Entre la risa y el llanto


A lo largo de la historia política moderna de nuestro país, los años que anteceden a las elecciones resultan ser, a la postre, tremendamente importantes, y en infinidad de casos determinantes. De entre la infinidad de razones y motivos, destaca una en particular: es el período de tiempo en que se hacen patentes las circunstancias que posteriormente definirán el sentido del voto que se emitirá el año siguiente a favor de los candidatos a ocupar los puestos de elección.

Es el momento en que el ciudadano debe evaluar en lo profundo de su mente los factores en que se basarán las decisiones que va a tomar, y que determinarán en quiénes depositará su confianza para que dirijan, cada tres años, los destinos de la ciudad en que radica, y cada seis la entidad donde vive y, en forma simultánea o desfasada, la suerte del país.

2020 será el año previo a la jornada electoral que tendrá lugar en julio de 2021. Por consiguiente, y de acuerdo a las consideraciones del párrafo inicial, el próximo año será crucial, definitorio, definitivo y determinante en los resultados que arrojen los proximos comicios, en que nos estaremos jugando el todo por el todo de cara al futuro que nos espera, en el lugar donde vivimos y en la entidad donde se localiza nuestro lugar de residencia. Nuevos alcaldes, o en su caso los mismos, si decidimos darles la oportunidad de que se reelijan los que han estado; y un nuevo gobernador, en las trece entidades que tendrán elecciones gubarnamentales, entre las cuales se encuentra la nuestra: Sonora.

En el caso de los legisladores locales y federales que pretendanreelegirse (y que presumiblemente serán muchos) deberemos revisar el trabajo que han realizado, las iniciativas que hayan presentado y las gestiones que hayan realizado. Ninguna otra cosa nos importa a los ciudadanos, fuera de esos aspectos que menciono. Lo mismo sucede con los alcaldes que busquen reelegirse, o los nuevos aspirantes a ocupar los cargos que están resultando ser los más ingratos de todos, en vista de las circunstancias actuales que todos conocemos, aún los menos informados. El trabajo previo habla, y también las fallas y los fracasos nos dicen todo lo que necesitamos saber, para la toma de nuestras decisiones.

Para nadie es un secreto que en esta ocasión, como nunca antes, los ciudadanos votaremos por las personas, por lo que son y de acuerdo a sus antecedentes. Ya no habrá más tsunamis generados por los hartazgos y las fobias, ni olas se simpatía producidas por los años de expresiones críticas pregonadas desde los templetes colocados en las plazas públicas. Después de un primer año de observancia del desarrollo de la 4T, y se valorar los resultados que ha producido, vendrá un segundo año en que la observación de los ciudadanos será más cercana y más severa. Y del juicio que el pueblo sabio y bueno emita, dependerá casi en su totalidad el resultado de las elecciones 2021.

Por eso no coincido con quienes consideran que MORENA será imparable en el próximo proceso electoral. Veo los resultados de su primer año en el gobierno del país y en infinidad de ciudades y poblados, y someto a juicio crítico sus políticas populistas y populacheras, y sobre todo las proyecciones y predicciones que realizan los expertos en políticas financieras y económicas, y no encuentro realmente ninguna solidez en los argumentos de quienes creen que MORENA volverá a arrasar en 2021, como lo hizo en 2018 en forma realmente sorpresiva, incluso para los propios morenistas.

Por eso digo y repito que el segundo año de gobierno de López Obrador será determinante en los resultados que arrojen los comicios en 2021. Y no solo el trabajo de López y su geriátrico gabinete, sino también, y de manera por demás importante, el trabajo realizado por los alcaldes y las alcaldesas emanadas de un movimiento de “renovación nacional” que aún no logra convertirse en un verdadero partido, y que se mantiene como una colección de grupos y personas tan diferentes entre sí que no consiguen funcionar como una unidad política que pretende gobernar por mil años, igual como soñó hacerlo el III Reich de Adolf Hitler.

En los municipios está y estará la clave de las próximas elecciones. Por la simple y sencilla razón de que en los municipios es donde radica la gente que acudirá a las urnas a votar, y que lo hará o deberá hacerlo bajo el sentimiento, y sobre todo bajo el razonamiento de lo que haya recibido de la autoridad que le queda más cerca, o sea el gobierno municipal. Y usted, y yo, y todo aquel que tenga un dedo de frente, sabe cómo están las cosas en el municipio en que radica… para llorar, sin excepción. Y no olvidemos que en Sonora el 85% de los ciudadanos está siendo gobernado por alcaldes de MORENA o sus socios en la alianza “juntos haremos historia”.

