible como el del fraudulento “Jóvenes Creando Futuro”, y la nueva “transformación educativa” con que sustituyeron la difunta reforma de Peña Nieto.

Para aquel que participa con tibieza, o para el observador casual de un hecho o serie de hechos, resulta difícil discernir la causa del efecto, y aún resulta más complicado cuando se es juez y parte. En estas condiciones la visión que se tiene sobre un hecho o hechos es necesariamente fragmentaria, y es gracias a la revisión cuidadosa de la historia -pasada o reciente- que es posible saber más acerca de los que son o fueron protagonistas activos o pasivos, en estos tiempos de constante y machacón descargo de culpabilidades y responsabilidades sobre los que estuvieron antes. Es imperativo entonces mantener la atención concentrada en los hechos, impidiendo que los dichos impongan un velo de opacidad sobre la realidad, tal cual es.

En estas condiciones, y a la luz de las realidades escuetas y duras ¿cuántos sonorenses que votaron libremente por López y el ecléctico y disfuncional collage que integró morena para las elecciones del 2018mantienen la convicción de que hicieron lo correcto, y de que eligieron las mejores opciones? ¿Cuántos sonorenses reniegan ahora de la decisión que tomaron hace poco más de un año, a la luz de los sucesos que se han derivado de la llegada de esto que aviesa y tramposamente se ha denominado “la cuarta transformación”?

Ha sido un primer año complicado y desalentador, y los tiempos que vienen lo serán aún más. Los choques y conflictos, los enfrentamientos y confrontaciones que se dan entre chairos empedernidos y fifísconservadores son el pan de cada día, mientras que en los pueblos, los valles y los montes las matanzas y baños de sangre se suceden uno tras otro, en una cadena imparable e ininterrumpida de violencia y dolor.

Al recorrer el camino en los últimos dos meses que restan de este primer año, y de cara a los tiempos que vienen, debemos tener siempre a la vista que son los hechos los que definen y determinan, y no las palabras pronunciadas con la lengua de doble filo que utliza el mercachifle que reside en Palacio Nacional, ante un auditorio de corifeos “a modo” que algunos neciamente insisten en considerar “periodismo”.

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