¿Sabe AMLO quién fue Roosevelt?


Por Alberto Vizcarra Ozuna

Una de las mejores imágenes usadas para representar las condiciones en que Franklin D. Roosevelt recibió la presidencia de los Estados Unidos -en medio de la gran depresión- es la que describe que solo encontró un lápiz y unas hojas en blanco sobre el escritorio de la oficina presidencial. Metáfora para referir las condiciones de insolvencia y devastación en que estaba la economía norteamericana. Más del 25 por ciento de la población económicamente activa en el desempleo y amplios sectores de la misma en el hambre.

Roosevelt asume la presidencia en marzo de 1933. Tan solo en el primer año de gobierno hizo posible la creación de más de cuatro millones de empleos, la mayoría de ellos ubicados en la obra civil. El presidente norteamericano no se quedó a la espera de que los mercados financieros se corrigieran por si mismos y que las bondadosas leyes del libre mercado optaran por la atención a la recuperación de la economía física y el bienestar general.

En los primeros tres meses de su administración puso en marcha un conjunto de vigorosas reformas soportadas en las facultades constitucionales de la presidencia, que tuvieron como eje la intervención sobre el sistema bancario, al momento completamente sujeto a las actividades especulativas y poseedor de enormes deudas físicamente impagables. Con la Ley Glass Steagall se instrumentó una disección que le permitió al estado separar todos aquellos valores financieros que, no estando comprometidos con la producción física y el bienestar de la población, sí parasitaban sobre estos, exigiendo rentas que las hacían incompatibles con el crecimiento y el desarrollo económico.

El gobierno de Roosevelt puso a salvo y rescató a la banca de ahorro y crédito, y no comprometió los ingresos públicos para hacerlos responsables de pagar ganancias especulativas asociadas a la banca financiera. Esto le mereció el ataque del conservadurismo liberal, quien juzgó las medidas como agresiones a la libertad y a la propiedad, pero fueron exactamente las mismas acciones que le pusieron un freno a la especulación, estabilizaron el sistema bancario, habilitaron capacidades nacionales de crédito, recuperación de cientos de miles de empresas, robustecimiento del gasto público y la puesta en marcha del más espectacular programa infraestructural de gestión de agua, energía y fortalecimiento de la agricultura.

Aunque la gran depresión tuvo su origen en Estados Unidos y se propició por un desenfreno especulativo del sector financiero que terminó

socavando a la economía real, su impacto fue mundial. Muy pocos países en el mundo escaparon a sus efectos recesivos, como también resultaron beneficiados posteriormente con las medidas regulatorias adoptadas por Roosevelt. Acaso por eso la figura del presidente que sacó a la nación más poderosa de occidente de la gran depresión, ha crecido como referente mundial ante la actual crisis financiera cuyos elementos causales no son muy diferentes a los que propiciaron la depresión de los 1930.

El presidente Roosevelt, estaba plenamente convencido de que la recuperación económica no ocurriría bajo los axiomas y postulados que habían conducido a Norteamérica a la gran depresión. Sabía que no puede haber coexistencia duradera entre intereses especulativos y productivos. Tuvo el valor, la osadía, la fuerza moral e intelectual para educar a la población en el entendimiento de que el dinero y los procesos monetarios son elementos subjetivos diseñados para prestarle un servicio a la producción, al trabajo, a la infraestructura, a la ciencia y a la tecnología, no para convertirse en instrumentos de poder de minorías con visiones dominantes y oligárquicas.

No son pocos los gobernantes del mundo que actualmente evocan a Roosevelt, pero quizá sea el presidente mexicano el que con más frecuencia se refiere a él. ¿Sabrá Andrés Manuel López Obrador que el programa de recuperación económica del presidente norteamericano solo se pudo realizar porque metió en cintura a los mercados financieros que habían propiciado el derrumbe económico de los Estados Unidos?

Todo parece indicar que para el presidente López Obrador, el problema principal no es el que identificó y resolvió Roosevelt, sino que el problema de primer orden en México es la corrupción administrativa de los políticos. Hace suponer con ello que su tarea se reduce a acabar con la corrupción y que finalmente la eventual recuperación de la economía queda en manos de los mercados financieros reduciendo la tarea del estado a la simple condición de administrador del presupuesto.¿No es acaso esto último una tesis neoliberal?

Ciudad Obregón, Sonora 19 de agosto de 2020

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