Al gobierno que encabeza Andrés Manuel López parece valerle una pura y dos con sal esa realidad que, siendo inocultable, evidente e incomprensibemente les tiene absolutamente sin cuidado. Ellos tienen otros datos y tienen otros objetivos. Tan es así que en el presupuesto de egresos para 2020 prácticamente dejaron a pan y agua a la casi totalidad de las entidades y municipios del país, que quedan a la deriva financieramente hablando, y en calidad de viles muertos-de-hambre. E insisto: en esos municipios muertos de hambre y con anemia presupuestal vivimos y tratamos de sobrevivir todos los que votamos.

De esta manera, y siendo los municipios la parte más débil en la candena del poder en México, sin recursos para realizar la mínima e indispensable obra pública, ni para darle mantenimiento a la maltrecha infraestructura que existe, sin capacidad para generar recursos propios, sin conocimiento de lo que es adminstrar ciudades y poblados plagados de problemas, rezagos y crisis de todo tipo, el escenario electoral de 2021 luce bastante sombrío y poco promisorio para MORENA y los candidatos que lance a una lucha que sin duda será feroz, y en la que no se pedirá ni se otorgará cuartel… sangre, pellejos y huesos quedarán sembrados en el campo de batalla.

Al escenario local y regional que he descrito, hay que agregar el escenario macro internacionaly nacional, que nos plantea una situación de recesión que se vive y se palpa, y que de hecho se encuentra en sus etapas iniciales. Tan es así que Arturo Herrera, el apagafuegos designado por el presidente López para sustituir a Carlos Urzúa en la SHCP, declaró no hace mucho que debemos prepararnos para una “posible” recesión, cuando él mejor que nadie sabe que ya la tenemos encima, y que ese palo no nos lo quita ni la Santísima Trinidad.

El problema está en que muchos mexicanos, sobre todo aquellos que hoy tienen menos de 45 años, no saben ni entienden qué significa “recesión económica”. A continuación le ofrezco al lector una de las definiciones que encontré en el infalible Google: “Recesión es un decrecimiento de la actividad económica durante un periodo de tiempo. Oficialmente se considera que existe recesión cuando la tasa de variación anual del PIB es negativa durante dos trimestres consecutivos. Vulgarmente se conocía como periodo de «vacas flacas».La recesión económica es la fase del ciclo económico en la que la actividad económica se reduce, disminuyen el consumo y la inversión, y aumenta el desempleo”.

Yo le garantizo a usted que no es nada deseable, y mucho menos si se prolonga por un periodo considerable de tiempo. Pero el lío se vuelve aún peor cuando la recesión se transforma en “estanflación”(estancamiento con inflación), o sea una situación económica que se da en un país, y que se caracteriza por el estancamiento económico, a la vez que persiste el alza de los precios y los salarios. Lo cual traducido en términos médicos equivale a que a una persona le diagnostiquen cáncer en el páncreas, después de una obstrucción coronaria múltiple. No estoy diciendo que vaya a pasar, pero tampoco diría que no pueda suceder.

Pero dentro de los males que tenemos encima, no deja de haber cosas un tanto cuanto jocosas, como lo son las comparecencias matutinas del señor López, durante las cuales nos obsequia una serie de chistoretes y ocurrencias a cual más disparatadas, como para endulzarnos la píldora amarga que luego nos hará tragar con sus dislates, y las medidas erráticas y erróneas que toma durante el día. De esta manera nos mantiene distraídos, embobados y medio apendejados, quizá no a todos los mexicanos, pero sí a los suficientes.

Así pues, entre la risa y el llanto vamos caminando rumbo a un punto de destino que nadie alcanza a visualizar todavía. Estaría dispuesto a arriesgar los pocos bienes que me quedan de una vida dedicada al trabajo fecundo y creador, apostando a que ni el mismo mesías tropical que cambió su residencia familiar al Palacio Nacional, para vivir como el monarca que cree ser, y mucho menos alguno de sus inservibles corifeos, saben con certeza hacia dónde vamos con ese mamotreto que denominan “la 4T”… excepto tal vez hacia un abismo oscuro e insondable.

En Twitter soy @ChapoRomo

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